Donde el simbolismo comulga con la abstracción: yo solo creo en lo que no veo
Fijaos en La aparición (1876), esta pintura en la que Gustave Moreau revive asuntos bíblicos y mitológicos con un sentido completamente nuevo: no glorifica las hazañas de los antiguos con propósitos moralizantes, como David; ni excita nuestras pasiones, como Delacroix; tampoco trae el pasado al presente, como continuaba haciendo entonces la pintura de historia. Está
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