Wild is the Wind: el encuentro de Steve MᶜQueen con Bowie y Nina Simone

El Premio Turner presenta en el Guggenheim Bilbao una obra específica para el museo

Bilbao,  09/10/2026

Hace casi setenta años, en 1957, Anna Magnani, Anthony Queen y Anthony Franciosa formaban un triángulo amoroso lleno de frustraciones al son de una composición ideada por Dimitri Tiomkin y Ned Washington para una película que llevó el mismo título que su trabajo: Wild is the Wind; en España, Viento salvaje. En el film le puso voz Johnny Mathis, pero después de esta melodía se han hecho un buen número de versiones, las más conocidas las de Nina Simone en los sesenta y David Bowie en los setenta.

Ahora Steve MᶜQueen, que ya en 2018 integró aquella música en su film Viudas, ha unido ambas, desprendiéndolas de instrumentación y eligiendo un intimista a capella en una sala oscura, para un proyecto específico que desde mañana podemos visitar en el Museo Guggenheim Bilbao y que ha sido comisariado por Lekha Hileman. Lleva por nombre 66–76–26, y aunque recoge lo que la pieza original tenía de elegía amorosa y melancólica, se trata ante todo de una obra nueva y personal que pretende enlazar las voces de Simone y Bowie con los espacios del edificio de Gehry y originar sensaciones inéditas para los espectadores, sepan o no de la trastienda de lo que escuchan.

Al margen de ese largometraje, Viudas, en el que incorporó los compases de Tiomkin y Washington en la banda sonora, Wild is the Wind ha sido una presencia habitual en la trayectoria del británico, que descubrió primero la versión de Bowie, en los noventa, después la de Simone, y fue quedando cada vez más envuelto y atraído por las capas de significado que podía apreciar en este tema con el paso del tiempo y por su densidad emocional. Difícilmente clasificable en ningún género, es difícil saber si nos encontramos ante una creación predominantemente romántica o nostálgica.

Vista de «Steve McQueen: 66-76-26». Museo Guggenheim Bilbao. © Steve McQueen, Bilbao 2026. Fotografía: Guggenheim Museum Bilbao Foundation

Tratando de llegar a su esencia, 66–76–26 reduce el original a su esqueleto, la voz humana: en este caso, la de la cantante de jazz brota de un lado de la sala y la del autor de Space Oddity la responde desde el lado contrario. Será mejor que no permanezcamos siempre quietos, porque si nos desplazamos seremos más conscientes de cómo entre las tonadas de ambos, separadas en su momento por una década, se establece un diálogo que desafía los relojes y se ensarta también en un entorno que dota a la composición resultante de matices nuevos.

Su título alude a los años de cada regreso al tema e invoca tanto el carácter perdurable de Wild is the Wind como la propensión de los grandes artistas a regresar a ella en épocas de convulsión: en el caso de Simone y Bowie, la lucha por los derechos civiles, Vietnam y el Watergate; en el de MᶜQueen, el contexto inestable en casi todos los puntos cardinales que todos conocemos.

Vista de «Steve McQueen: 66-76-26». Museo Guggenheim Bilbao. © Steve McQueen, Bilbao 2026. Fotografía: Guggenheim Museum Bilbao Foundation

Paulatinamente, este autor inglés viene haciendo cada vez más suyos el sonido, la luz y la percepción como materiales primeros y primarios de su labor: en las recientes Bass (Bajo, 2024), Atlas (2026) y Sin título (2025) ya investigaba cómo esos fenómenos, inmateriales, podían transformar nuestras experiencias tanto físicas como relativas a nuestra atención, y cómo su poder en ese campo podía ser mucho más patente que si fueran motores de narraciones al uso. En esa misma línea debemos entender esta propuesta del Guggenheim, en la que la iluminación tenue potencia que sea nuestro oído el que se concentre en el entorno, y no sólo en las voces; también, y muy especialmente, en los silencios, las respiraciones y el mismo paso del tiempo.

La ausencia de sonido activa un universo en 66–76–26, una idea que este artista inglés tomó de Miles Davis y su cuidado de los sutiles vacíos entre las notas, de la importancia de aquello que se omite, equivalente a la de lo que sí se expresa. En su trabajo en Bilbao, esas pausas gozan de la misma relevancia que los timbres marcadísimos de Nina y Bowie y forman parte del deseo-estrategia de lograr una depuración en la que nada accesorio tenga sentido. Tampoco la letra de Riomkin y Washington dejaba sitio a lo superfluo (Si me tocas, oigo el sonido de las mandolinas; Con tu beso mi vida comienza), y su vigencia hoy vendría a evidenciar, para MᶜQueen, que, independientemente de dificultades y coyunturas, todo se reduce a aquel sentimiento amoroso básico.

El Guggenheim acompañará esta muestra de un ciclo de cine dedicado a su producción cinematográfica que nos ayudará a ahondar en los nexos entre esa creación fílmica -no hay que olvidar que fue el artífice de 12 años de esclavitud, Shame o Blitz– y la plástica. En una y otra aborda la posibilidad de memoria y la capacidad del arte para alumbrar espacios de reflexión y encuentro.

Izquierda: Nina Simone actuando en Fillmore East, hacia 1970. Nueva York Album / TopFoto / Jason Laure. Derecha: David Bowie en concierto el 14 de mayo de 1978 en el Festhalle de Frankfurt. Alemania Album / Hans H. Kirmer/Deutsche Presse-Agentur/Newscom

Izquierda: David Bowie. Fotografía: 5 de mayo, 1975; Los Angeles, CA, EE.UU. Album / KPA-ZUMA. Derecha:. Nina Simone. Album

 

 

«Steve MᶜQueen: 66–76–26»

MUSEO GUGGENHEIM BILBAO

Avenida Abandoibarra, 2

Bilbao

Del 9 de octubre de 2026 al 21 de febrero de 2027