El rebobinador

Arquitectura modernista: la nueva tradición de lo contemporáneo

A finales del siglo XIX, hacia 1890, surgieron en Europa nuevas corrientes arquitectónicas que buscaban diseñar un estilo constructivo propio del nuevo siglo en una etapa en que la arquitectura parecía definirse solo por neos. Se estaba materializando una reacción contra los gastados valores tradicionales, también en lo estético.

Estos movimientos surgen en distintos países como respuestas diferentes a una misma búsqueda de la modernidad, como ensayos que en conjunto contribuyeron al cambio y a la consolidación de una nueva tradición.

A diferencia del movimiento moderno de la Escuela de Chicago, que cuida tanto la técnica como la forma; los modernistas no consideraron a aquellas su prioridad, aunque no las dejaran a un lado. Podemos considerar al Art Nouveau el primer programa internacional para la renovación de la arquitectura y también la primera etapa de la arquitectura moderna europea. Se difundió por el continente recibiendo distintas interpretaciones según los países; también distintos nombres (Art Nouveau en Francia, Modern Style en el Reino Unido, Estilo Joven en Alemania…), pero manteniendo una misma raíz y compartiendo principios.

Sus cultivadores reaccionaron contra los cánones de la Escuela de Bellas Artes francesa y su clasicismo y se inspiraron, en cambio, en los postulados de teóricos decimonónicos como Ruskin, Morris o Viollet le Duc, quien fomentó un nuevo estilo basado en la expresión directa de las posibilidades constructivas de los materiales contemporáneos, como el hierro. Morris fue, por su parte, precursor de la idea de que los objetos de uso diario debían y podían contar con una calidad estética y moral. En su opinión, los manufacturados no tenían la estética ni el valor artístico de los llevados a cabo por artesanos; pasad ahora por la Fundación March y decidid si tenía razón.

El Modernismo se inició en el ámbito del diseño y también nació como reacción a la industrialización. Una de sus pretensiones iniciales era liberar a la humanidad de las consecuencias antihumanistas de la tecnología. Para muchos de sus artistas, la máquina era obra del demonio y urgía restablecer la vida en la naturaleza y el trabajo artesanal. Mantuvieron las distancias con la técnica hasta que se dieron cuenta de que el progreso era irreversible.

En lo estrictamente arquitectónico, el Modernismo preparó el terreno para construcciones que conciliaran materiales modernos y función constructiva. Supuso la combinación de todas las artes y la configuración de la obra de arte total: se ocupa de continente, contenido, mobiliario, decoración y detalles de la construcción. La Bauhaus se guiaría por convencimientos similares.

La fase más creativa de la arquitectura modernista se desarrolló entre 1893 y 1905 (tenemos que recordar que los inicios de la corriente son anteriores, y que dio sus primeros pasos en las artes gráficas y decorativas. Según Pevsner, su primera manifestación fue la cubierta de un libro editado en Inglaterra en 1880 y dedicado a las iglesias de Wren).

En la consolidación del estilo resultó esencial la labor del grupo de pintores belga de Los 20 -los recordaréis por una muestra en la Fundación MAPFRE hace ya alguna década, cuando aún exponía en Nuevos Ministerios-. Podemos entender la arquitectura de Víctor Horta como el equivalente tridimensional a sus líneas bidimensionales.

Víctor Horta. Casa Tassel, 1892-1893
Víctor Horta. Casa Tassel, 1892-1893

VÍCTOR HORTA, LA MODERNIDAD VEGETAL
Horta, nacido en Gante en 1861, estudió arte en la Escuela Local de esa ciudad belga y después se trasladó a París y a Bruselas. Fue delineante en el estudio de un arquitecto neoclásico de poca importancia y diseñó en Gante varias viviendas sin mucho éxito antes de estudiar, meditar y teorizar a fondo sobre los movimientos de vanguardia. Y, tras la pausa de reflexión, llegó el genio en la década de 1890.

De 1892-1893 data su Casa Tassel en Bruselas, que le convirtió en arquitecto de renombre. Edificio entre medianeras, se construyó en un solar estrecho y cuenta con dos fachadas: la principal y la posterior. La primera, no especialmente llamativa, contiene amplias ventanas curvas que dan a la fachada un ritmo ondulante y claramente modernista.

Su interior sintetiza arquitectura y artes decorativas: el suelo está hecho de mosaicos y las paredes se ornamentan con elementos florales que forman curvas. La balaustrada y los capiteles también se decoran con curvas y contracurvas. Juegan un rol dominante las formas vegetales.

La preciosa escalera se caracteriza por su estructura de hierro vista compuesta por tubos metálicos cuyas curvas sinuosas representan los mismos motivos vegetales de la pared, el suelo o la barandilla. Así dota al hierro de expresividad, recordando los experimentos de Le Duc. En el uso de materiales modernos y la inspiración en formas naturales consigue la originalidad.

La Casa van Eetvelde (1897-1900) cuenta con un amplio vestíbulo y en ella abunda el hierro en las columnas y en muchas formas curvas. Las escaleras, también curvadas, se decoran igualmente con formas vegetales entrelazadas y juega Horta con las perspectivas: desde los mismos peldaños se ven ya varias estancias.

