El rebobinador

Louise Bourgeois en cinco claves

Louise Bourgeois. Pilar, 1949. Colección Moderna Museet
Louise Bourgeois. Pilar, 1949. Colección Moderna Museet

El pasado 10 de junio el Museo Picasso de Málaga abrió al público “He estado en el infierno y he vuelto”, la mayor retrospectiva de Louise Bourgeois hasta ahora en España. Si pensáis aprovechar vuestras vacaciones de verano para visitar esta muestra, os damos algunas claves para comprender mejor la obra de esta escultora francesa a partir de cinco grupos de trabajos.

Como ya sabéis, Bourgeois es una de las artistas que, en la segunda mitad del s XX, entendieron el cuerpo como algo más que aquello que se observa externamente: lo concibió como espejo y forma de las aspiraciones personales y como parte visible del deseo de perfección humana. Otros creadores que trabajaron en esa línea desde enfoques y medios muy distintos fueron Gina Pane, Günter Brus, Bruce Nauman o Cindy Sherman.

Además de reflejar esta concepción de lo corporal, la obra de Louise Bourgeois es fruto de un proceso de autoconstrucción que la artista eligió para construir y fortalecer su identidad. Sus esculturas parecen fragmentos dispersos de una mitología privada que intenta ajustar cuentas con la autobiografía de la artista, reconciliándose con su pasado o autorreparándolo.

La producción de la francesa atiende a niveles básicos de la experiencia humana, ofrece imágenes de intimidades profundas: el deseo de defensa y protección, la impotencia de la vulnerabilidad, el miedo a la agresión sexual, el dolor o la soledad. Muestran un incisivo sentimiento de derrota, el temor a ser herida y rechazada.

Bourgeois trabaja con la imagen del cuerpo de la mujer como vehículo para expresar ideas y conectar con el mundo exterior, así como alcanzar las cotas más profundas de su propia psique. Su acercamiento al cuerpo femenino ha sido muy diverso: lo ha concebido como un arma, lo ha relacionado con la naturaleza o con el mundo animal, y ha entendido el mapa humano en el terreno de lo inconsciente.

POSTES, MUJERES Y GUARIDAS

Entre sus obras vamos a destacar tres grandes grupos (arañas al margen, porque de ellas podéis encontrar mucha información):

El primero corresponde a los POSTES, maderas pintadas de negro, blanco y rojo, como referentes físicos de la presencia humana. Aluden a la inseguridad a través de su altura, que desafía la gravedad y los convierte en inseguros, y a través de su propio material: madera blanda que cede fácilmente. Por sus formas elementales y su rígida inmvilidad, evocan los tótem primitivos.

Louise Bourgeois. Femme-Maison, 1947. Colección Moderna Museet
Louise Bourgeois. Femme-Maison, 1947. Colección Moderna Museet

A finales de los años cuarenta, Louise Bourgeois inició su serie de pinturas FEMME-MAISON: dibujos de mujer con una casa en lugar de cabeza que remiten, por su configuración en partes diferenciadas, a los cadáveres exquisitos surrealistas, pero que destacan por sus contundentes implicaciones psicológicas y simbólicas. A veces la casa empieza en la cintura, otras en el cuello, pero a la mujer nunca se le ve la cara, pues su individualidad ha sido reemplazada por el hogar.

Por último hay que señalar la imagen de la GUARIDA: formas colgantes de yeso y látex cuya forma recuerda la de los nidos de las aves. Aluden a la idea de la casa como cuerpo, como lugar de refugio y de encierro, de aislamiento y protección. Presentan formas cálidas a veces llenas de hendiduras que comunican lo interior y lo exterior, subrayando la dicotomía independencia-dependencia.

En 1963-1964, Bourgeois realizaría en yeso su TORSO-AUTORRETRATO, que carece de cabeza y extremidades y se reduce a un pesado armazón en forma de pera con protuberancias blandas en la parte superior e inferior y pequeños elementos que parecen costillas. El cuerpo femenino queda aquí convertido en un gran órgano sexual cuya visión recuerda la de las piezas de la guarida, pero el torso se proyecta al exterior donde aquellas se recogían, mostrando un cuerpo a la vez desvalido y obsceno. La imagen de la mujer tiene aquí un contenido ácido, desprende dolor y opresión. Hay que recordar que el sufrimiento es indisociable de la obra de esta artista.

En otros trabajos, como NATURE STUDY  o THE SEA FOX, cuestionó nuestra concepción de la naturaleza humana al animalizar el cuerpo y desprenderlo de los elementos de su humanidad. Datadas en los ochenta, son figuras hermafroditas, acéfalas, sin brazos y con protuberancias de implicaciones sexuales. Se trata de dislocaciones, mutaciones, de cúmulos de referencias plásticas al placer y al dolor, a dramas individuales y elementos míticos.

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