Paloma Navares al trasluz

La Fundación Kutxa repasa su trayectoria al completo

San Sebastián,

En sus inicios, en los setenta, Paloma Navares pintó, pero el grueso de su trayectoria, desde mediados de los ochenta hasta ahora, ha venido marcado por el mestizaje de técnicas: fue una de las pioneras de la hibridación de medios, del trabajo a un tiempo con cuerpo y tecnología. Ahora que cumple cuatro décadas de carrera, la Fundación Kutxa repasa en San Sebastián su producción multimedia en la muestra “Iluminaciones 1977/2017”, que hace hincapié, como ya el título indica, en su trabajo con la luz como elemento fundamental de sus instalaciones y del conjunto de sus piezas, y en el valor simbólico que concede a la iluminación y la penumbra, sus significados culturales y emocionales.

Integrando la fotografía y el vídeo en esculturas e instalaciones, y utilizando también materiales de raigambre industrial, marcó camino en su momento a generaciones posteriores a la hora de plantear, desde esa riqueza formal, reflexiones sobre lo efímero y lo frágil y también, especialmente desde los noventa, sobre el feminismo.

La exhibición de la Sala Kubo-Kutxa, comisariada por Rocío de la Villa, recoge objetos que por sus transparencias o por la luz evanescente que reciben parecen a punto de desmaterializarse y videoinstalaciones que se aproximan en su presentación a la escultura o la arquitectura.

Son habituales en estas obras los materiales translúcidos que aligeran tanto la propia estructura de las piezas como el entorno donde se exponen y hablan, a su vez, de luces y oscuridades íntimas y colectivas a un nivel emocional, también abundan las referencias a mujeres que la historia ha olvidado y a los cuerpos de otros excluidos en la sociedad.

La muestra se estructura en tres secciones, cada una de ellas organizada a su vez en dos núcleos temáticos. La primera propone un recorrido sintético y circular por su carrera y se ha planteado a modo de gabinete de maravillas. En ella veremos una sucesión de “microcosmos navares” que plantean los desarrollos formales y conceptuales a los que atiende el resto de la muestra: adaptaciones libres de objetos de uso frecuente por muchas mujeres y collages elaborados a base de fragmentos corporales. Se trata de piezas en pequeño formato que introducen crítica, humor y estética a las tradicionalmente consideradas acciones femeninas recurrentes.

En sus motivos predominan los ojos, que conducen a la artista a plantear distintas teorías sobre la visualidad: una amenaza de ceguera le hizo someterse a varias intervenciones quirúrgicas y a largos periodos de reposo, y de aquella experiencia surgieron un buen número de ideas sobre la memoria y el sueño (sobre lo que vemos con los ojos cerrados) y sobre las partes del cuerpo cuando no se entiende este como un todo.

Tras la videoinstalación Circuito cerrado, circuito infinito (1985), que la Fundación Kutxa recupera treinta años después de que se exhibiese en la muestra inaugural del Reina Sofía, en la exposición vemos instalaciones que abordan la descorporalización de la maternidad, como Luz del pasado (1996-1997) y Milena, de corazón y artificio (1998), de renovada actualidad últimamente tras las controversias generadas por la maternidad subrrogada.

También piezas que ponen de relieve los estereotipos aplicados a la representación artística de la mujer, como la estantería de fragmentos Almacén de silencios (1994-1995) y series dedicadas a la comunicación femenina cuando la palabra es negada, como Otros páramos, mundos de mujer (2004-2009). Son frecuentes en estos trabajos las flores, de algún modo lenguaje intercultural e imagen de la alegría, la fecundidad y las ofrendas. Navares opta por presentarlas incidiendo en la fragilidad de sus pétalos y formando cascadas, interviniéndolas, a veces escribiendo sobre ellas.

En la década pasada, comenzó a introducir en su producción nuevos materiales y formatos, como el vidrio o las pantallas suspendidas, también a desarrollar un fructífero interés por la vertiente plástica de la escritura y las grafías. Esas inquietudes, junto a una tendencia hacia lo literario o autobiográfico, explican sus fotografías dedicadas al mar, sus contraposiciones entre el agua y la sequedad, la tierra, o vídeos como Mar del plata y Els banyets, dedicados respectivamente a Alfonsina Storni y Virginia Woolf.

Otras veces pinta y escribe en los cantos, también para homenajear sensibilidades: Cantos rodados, a la memoria (2003) recuerda a poetas que se suicidaron. También de soledades y trasiegos mentales insanos hablan varias videoinstalaciones de atmósfera onírica o tenebrosa, como Sombras de un sueño profundo (1986), preludio al más luminoso vídeo que pone fin a la exposición, De Oberalm a Hallein, que nos presenta a la artista montando en bicicleta, en un entorno de libertad y dicha que ella entiende fundamental a la hora de crear.

Paloma Navares. Sombras del sueño profundo, 1986
Paloma Navares. Sombras del sueño profundo, 1986

 

“Paloma Navares. Iluminaciones 1977/2017″

SALA KUBO-KUTXA ARETOA

c/ Zurriola, 1

San Sebastián

Del 20 de octubre de 2017 al 4 de febrero de 2018

 

 

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