Doce fotógrafos en el Museo del Prado

El arte contemporáneo entra en la pinacoteca, en la primera exposición del Bicentenario

Madrid,

Hoy se inaugura “Doce fotógrafos en el Museo del Prado”, la primera exposición del Bicentenario y la que será la principal aportación de su Fundación de Amigos dentro de las actividades programadas con motivo de esta fecha tan especial para la pinacoteca. Hace una semana, durante la presentación del programa de la efeméride, Miguel Falomir, director del museo, señalaba lo complicado que sería entender la evolución del arte sin un lugar como el Prado y el papel fundamental que este ha tenido en la formación de la mirada artística para tantos creadores. Lo ha vuelto a repetir durante la presentación de la muestra y ha reafirmado la idea de que el Prado siempre ha estado abierto al arte contemporáneo, al igual que ha insistido en la necesidad de que nuevos artistas reinterpreten sus fondos y sirvan de interlocutores entre la sociedad y el museo.

Alberto García-Alix. Sin título, 2018 © Fundación Amigos del Museo del Prado, Madrid, 2018.
Alberto García-Alix. Sin título, 2018 “Doce fotógrafos en el Museo del Prado”

La exposición, comisariada por Francisco Calvo Serraller, continúa la estela de aquellas que ya en 1991 y en 2007 introdujeron, también entonces de la mano de la Fundación Amigos del Museo del Prado, el arte contemporáneo en el museo. Primero fue “El Museo del Prado visto por 12 artistas contemporáneos” y después “Doce artistas en el Museo del Prado”, esta última con la voluntad de ir un paso más allá y dar visibilidad a las mujeres dentro de la creación artística. En esta ocasión, encontramos a doce reconocidos fotógrafos que han sido invitados a proyectar su mirada sobre el museo y devolvernos su propia visión de este templo del arte. Sobre el porqué de estos y no otros, Calvo Serraller asegura que plantearse este tipo de selección siempre es complicado y que lo que se ha buscado ha sido que fueran representativos desde el punto de vista histórico –todos son nacidos entre la década de los años cuarenta y la de los setenta, estando la mayoría de ellos ya en su plena madurez y los más jóvenes, por su parte, forman parte de una generación aún emergente, cuya presencia también era necesaria– y que hubiera variedad estética y de géneros. Son José Manuel Ballester, Bleda y Rosa, Javier Campano, Joan Fontcuberta, Alberto García-Alix, Pierre Gonnord, Chema Madoz, Cristina de Middel, Isabel Muñoz, Aitor Ortiz, Pilar Pequeño y Javier Vallhonrat.

Pierre Gonnord. Christopher, 2018. © Fundación Amigos del Museo del Prado, Madrid, 2018. Doce fotógrafos en el Museo del Prado
Pierre Gonnord. Christopher, 2018.

Para algunos ha sido más fácil que para otros, según ellos mismos han contado durante el encuentro con la prensa. Entre los primeros está Pierre Gonnord, que como retratista ha encontrado en el museo un flujo constante de personas con las que poder trabajar. Además del joven visitante, en actitud un tanto desafiante, que vemos a la izquierda, presenta también el retrato de una corneja disecada del Museo de Ciencias Naturales. Con ambos reflexiona sobre qué es lo que queda de una esencia viva al ser registrada fotográficamente o cuando pasa por el taxidermista.

En el caso de José Manuel Ballester, esta invitación fue como una continuación de la serie “Espacios ocultos” que había realizado en 2007, en la que eliminaba personajes de obras tan emblemáticas como La Anunciación de Fra Angelico. Esta vez ha vaciado las obras pero también el espacio, en concreto dos lugares con bastante carga simbólica: la sala de Las Meninas, en el corazón del edificio Villanueva, en alusión al pasado, y una del Salón de Reinos, proyectando esta vez su imagen hacia el futuro, en relación con la ampliación del museo.

Bleda y Rosa han elegido los retratos ecuestres de Carlos V, de Tiziano, y del cardenal-infante Fernando de Austria, de Rubens y han tomado dos imágenes en las que la arquitectura del museo también juega un papel importante. Han creado una imagen de corte palaciega y han hecho también un guiño a la historia, acorde a su propia producción, titulando las obras con los nombres de los lugares donde tuvieron lugar las victorias militares que se representan en ambos cuadros.

Aitor Ortiz se enfrentaba a un gran reto, ya que él suele trabajar sobre la descontextualización de los espacios, algo que a priori puede resultar complicado en un lugar con tanta carga histórica y artística como el Museo del Prado. Finalmente, encontró la inspiración en los espacios vacíos del museo –aparentemente sin interés– que descubrió durante el desmontaje de una exposición, en este caso la dedicada a la Hispanic Society.

