Zahara Gómez Lucini

Nuestra primera fichada del curso 26-27 es Zahara Gómez Lucini, que ha participado en la última edición de PHotoESPAÑA por partida doble: formó parte de la colectiva «Tu casa es tu casa», que ZClub Galería de México presentó en la Fundación Nadine, y de su exhibición de fotolibros. Ella y una decena de autores mostraban una selección de imágenes de viviendas en las que confluían historia, memoria, formas de identidad y de conformación de lo íntimo.

Esta artista, nacida en nuestro país y crecida en Francia, es parte de una familia argentina y actualmente reside en México, y ese periplo vital ha tenido un reflejo en sus intereses como fotógrafa: atiende a las convulsiones sociales y políticas que se observan en unos y otros territorios y sus trabajos parten de procesos de investigación que le llevan a profundizar en archivos, a colaborar con organizaciones de defensa de los derechos humanos o a viajar a lugares que han sido escenarios de violencia o desapariciones.

Licenciada en Historia del Arte por la Sorbona, cuenta con una maestría en la especialidad de fotografía en esa misma universidad parisina y se formó también en la Escuela del Prado. Desde hace una década, ha mostrado su producción en el Auckland Festival of Photography Art and Contemporary Art australiano, el Kaunas Photo Festival de Lituania, la Bienal de la fotografía del Centro de la Imagen, la Universidad Iberoamericana de León y la UNAM mexicanas, el Centro Cultural Kirchner de Buenos Aires, en los Rencontres de Arlés, el Festival Images Singulières de Sète, en Ojo Rojo Fábrica Visual y la Fundación Casa B (Bogotá), Getxophoto, la Jinan International Photography Biennale de Pekín, los Encontros da Imagem de Braga, el Prehistomuseum y La cité miroir de Lieja, el Jakarta International Photography Festival, el Latin American Photo Festival del Bronx Documentary Center, la Plaza de Culturas y Artes de Los Ángeles, la Binghamton University de Nueva York, la Regis University de Denver o el Museo Casa de la Memoria de Medellín, en Colombia.

Zahara se suma a nuestros fichados porque queremos saber más de la convergencia en sus trabajos de la estética y el testimonio y de sus herramientas para suscitar nuetra atención hacia asuntos incómodos de quien, en un principio, eligió esquivarlos, desafiando a su miedo inicial o su rechazo de lo tenebroso; en su trabajo cabe el documento y también el color vital. También de su relación con quienes retrata, dada la sensibilidad de los asuntos que suele abordar.

Zahara Gómez. Recetario para la memoria. Fundación Casa B, Bogotá, 2025. Fotografía: Clarisa Moura

Zahara Gómez. Recetario para la memoria. Fundación Casa B, Bogotá, 2025. Fotografía: Fabio Cuttica

En un principio, Gómez Lucini llegó a la fotografía desde el periodismo, por influencia paterna y por su propia labor inicial, pero paulatinamente decidió despegarse de las urgencias de la información: Crecí con la figura de un padre periodista argentino y exiliado. Creo que eso hizo que desde pequeña fantaseara con ser fotógrafa, fotoperiodista en particular, cubriendo conflictos para la prensa. Creía que una fotografía, mostrando una parte de la realidad, podía cambiar el mundo por sí sola.

Finalmente trabajé poco tiempo en prensa. Nunca terminé de sentirme cómoda con la necesidad de conseguir «la imagen» o de cazar el instante decisivo. No tengo ese ímpetu. Me abruman rápido esos espacios; me siento mucho más a gusto trabajando en escalas pequeñas, donde hay tiempo para construir una relación y entender qué está pasando.

Con el tiempo me di cuenta de que esos contextos me parecían demasiado agresivos, tanto hacia las personas fotografiadas como hacia la propia práctica fotográfica. La urgencia por producir imágenes terminaba muchas veces imponiéndose sobre las relaciones que se construían con quienes estaban delante de la cámara.

