Quedan menos de dos meses para que el Museo Picasso Málaga inaugure, el próximo 30 de octubre, la que será su gran muestra del otoño: «Munch-Picasso». Organizada junto al Munchmuseet Oslo y la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso (FABA), y comisariada por Paloma Alarcó, será la primera en plantear un diálogo entre las producciones de ambos, contemporáneos en la mayor parte de sus trayectorias -algo menos de dos décadas separan sus nacimientos-.
A partir de un centenar de composiciones, entre pinturas, dibujos y grabados, se analizarán las afinidades que pueden encontrarse en sus respectivas andaduras y cómo uno y otro contribuyeron a la transformación vanguardista del lenguaje artístico haciendo de sus particulares experiencias emocionales uno de sus principales motores creativos.
Sin buscar poner sobre la mesa una relación de influencia directa, difícil de establecer, esta exposición desplegará un recorrido por los temas e inquietudes compartidos que vertebraron la obra del noruego y el español: el amor y el deseo, la enfermedad, la vida y la muerte, la soledad o la angustia existencial en tiempos de turbulencia. La figura femenina desempeñó un rol esencial, asimismo, en el universo simbólico de los dos: admiradas y deseadas, también se revelan en sus trabajos como presencias complejas y ambiguas, en relación con las tensiones afectivas y psicológicas que determinaron el imaginario de estos artistas y sus mismas existencias.

Edvard Munch. Mujeres en el baño, 1917. Munchmuseet, Oslo © Munchmuseet / Fotografía: Ove Kvavik

Picasso. Tres mujeres jugando en la orilla del mar, 1932. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, Madrid © FABA Photo: Eric Baudouin © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2025
Otro de los espacios de encuentro entre Munch y Picasso se situará en la vida moderna y en sus escenarios de sociabilidad: los conocidos cafés, cabarets y ambientes bohemios que constituyeron, tanto para Munch como para Picasso, lugares de experimentación y observación desde los que consolidar una nueva visión del individuo contemporáneo, eminentemente urbano. Asimismo, en los apartados dedicados al cuerpo desnudo, el diálogo permitirá al público reevaluar el alcance de una creación radical que, en uno y otro caso, contribuyó claramente a redefinir, no sólo el género, sino el arte moderno y nuestra forma de comprender el mundo.
La comisaria, Paloma Alarcó, conservadora-jefe de pintura moderna en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza hasta el pasado mayo y miembro del comité de programación, del Consejo Ejecutivo y del Patronato del Museo Picasso Málaga, ha avanzado que la trama del discurso expositivo narrará un encuentro imaginario entre ambos artistas y explorará diálogos imposibles entre dos personalidades dispares que nunca se encontraron. Pertenecieron a generaciones y países distintos, tenían estrategias y sensibilidades artísticas divergentes y también formas opuestas de experimentar la pintura, pero compartían una similar obsesión por los misterios profundos de la vida, así como intereses comunes a lo largo de sus fecundas carreras.

Munch. El artista y su modelo, 1919–1921. Munchmuseet, Oslo © DeAgostini Picture Library/Scala, Florencia