Más centradas en el lugar están también las fotografías de Chema Madoz. Ingenioso y sutil, como siempre, construye una reflexión poética sobre el concepto de museo como contenedor de la obra de arte. En las dos imágenes presentadas utiliza marcos y si en una los convierte en rodapiés, haciéndolos parte del edificio, en otra los usa para dar forma a una escuadra y un cartabón, quizás en alusión al canon estético.

Aitor Ortiz. Exposición temporal 001, 2018. © Fundación Amigos del Museo del Prado, Madrid, 2018.
Aitor Ortiz. Exposición temporal 001, 2018.

Escapar de la historia es difícil en un entorno como el del Prado y, además, queda demostrado que no hay que hacerlo. García-Alix califica esta experiencia como “complicada y emocionante” y reconoce que para él ha sido todo un redescubrimiento de ciertos autores y pone en valor la modernidad que ha podido percibir en ellos. Para su trabajo, el artista ha elegido la doble exposición de partes de una misma obra, haciendo así una interpretación en la que pretende no traicionar el estilo ni la esencia del pintor.

Superposiciones vemos también el las obras de Cristina de Middel. En su caso están basadas en retratos de miembros de una misma familia, lo que le sirve para elaborar un discurso sobre la endogamia y la perpetuación del poder en el tiempo a través de los mismos linajes.

En el caso de Joan Fontcuberta lo complicado fue descartar entre todas las ideas que le surgieron cuando recibió la invitación para participar en el proyecto. Finalmente, en conexión con una de sus líneas de trabajo acerca del ciclo vital de las imágenes y el padecimiento de las mismas, optó por centrarse en el Grafoscopio que Jean Laurent realizó para el Prado entre 1882 y 1883. De él ha fotografiado dos fragmentos de las imágenes correspondientes a la Galería Central con la intención de retratar su epidermis y las cicatrices dejadas por el paso del tiempo y por los procesos de restauración. Para ello, emplea un sistema de microfotografía con el que podemos apreciar todas esas cualidades de la imagen y, como él dice, ir en busca de sus partículas más elementales.

También de detalle, pero dentro de otra línea de investigación, es el trabajo de Pilar Pequeño. Ella se inspira en los bodegones de Zurbarán y rinde homenaje a su Taza de agua y una rosa sobre bandeja de plata (1630), empleando en su caso una copa y un clavel. La artista se ocupa de muchos temas dentro del bodegón, sin dejar de prestar atención a los de tradición flamenca, como los de Van der Hamen. En todos destaca su interés por el agua, el cristal, las transparencias y los reflejos. Por su parte, Javier Campano presenta también dos bodegones. Los suyos son de pescado y caza a la manera antigua, que nos remiten a figuras como Sánchez Cotán o Bartolomé Montalvo, siendo a la vez una evocación íntima de los recuerdos de la cocina familiar de la infancia del fotógrafo.

Pilar Pequeño. Copa de agua y un clavel, 2018. © Fundación Amigos del Museo del Prado, Madrid, 2018.
Pilar Pequeño. Copa de agua y un clavel, 2018.

Y el agua es, precisamente, un medio en el que Isabel Muñoz se desenvuelve con maestría. Para el Prado ha continuado su serie de bailarines de butō, ingrávidos en el fondo del mar, inspirada por el agua en las obras de Patinir; por los colores y el dinamismo de las telas en las escenas de ascensiones y, muy especialmente, por el San Hermenegildo triunfante de Herrera el Mozo.

También Patinir ha sido una referencia para Javier Vallhonrat, quien reconoce además el gran impacto que las obras de Fra Angelico, van der Weyden, el Greco, Velázquez o Goya le causaron cuando visitó, de muy joven, el Museo del Prado y cómo después de aquello ya no volvió a percibir la realidad como antes de conocerlos. Vallhonrat ha tomado una serie de fotografías a ras de suelo, donde inserta fragmentos de paisajes, creando una nueva trama entre las obras.

Hasta el 13 de enero de 2019 podemos ver las 24 fotografías escogidas para la exposición en la Galería baja norte del Edificio de Villanueva. Seguro que para muchos servirán de inspiración y abrirán ventanas a nuevas perspectivas que permitan contemplar las obras del Prado desde otros puntos de vista.

 

(Existe una versión extendida de este vídeo, de 24 minutos de duración, en la que cada fotógrafo habla de su proyecto. Podéis acceder a ella a través de la web del Prado).

 

“Doce fotógrafos en el Museo del Prado”

MUSEO NACIONAL DEL PRADO

Paseo del Prado, s/n

Madrid

Del 21 de septiembre de 2018 al 13 de enero de 2019

 

 

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