HUGO ALONSO: «Una cita a ciegas con nosotros mismos»

 

Hugo Alonso. ANN. Pintura sintética sobre aluminio, 2016
ANN. Pintura sintética sobre aluminio, 2016

«Y mirábamos y mirábamos y las fachadas eran sin lugar a dudas las fachadas de otro tiempo, y también las aceras en donde había coches estacionados que pertenecían a otro tiempo, un tiempo silencioso y sin embargo móvil (Lihn lo veía moverse), un tiempo atroz que pervivía sin ninguna razón, sólo por inercia». Roberto Bolaño, «Encuentro con Enrique Lihn», Putas asesinas (2001)

 

En el cuento «Encuentro con Enrique Lihn», Roberto Bolaño describe un sueño de 1999. En ese sueño, el escritor chileno se encuentra con el fantasma del poeta Enrique Lihn, fallecido en 1988, con el que mantuvo una breve relación de amistad por correspondencia entre 1981 y 1982. El reencuentro, no por ser póstumo y ficcional, deja de constituir una nueva vivencia, mental, que en cada lectura se construye como experiencia imaginaria para el lector.

Aun estando acostumbrados a convivir con el recuerdo, con los sueños y las evocaciones, ese territorio de penumbra incontrolable que habita en nuestra naturaleza, que mezcla ficción y realidad, nos sigue inquietando; de ahí que la literatura y el cine utilicen sus capacidades lingüísticas para acercarse a las sensaciones inefables que superan la razón y las costumbres.

Cómo se describe el encuentro inesperado con un antiguo amante, en un lugar en el que ambos estamos obligados a permanecer. Cómo se condensa la reunión de las manos y de los ojos. Cómo se soporta el saludo, hoy áspero y protocolario, con aquel que recorrió tus secretos y escuchó tu cuerpo. De las emociones mudas y de las percepciones invisibles habla el trabajo de Hugo Alonso. Su pretensión es crear dispositivos estéticos (visuales y sonoros) que nos ayuden a estimular la capacidad para sentir más allá de las convenciones de observación de la obra artística.

Hugo Alonso y Susana Blas Inauguración de "Pendulum"CEART  Fotografía de Irene Cruz
Con Hugo Alonso en la inauguración de “Pendulum”. Foto: Irene Cruz

«Si hay algo que me interesa de una forma constante es el modo en que hacemos nuestras las experiencias reales y las experiencias fílmicas. Es obvio que el mismo cuadro, sonido o película tiene un significado o despierta unas emociones distintas en cada espectador. Lo interesante es ver cómo una misma obra puede presentársenos total o parcialmente distinta pasado un tiempo. Me gusta pensar en el significado como algo que va experimentando cambios, como nosotros». Hugo Alonso

Como en otras ocasiones, en Pendulum el artista aborda la instalación de las obras en el espacio como una pieza única en la que las pinturas, los audiovisuales y los entornos sonoros proponen atmósferas que solo el visitante activa y completa cuando entra en el escenario. El espectador penetra en sus montajes como un actor que pisa un misterioso set cinematográfico sin haber recibido instrucciones ni guion. En la penumbra, tropezamos con muebles e intuimos objetos. Descubrimos tabiques falsos, escuchamos voces grabadas sin objetivo que se multiplican mientras recorremos el improvisado plató. Según nos vamos adentrando, descubriremos una realidad donde conviven deseos, ficciones, vivencias pasadas y tentativas de futuro. Descubriremos, quizá, que no hay nadie a quien esperar, que el juego que Hugo Alonso nos propone es una cita a ciegas con nosotros mismos.

 

Su pretensión es crear dispositivos estéticos (visuales y sonoros)

que nos ayuden a estimular la capacidad para sentir más allá de

las convenciones de observación de la obra artística.