Entonces entendí que no era la imagen aislada la que producía una transformación, sino los procesos que podían construirse alrededor de ella. Dejé de interesarme únicamente por hacer fotografías y empecé a preguntarme qué podía provocar una fotografía: una conversación, una cocina compartida, un archivo colectivo, una obra de teatro o un libro. Creo que muchas de las imágenes que me interesan sólo pueden aparecer cuando existe confianza. Y esa confianza necesita tiempo. Quizá por eso mis proyectos duran tantos años. No me interesa llegar, hacer una fotografía e irme.

Sigo trabajando desde la fotografía, pero hoy la entiendo de otra manera. Para mí ya no es el centro de la obra, sino una herramienta para abrir otras posibilidades de encuentro, de memoria o de imaginación.

La fotografía es como un martillo. Un martillo no tiene valor por sí mismo, sino por aquello que permite construir. Con la fotografía me pasa lo mismo. Lo importante no es la imagen en sí, sino lo que hace posible: una conversación, un libro, una cocina compartida, una exposición o una comunidad que se reúne alrededor de un proceso. El formato nunca es el punto de partida; aparece como consecuencia de la investigación.

Las suyas, sus investigaciones, tienen que ver con lo que y con quienes no están, en el contexto del trauma de las desapariciones en varios países latinoamericanos. Busca que no contemplemos sus imágenes desde la frialdad, sino acercándonos a las vivencias de quienes esperan o atraviesan duelos: Mi trabajo investiga las formas de representar la ausencia.

La desaparición forzada es el lugar desde el que surge esa investigación, pero las preguntas que me interesan son más amplias: ¿cómo representar aquello que no puede verse?, ¿cómo construir memoria sin volver a reproducir el dolor?, ¿qué puede hacer una imagen además de documentar una realidad?

Desde hace casi diez años desarrollo proyectos junto a familias y colectivos de personas buscadoras en distintos países de América Latina. Me interesa construir imágenes que no hablen únicamente de la violencia, sino también de las formas de resistencia, de organización y de cuidado que aparecen frente a ella.

Trabajo principalmente con fotografía y archivo, pero también con cualquier otro formato que el proyecto necesite. No me interesa representar una realidad para que el espectador la contemple desde fuera. Me interesa generar experiencias compartidas donde la memoria pueda construirse colectivamente y donde el arte pueda producir transformaciones concretas, aunque sean pequeñas.

La desaparición forzada es una realidad que hoy afecta a más de 135.000 personas en México, mientras las búsquedas siguen siendo sostenidas, en gran medida, por mujeres organizadas en colectivos. Pero esta historia no comienza en México ni termina allí. Atraviesa América Latina desde hace décadas. Me interesa investigar cómo cambian las formas del terror, pero también cómo cambian las formas de resistencia, de organización y de cuidado a lo largo del tiempo y entre distintos territorios.

Aunque la fotografía, como habéis ya intuido, es el centro de su trabajo, éste adquiere formatos diversos, no siempre los convencionalmente artísticos. Escoge unos u otros en función de las demandas de cada una de sus proyectos: La fotografía fue mi punto de partida y sigue ocupando un lugar central en mi práctica, pero ya no la entiendo como el resultado final.

Hoy trabajo también con vídeo, sonido, publicaciones, edición, cocina, teatro para infancias y metodologías colaborativas. No elijo un lenguaje antes de comenzar un proyecto; es el propio proceso el que va indicando cuáles son las herramientas necesarias.

Lo mismo sucede con los equipos. Aunque muchas veces los proyectos parten de una investigación personal, ninguno se construye de manera individual. Cada uno termina reuniendo a personas con saberes distintos: fotografía, edición, escritura, diseño, investigación, dramaturgia, producción o mediación. También se construyen junto a las familias y comunidades participantes. Creo que una parte de los proyectos consiste tanto en hacer imágenes como en reunir personas paras sostener procesos colectivos.

La fotografía funciona para mí cada vez mas como una puerta de entrada. Es la imagen inicial que permite abrir otras conversaciones y otras formas de encuentro. Con el tiempo he dejado de pensar en las obras como objetos y he empezado a pensar en ellas como dispositivos. Me interesa crear situaciones donde las personas puedan recordar juntas, cocinar, cantar, imaginar futuros o construir archivos compartidos. Si después de ese proceso aparece una exposición o un libro, estupendo. Pero la obra empieza mucho antes.

