Roma abre en otoño la primera gran muestra dedicada a Pontormo

Podrá verse en la Scuderie del Quirinale

Roma,  21/09/2026

Una de las llamadas salas rojas de los Nuevos Uffizi, la 61, está dedicada al toscano Jacopo Pontormo (1494-1557), artista más que importante del siglo XVI y alumno de Andrea del Sarto, que trabajó fundamentalmente en Florencia y que contribuyó de forma decisiva a asentar las bases del manierismo. Pontormo -en origen Jacopo Carucci- era amigo de Rosso Fiorentino, otro discípulo de Del Sarto, y sería maestro y casi un padre para Bronzino, como él una estrella entre los pintores de la primera mitad de ese siglo.

Por su personalidad introvertida y compleja se le tuvo como artista complicado, y tampoco con los pinceles temió los agravios: su producción era osada e innovadora y respondía a sus propios principios. Estudió Pontormo a los grandes, del citado Andrea del Sarto a Miguel Ángel y Leonardo, pero él reelaboró los cánones del siglo XV para articular un lenguaje original, de ahí que, en el pasado, su arte fuera considerado excesivo y extraño; como tal lo difundió Giorgio Vasari, a causa de su «anticlassicismo».

Sus obras -los Uffizi guardan una de sus colecciones más notables- se caracterizan por el empleo original de tonalidades brillantes y por el estudio pormenorizado de la figura humana, a partir de Buonarrotti pero también de Durero o y Lucas van Leyden, que tuvieron una influencia significativa en este autor nacido en la localidad que hoy le da nombre. Esa sala 61 atesora su gran lienzo de la Cena en Emaús, la representación del momento crucial de la revelación de Jesús a sus discípulos, que por su pericia compositiva y su paleta influiría en Caravaggio y Velázquez. También La Expulsión de Adán y Eva, que capta magistralmente el remordimiento y el sufrimiento de ambos tras su castigo; La Natividad de San Juan, realizada valiéndose de un espejo convexo, para deformar las figuras reales; y retratos de Cósimo el Viejo, Maria Salviati o san Antonio Abad.

Pontormo. Cena in Emmaus, 1525. Galleria degli Uffizi

No demasiado lejos de los Uffizi, en la iglesia de Santa Felicitas, nos espera un torbellino en espiral de cuerpos entrelazados y miradas lánguidas que simula cuestionar las leyes de la perspectiva. Nos referimos a La deposición de Cristo, una de las obras maestras del manierismo en la propia Florencia: Pontormo elimina el contexto espacial para dar preeminencia a la expresión de los sentimientos. Las líneas del conjunto son virtuosas -era un muy buen dibujante, como pudimos comprobar hace unos años en la Fundación Mapfre- y serpentean hacia todas las direcciones, dando lugar a arabescos y continuidades, sorpresas y zonas más claras. La suya es una escena espiritual, pero también nerviosa; parece anhelar la trascendencia, pero no teme al artificio.

Tradicionalmente se ha interpretado como un Descendimiento, pero solemos referirnos como Deposición a estas imágenes cuando no aparece la cruz: correspondería este momento al del entierro, más bien, aunque no veamos tumba ni losa. Al reunirse varias figuras en actitud de llanto también podría considerarse este conjunto como Lamento: el instante en que el cuerpo de Cristo es arrancado de su Madre para ser llevado al sepulcro, con movimientos tan poco armónicos como el del ángel que sostiene, en primer plano, las piernas de Jesús.

Como otros de sus contemporáneos, Pontormo tuvo una alta conciencia de la relevancia de su pintura y valoró la especulación teórica. Puede que fuera esa la causa de que, décadas más tarde (entre 1554 y 1556, un periodo prolífico para él), llevara a cabo un diario personal en el que concedía mucha importancia a sus prácticas, pero también a su vida cotidiana. Tanto que describía lo que comía, sus horarios y gastos compartiendo líneas con el avance de su labor en los frescos de la iglesia de San Lorenzo.

Esos diarios los entenderemos mejor si pensamos que el término manera, adoptado por Vasari para aludir a sus coetáneos que contaban con un estilo propio, no se refería únicamente a cualidades artísticas, sino también a maneras humanas; esto es, al dominio de sí mismo, la cultura y el refinamiento: la sprezzatura (esa precaria y difícil gracia sin afectación).

Pontormo. Ritratto di Alabardiere (Francesco Guardi?), hacia 1529 - 1530. The J. Paul Getty Museum, Los Ángeles

Pontormo. Ritratto di Alabardiere (Francesco Guardi?), hacia 1529 – 1530. The J. Paul Getty Museum, Los Ángeles

Pontormo. Resurrezione, 1523 - 1525. San Lorenzo al Galluzzo

Pontormo. Resurrezione, 1523 – 1525. San Lorenzo al Galluzzo

Era de esperar que los Uffizi colaboraran este otoño con la Scuderie del Quirinale de Roma en la que será la primera gran exposición dedicada -en Italia y en cualquier otro lugar- a Jacopo Pontormo. Podrá verse del 9 de octubre al 7 de febrero, será comisariada por Cristina Acidini, destacada experta en la Florencia del siglo XVI, y sabemos que reunirá sus pinturas fundamentales y una selección de obras sobre papel estructuradas cronológicamente, pero con episodios temáticos. Además de los Uffizi, prestarán piezas algunos de los principales museos europeos y estadounidenses y no faltará la obra señera que hemos tenido reciente ocasión de admirar en el Prado: La Visitación de la iglesia de San Michele Arcangelo en Carmignano.

Constituye, esta pintura, una interpretación absolutamente original de ese capítulo bíblico: vemos cuatro figuras femeninas, monumentales en sus dimensiones y alargadas, situadas en un espacio ambiguo, como solían ser los de este artista. La disposición de las figuras se ha relacionado con el grabado de Durero Cuatro mujeres desnudas (1497), mientras que el gesto del abrazo entre la Virgen e Isabel remite a la dextrarum iunctio, el símbolo de unión empleado en los relieves romanos y utilizado también por Rafael en su Visitación del Prado.

La presencia de las dos figuras del segundo plano y de los pequeños personajes que animan el fondo urbano —dos hombres que conversan, un burro asomado en una esquina y una mujer en una ventana— hacen de este entorno un decorado arquitectónico ligado a las representaciones de la città ideale, que esta vez funciona como un telón escenográfico que recalca la sensación de suspensión y movimiento: el dinamismo manierista. La paleta de esta tela, que nos ofrece matices inhabituales y capas translúcidas, es clave en la composición y la sensación de ingravidez que envuelve a las figuras tiene su contrapunto en el peso escultórico de los tejidos, cuyos pliegues parecen haberse tallado en piedra y dejan atisbar el contrapposto suave de los cuerpos.

La iluminación, entretanto, incide en un cierto carácter de relieve pictórico, que se ha interpretado como una referencia al debate renacentista del paragone, en el que es sabido que Pontormo se implicó activamente.

Apenas quedan dos semanas para la gran cita romana con uno de los pintores más amados por Pasolini y Bill Viola.

Pontormo. Visitazione, 1528 - 1532. San Michele Arcangelo di Carmignano

Pontormo. Visitazione, 1528 – 1532. San Michele Arcangelo di Carmignano

 

Pontormo

SCUDERIE DEL QUIRINALE

Via XXIV Maggio, 16

Roma

Del 9 de octubre de 2026 al 7 de febrero de  2027