Pero este arquitecto no solo trabajó para clientes más o menos fastuosos, también tuvo, como Morris, preocupaciones sociales. Su obra maestra fue la Casa del pueblo de Bruselas (1896-1899), primero sede del Partido Socialista belga y luego Sindicato Socialista, pero no podemos disfrutar de ella porque fue derruída.

Su solar se encontraba en una plaza circular con dos calles radiales y Horta adoptó la fachada a ese espacio a la manera barroca, con tramos cóncavos y convexos. La fachada era sinuosa, pero sin la simetría característica del barroco. Tenía estructura de acero y destacaba por la amplitud de sus vanos, situados entre los pilares estructurales. Su estructura metálica autosustentante se reflejaba al exterior y el muro se reducía a hiladas de ladrillo y piedra gris que dialogaba con los edificios circundantes. Su apariencia no era muy distinta a la de estaciones, pabellones de Exposiciones Universales…

Por sus escritos, sabemos que Horta se preocupó por las condiciones laborales de los obreros durante su construcción y también que aquí quiso construir un palacio que debía ser casa cuyo lujo sería la luz y el aire, que siempre han faltado en los barrios de las clases trabajadoras.

Víctor Horta. Casa del Pueblo, 1899
Víctor Horta. Casa del Pueblo, 1899

VAN DE VELDE, LA ESTRUCTURA EXPRESIVA
Antes de interesarse por la arquitectura, Van de Velde, nacido en Amberes en 1863, lo hizo por la literatura, la escultura y la pintura, y le fascinaron los impresionistas. A fines del s. XIX se dedicó a las artes aplicadas y tomó influencia de Morris. De nuevo Morris como pope.

Después se lanzó a intentar crear obras de arte total y primero lo intentó con su propia casa, llamada Bloomenwerf, en 1895. Sus muros, al exterior, tenían forma poligonal y también se ocupó de diseñar su interior, desde el mobiliario a la tapicería pasando por los pomos de las puertas.

Van de Velde defendió la producción en masa por parte de la máquina, abriendo un control de calidad estricto, y distinguió entre ornamentación (añadida e innecesaria) y ornamento (medio para mostrar las fuerzas estructurales y la función de una forma). También se interesó por la expresión de las estructuras y dejó a la vista muchos elementos de las instalaciones, algo en aquella época novedoso.

Tuvo, como Horta, ideas socialistas y preocupación y esperanza por que la producción industrial fuera accesible a las grandes masas, pero trabajó para un reducido número de clientes privados.

Sí trasladó sus ideas, en 1914, al Teatro de Colonia, destruido. En su exterior se distinguía su original techo y en su interior dispuso una sala a modo de anfiteatro, con escenario tripartito.

Van de Velde. Casa Bloemenwerf, 1895
Van de Velde. Casa Bloemenwerf, 1895

GUIMARD, MODERNISMO EN EL METRO
Guimard no era belga sino parisino y fue fundamentalmente un artista decorativo, familiarizado con el racionalismo gótico de Viollet Le Duc y con el movimiento arts and crafts británico; también conoció las construcciones de Horta en Bruselas y de Mackintosh en Glasgow. De ellos tomó influencias, creando peculiares formas de expresión propias que dejó ver en el Hôtel Guimard o la entrada del Castell Berenguer.

Su obra más conocida son las bocas del metro de París, con formas inspiradas en la naturaleza en sus arcos. Las produjo en hierro y en serie mediante moldes.

MACKINTOSH, YUXTAPOSICIÓN DE FUNCIONES
Realizó su obra en Escocia y creó un estilo muy original, cumbre del Art Nouveau británico. Se le considera precursor de la arquitectura racionalista del s. XX.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Glasgow, en 1890 una beca de estudios le permitió viajar por Europa. Tras su periplo continental, se separó de las tradiciones académicas y logró un estilo independiente, muy distinto al de los modernistas anteriores, aunque con fuentes comunes: se preocupó por crear obras de arte totales en las que todos los elementos tuvieran la misma importancia. También se inspiró en las formas de la naturaleza.

Charles Rennie Mackintosh. Escuela de Arte de Glasgow, 1899-1909
Charles Rennie Mackintosh. Escuela de Arte de Glasgow, 1899-1909

Sus decoraciones modernistas las mostró por vez primera en el salón de té de Miss Kate Cranston (1897-1898). Trazó la vidriera, la puerta y la decoración interior atendiendo a formas vegetales pero sometiéndolas a un proceso de abstracción y subrayando su linealidad.

En paredes y vidrieras dispuso formas planas, alargadas, graciosas y estilizadas. Sus curvas, cuando las traza, evocan a Klimt. De hecho, el círculo vienés mostró mucho interés por Mackintosh y su estilo menos exuberante y más comedido.

También en 1897, recién entrado en la veintena, ganó Mackintosh un concurso para diseñar la Escuela de Arte de Glasgow. El solar en el que se levantó tenía una fuerte pendiente, a la que tuvo que adaptarse el edificio, con varias necesidades que cubrir: varios estudios, salas de conferencias, biblioteca…
Diseñó una yuxtaposición de ambientes de distintos tamaños y calidades de luz según la función de cada parte. La yuxtaposición de los interiores se hace patente al exterior y los grandes ventanales se marcan en la mampostería del muro.

Y sí, Gaudí también existe, pero merecía capítulo aparte.

 

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