 

 

Sus referentes artísticos tienen en común, en general, su mirada comprometida hacia asuntos de interés colectivo, pero también hace Zahara una mención especial a quienes le han acompañado en sus procesos de indagación en desapariciones: Mis influencias van cambiando constantemente. Me interesan artistas que entienden el arte como una práctica capaz de intervenir en la realidad. Las Guerrilla Girls o Judy Chicago fueron importantes para comprender que el arte también puede cuestionar las estructuras de poder. Lizania Cruz, por cómo incorpora otras voces en su trabajo y su humor, una forma muy potente de reclamar justicia.

También me gusta Chantal Akerman, por la importancia que concede al tiempo y a los gestos cotidianos. Y, aunque pueda parecer lejano, la pintura, especialmente Filippo Lippi y Carlo Crivelli, por la composición de los cuadros y su carga simbólica. Llevo casi diez años acompañando procesos con familias buscadoras y muchas de las preguntas que hoy sostienen mi práctica nacen de esas conversaciones. Ellas han transformado profundamente mi manera de entender la fotografía y el arte.

 

 

 

Podemos entender que sus trabajos se relacionan unos con otros, al nacer, como nos explica, de una búsqueda común, pero la artista menciona seis de ellos: Todos mis proyectos dialogan entre sí, forman parte de una misma investigación y terminan construyéndose en equipo. Más que obras independientes, son capítulos de una misma pregunta: ¿cómo representar una ausencia?

«Tesoros» es el proyecto que reúne esa investigación. Surge de la necesidad de imaginar otras formas de representar la desaparición forzada sin reducirla únicamente a la violencia. Con el tiempo se ha ido desplegando en distintos capítulos que utilizan diferentes lenguajes para acercarse a la memoria, la ausencia y la construcción de futuros posibles.

«Recetario para la Memoria» reúne las recetas de los platos favoritos de personas desaparecidas. Es un proyecto colaborativo que busca desestigmatizarlos a ellos y a sus familias, reconocer el trabajo de las mujeres buscadoras y fortalecer el tejido social a través de la cocina, la fotografía y la edición colectiva. Actualmente cuenta con cinco libros realizados en distintos países y en él han participado más de doscientas familias de México, Colombia, El Salvador y Perú. El proyecto existe principalmente en tres formatos: publicaciones, exposiciones y sesiones colectivas de cocina, y ha sido expuesto en el espacio Fotolibros de PHotoESPAÑA 2026.

Desde el inicio fue importante pensar también en cómo circulaban los libros. Una parte de cada edición se entrega a las familias y colectivos participantes y otra se distribuye en librerías. Los ingresos por las ventas se reparten entre las participantes y el propio proyecto, para garantizar su continuidad. Me interesa que el libro no sea sólo un objeto artístico, sino una herramienta que siga generando vínculos, reconocimiento y recursos para quienes forman parte de él.

 

 

«Paisajes» recorre territorios donde se llevan a cabo búsquedas e identificaciones de restos humanos. Me interesa pensar el paisaje como un archivo donde la violencia deja huellas, aunque muchas veces permanezcan invisibles.

«Cancionero para no olvidar» es un archivo sonoro que reúne canciones significativas para personas desaparecidas y los testimonios de sus familias. Explora la música como una forma de memoria afectiva y de transmisión.

«Tesoros dispositivo teatral» es un dispositivo escénico dirigido a las infancias que propone hablar sobre la ausencia y la memoria desde el juego, la imaginación y el cuidado.

Zahara Gómez. Tesoros dispositivo teatral. Con Nirvana Paz

Zahara Gómez. Tesoros dispositivo teatral. Con Nirvana Paz

En esas líneas continuará Zahara trabajando y exponiendo: En este momento continúo desarrollando nuevas ediciones de «Recetario para la Memoria» y trabajo en «El Porvenir», un proyecto en el que me intereso en pensar la fotografía no sólo como un lugar desde el que recordar, sino también desde el que imaginar aquello que todavía no existe. En el 2027 habrá varias exposiciones, pero aún desconozco las fechas.

Podéis seguir sus pasos aquí: https://zaharagomez.com/