 

FRAMES PICTÓRICOS Y ESCALA DE GRISES

Parecería que las pinturas de Hugo Alonso son frames detenidos en los que los instantes intermedios, los escenarios sin personajes y los «no lugares» toman la palabra sin renunciar a un acabado depurado. «Entiendo mis cuadros como acuarelas en las que el pincel es sustituido por el aerógrafo». Del mismo modo, la gama de grises ayuda a construir la incertidumbre, la neutralidad y el guiño al cine clásico. «Los grises mantienen las imágenes en un plano semántico y formal más aséptico y ambiguo. Cada espectador genera a su medida las “circunstancias” que envuelven a cada cuadro. […] En cuanto a los formatos, los cuadros pequeños tienen una conexión más enfocada a la vista, tienen un carácter más intimista, son recorridos por la mirada, mientras que los grandes, al igual que la pantalla del cine, se prestan a una experiencia corporal y son recorridos casi físicamente dada la escala 1:1 de algunos de ellos». Hugo Alonso

 

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Según nos vamos adentrando, descubriremos una realidad donde conviven deseos, ficciones, vivencias pasadas y tentativas de futuro. Descubriremos, quizá, que no hay nadie a quien esperar, que el juego que Hugo Alonso nos propone es una cita a ciegas con nosotros mismos.

 

EL HECHO FÍLMICO Y SU AMBIGUA APROXIMACIÓN A LA VIDA

Apuntaba Mary Lucier, teórica y artista pionera del videoarte, que la imagen videográfica nos habría permitido mirar directamente al sol vengando a Prometeo y a Ícaro. La imagen electrónica puede convivir con los objetos cotidianos e implicarse en nuestra cotidianidad sin oscurecer la sala. Frente al onirismo del cine clásico que se asemeja al sueño en sus trastornos espacio-temporales, el vídeo permite introducir el deseo y las turbulencias del pensamiento en la vigilia.

Desprendido de la complejidad de «la industria» y de la solemnidad de la proyección cinematográfica, por su naturaleza digital, el vídeo se transforma y proyecta infinitamente, como buen haz de luz, gracias a otro de sus rasgos: la maleabilidad.

De estas características lingüísticas del medio es muy consciente Hugo Alonso, que recogiendo los dispositivos que plantean desde los años setenta los videoartistas y los conceptuales hace convivir en sus instalaciones pintura, escultura, objetos y entornos sonoros. De hecho, el artista sitúa el punto de partida de Pendulum en la investigación del «hecho fílmico y en su ambigua aproximación a la vida y viceversa, vertebrados por la luz y su ausencia. […] Lo que me atrae de este tipo de trabajos que “revisan” fragmentos de la historia del cine es poder acceder a la solemnidad de los clásicos con la agilidad e inmediatez de lo digital. En mi caso, aunque no de forma exclusiva, el visionado, la apropiación y la postproducción o manipulación de aquello proveniente del contexto cinematográfico va unido al medio digital». Hugo Alonso

 

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Es el caso del sugerente juego de reflejos y de multiplicidades que concibe en la pieza audiovisual de la exposición. Abordando otra de sus obsesiones: la idea del doble y en concreto el encaramiento entre la imagen fílmica y la imagen real, selecciona el fragmento final del film clásico Lady from Shangai de Orson Wells para ser proyectado sobre una serie de paneles de aluminio plegados en 90º, de metro y medio de altura, que se dispondrán en el espacio. De este modo, el célebre tiroteo en la sala de los espejos, acompañado con un efecto sonoro especialmente trabajado por el artista, genera un efecto de duplicidad seriada y en bucle que se expande por toda la sala.

En este punto es interesante destacar el contraste que Hugo Alonso genera entre la disposición cómoda de los elementos plásticos, heredera de los comportamientos perfomáticos y conceptuales, con la formalización depurada de la que dota a las pinturas y al resto de los objetos, tanto en la factura como en la instalación. Ese aire distendido, que elige piezas austeras y expone los cables o los proyectores, no impide que cuelgue impecablemente las pinturas; añadiendo una nueva reflexión sobre el montaje expositivo y sobre la ocupación de la sala por parte del visitante. El público, inmerso en la incertidumbre y en la potencia sinestésica que logra la conjunción del sonido con los elementos escultóricos y pictóricos, rompe las dinámicas de la visita tradicional y se adentra en una intensa experiencia estética impredecible.

 

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“Hugo Alonso. Pendulum”
Centro de Arte Tomás y Valiente, Fuenlabrada
Hasta el 24 de julio de 2016
www.hugoalonso.info

 

 

 

 

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