La confesión de Luis Gordillo

El artista presenta en el CGAC su primera muestra gallega

Santiago de Compostela,
Luis Gordillo. Mondrian inspira, Mondrian expira, 1997. © Luis Gordillo, VEGAP, Santiago de Compostela, 2017
Luis Gordillo. Mondrian inspira, Mondrian expira, 1997. © Luis Gordillo, VEGAP, Santiago de Compostela, 2017

Dice Luis Gordillo que su apetito devorador es amplio, que todo puede ser “deglutido y asimilado” para formar parte de la última densificación de sus cuadros y que su obra es fruto de procesos “radicales y tensos” a veces difíciles de conciliar.

A rastrear precisamente la viveza de esos procesos y los estímulos de los que son fruto se dedica la antología “Confesión general” que el artista presenta ahora en el CGAC de Santiago de Compostela, una muestra comisariada por Juan Antonio Álvarez Reyes y Santiago Olmo con la que, además, se estrena en Galicia. El CGAC es la tercera fase de su itinerancia, tras su paso por el CAAC y el Koldo Mitxelena Kulturunea, y el ciclo acabará en otoño, cuando viaje a La Alhambra y al Centro José Guerrero granadinos.

El proyecto recorre sus principales series en diversos formatos: desde las de dibujos de germen informalista de finales de los cincuenta hasta las fotografías y pinturas en las que se ha servido de lonas como soporte y de las infografías como herramientas, pero se aleja de los planteamientos habituales de una retrospectiva clásica al presentar también piezas inéditas o apenas conocidas (estas últimas, en su mayoría dibujos) y otras que aún Gordillo no ha dado por finalizadas y que nos permiten acercarnos al clima de trabajo en su estudio.

“Confesión general” se inicia en la planta baja del museo y continúa en la primera, y cada una de sus secciones invita al espectador a conocer las características fundamentales de las distintas etapas en la carrera del pintor, que, a grandes rasgos, podemos identificar con las décadas transcurridas desde que diera en los cincuenta sus primeros pasos: en aquel momento desarrolló dibujos automáticos fácilmente vinculables al Informalismo; sus cabezas, peatones y automóviles de los sesenta remiten al Pop Art británico; en los setenta experimentó con el dibujo, la fotografía y la serialidad; los ochenta se hacen presentes en el CGAC a través de su serie de meandros, ligados a su visión del cuerpo como fragmento y con una importante presencia de lo orgánico; en los noventa trabajó con un enorme sentido escenográfico, fotografiando casi compulsivamente sus procesos de creación para dar cuenta de las infinitas posibilidades de la combinatoria, y los 2000 vinieron marcados por la experimentación con diversos formatos y técnicas, incluidos los medios digitales.

Su trabajo más reciente presente en esta exposición son sus cabezas de 2015, buen cierre por resumir, de algún modo, las sensaciones que puede generar en el espectador el conjunto de la obra de Gordillo: la de tratarse de una suma bien trabada de fragmentos reales y ficticios que estructuran una ciencia personal de las cosas y de lo que el artista llama anti-cosas, reivindicando la complejidad de todo lo dado y poniendo de manifiesto su necesidad de trascender cualquier definición establecida.

También la de apartarse de las gamas cromáticas más habituales de la pintura moderna, que, en su opinión, continúan ancladas en los hallazgos impresionistas de contraposición de tonos calientes y fríos, vibración luminística, etc. En ese camino, el empleo de procedimientos mecánicos desarrolló para él un rol fundamental: introducen ampliamente la aparición de la casualidad, el hallazgo de gamas, de acordes de colores más allá de lo lógicamente imaginable. Se trataba de crear una neutralidad colorística, de subvertir la atmósfera-color de la modernidad, de dar la vuelta al calcetín de la profundidad creando un espacio ¿laico?

Luis Gordillo. Pareja americana, 1974. © Luis Gordillo, VEGAP, Santiago de Compostela
Luis Gordillo. Pareja americana, 1974. © Luis Gordillo, VEGAP, Santiago de Compostela

En ese camino de subversión, y aunque Gordillo siempre se haya atenido a la pintura sin desviarse, el uso de la fotografía con distintos fines ha sido muy importante desde sus comienzos, y en esta muestra queda de relieve: Yo creo que lo fotográfico entra en mi obra por influencia del pop: cuando pinto una cara, en los sesenta, la copio de alguna revista. De todas formas, yo he coleccionado siempre, obsesivamente, fotos de prensa. En los setenta pienso que en parte empleo la foto para neutralizar la pintura: la pintura pintada. A partir de finales de los sesenta pintar estaba considerado como anticuado; quizás con la foto yo intentaba salvarme de la quema (…) Neutralizar la pintura a través de la foto ha sido un mecanismo constante en mi obra.

También cobran relevancia, en cada sección, sus dibujos: más instintivos que sus pinturas, fruto de procesos más relajados y al menos tan válidos como aquellas para dar cuenta de la evolución de la trayectoria de Gordillo y también de su coherencia evidente, de la continua retroalimentación de su trabajo. En conversación con Santiago Olmo, el sevillano la comparaba con una masa que se nutre de sí misma: mi obra está hecha desde dentro y es como una masa que yo cojo y transformo, es un proceso casi escultórico, una escultura dinámica: la estás manejando, la estiras, pero es siempre esa masa, una masa que quizá vaya creciendo con el tiempo, se enriquezca con el tiempo, aunque yo la veo muy autónoma, casi enfermizamente autónoma.

Vista de la muestra "Luis Gordillo. Confesión general" en el CGAC
Vista de la muestra “Luis Gordillo. Confesión general” en el CGAC

 

“Luis Gordillo. Confesión general”

CENTRO GALLEGO DE ARTE CONTEMPORÁNEO. CGAC

Rúa Valle Inclán, 2

Santiago de Compostela

Del 30 de junio al 17 de septiembre de 2017

 

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