Reynolds, Gainsborough y Romney, nacer o hacerse elegante
Seguramente uno de los capítulos más brillantes de la pintura inglesa del siglo XVIII –y fue en Gran Bretaña un tiempo afortunado, recordemos a Hogarth– fue el del retrato, que comenzó a tomar especial brío mediado el siglo bajo dos notas fundamentales: la elegancia y la distinción. En parte venían de serie, y en otra
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