El año que viene se cumplirán treinta desde la muerte de Roy Lichtenstein, quizá el artista pop que hizo mayor ahínco en las posibilidades de la incorporación del humor y de los recursos del cómic en la creación plástica a la hora de representar la nueva sociedad de consumo, la vida cotidiana y la cultura de masas. En sus imágenes, sólo aparentemente sencillas, destacaba la utilización de los colores primarios.
Nacido en Nueva York y formado, a finales de los años treinta, en la Art Students League y en la Ohio State University en Columbus, donde recibió las influencias de Hoyt Sherman en relación con su concepción del arte como un sistema donde la percepción no tiene nada de espontánea, en sus inicios se ganó la vida como profesor y escaparatista. Sus primeras pinturas abordaban asuntos típicamente americanos con un estilo influido por el cubismo y el expresionismo y no tuvieron demasiado éxito en la que fue su primera exposición individual, en Cleveland en 1951.
Ya entre 1957 y 1960 su producción se dejó llevar por ciertos rasgos de la corriente dominante en el arte estadounidense entonces: el expresionismo abstracto. Más tarde, y tras haber experimentado con lecturas personales del cubismo y el constructivismo, volvió a dirigir su atención hacia la realidad diaria, plasmada en aquel tiempo en las imágenes prefabricadas de la cultura popular. Emprendió un nuevo tipo de pintura —era el arranque del pop— inspirada en los temas y las inclinaciones de la sociedad que se perfilaba en su país superada la II Guerra Mundial, basándose en escenas tomadas de los tebeos que determinarían en adelante su trabajo. Su llamativa técnica imitaba los puntos benday, un proceso de impresión industrial utilizado en los cómics que, a partir de pequeños círculos coloreados, representaba las variaciones cromáticas de forma muy esquemática.
La primera exposición de su obra en 1962 en la galería de Leo Castelli fue recibida con cierto extrañamiento por un público que no estaba habituado a ver su mundo más próximo transformado en arte. En todo caso, a partir de los ochenta su pintura devino paulatinamente más compleja, y al final de su vida experimentó, asimismo, con la escultura.

Roy Lichtenstein. Sweet Dreams, Baby!, 1965. © Estate of Roy Lichtenstein / 2026, ProLitteris, Zurich

Roy Lichtenstein. Hopeless, 1963. © Estate of Roy Lichtenstein / 2026, ProLitteris, Zurich
La vertiente gráfica de su obra no es la más conocida, por eso Kunstmuseum Basel ha decidido ahora revisarla a través de cerca de medio centenar de piezas, muchas de ellas inéditas y, en parte, procedentes de su propio gabinete de grabados, generosamente donados en su momento por la fundación del autor; se trata de uno de los fondos de Lichtenstein más importantes fuera de Estados Unidos.
La muestra, titulada «Roy Lichtenstein. Sweet Dreams, Baby!», revela cómo el gusto por la experimentación y el virtuosismo técnico del neoyorquino estuvieron presentes en su carrera desde sus comienzos, cuando, con grandes dosis de ironía, trasladaba el lenguaje visual de los productos de consumo, los folletos publicitarios y los escaparates a las artes visuales. Lichtenstein adoptó especialmente la estética de las tiras cómicas: los detalles ampliados (primeros planos), los colores luminosos y los puntos de semitono (esos puntos benday) se convirtieron en su sello distintivo a largo plazo.
En un principio, la crítica americana se mostró algo consternada ante la irrupción del pop art, en el que encontraba una fuente de banalidad. Sin embargo, el gran público sí se vio finalmente atraído por un arte que parecía tenerlo en cuenta y, en este sentido, el grabado desempeñó un rol crucial debido a su reproductibilidad: las primeras obras de Lichtenstein con ecos del cómic fueron, precisamente, carteles e invitaciones para sus muestras en la sala de Castelli. Asequibles y con tiradas masivas, contribuyeron mucho al reconocimiento del artista.
El interés del americano por esta técnica se remonta a su época de estudiante: pueden verse en Basilea seis ejemplos de finales de la década de 1940 y principios de la de 1950 que ilustran cómo ya investigaba activamente con diferentes procedimientos de impresión entonces. Desde los últimos años sesenta, trabajó con prestigiosas imprentas, como Gemini Graphic Editions Limited en Los Ángeles, Tyler Graphics en Nueva York y Graphicstudio en la Universidad del Sur de Florida en Tampa; en estrecha colaboración con ellas produjo láminas y series de elevada calidad. Una de esas composiciones es Retrato (1989), resultado de un proceso de impresión de dieciocho pasos en el que la combinación de cuatro métodos distintos —litografía, grabado en madera, serigrafía e impresión con cera, desarrollados específicamente para este proyecto por Graphicstudio— produjo efectos superficiales tremendamente variados, desde áreas mate hasta patrones que recuerdan a pinceladas fluidas, incluyendo zonas brillantes e iridiscentes.
Durante casi medio siglo, Lichtenstein creó más de 350 serigrafías, aguafuertes, litografías, grabados en madera y linograbados. Para conmemorar el centenario de su nacimiento en 2023, la Fundación Roy Lichtenstein donó un centenar a la Albertina de Viena, al British Museum de Londres y al propio Kunstmuseum Basel, generando así tres colecciones de referencia en Europa. En concreto, este último museo recibió treinta y tres trabajos que reflejan la amplitud de esta faceta suya, entre ellos platos de papel impresos (Paper Plates, 1969), una reinterpretación de El sembrador de Vincent van Gogh (The Sower, 1985) y el monumental papel pintado Wallpaper with Blue Floor Interior (1992).

Roy Lichtenstein. The Sower, 1985. © Estate of Roy Lichtenstein / 2026, ProLitteris, Zurich
Esta exhibición despliega esta donación ante el público por primera vez junto a otras composiciones gráficas del artista, la primera de las cuales pasó a formar parte de la colección del Departamento de Grabados y Dibujos del Kunstmuseum en la década de los sesenta, además de un préstamo de un fondo privado (Entablamento VI, 1976) y las pinturas Desesperanza (1963) y Espejo n.º 2 (1970), ambas en préstamo permanente.
La Fundación Roy Lichtenstein fue gestada en 1998 en Nueva York por Dorothy Lichtenstein (1939-2024), su viuda. Su objetivo es hacer accesible la obra del artista al mayor número de espectadores; para ello, ha desarrollado un catálogo razonado online que se actualiza continuamente.

Roy Lichtenstein. Wallpaper with Blue Floor Interior, 1992. © Estate of Roy Lichtenstein / 2026, ProLitteris, Zurich
«Roy Lichtenstein. Sweet Dreams, Baby!»
St. Alban-Graben, 8
Basilea
Del 22 de agosto de 2026 al 14 de marzo de 2027