Sororidades Instagramer: la estética y la política del feminismo en la red

Las ganadoras de la décima edición de Se busca comisario presentan su proyecto en la Sala de Arte Joven de la Comunidad de Madrid

Madrid,

Se busca comisario, la convocatoria de la Comunidad de Madrid destinada a apoyar la labor de jóvenes curadores, ha cumplido diez años consolidándose como un certamen de referencia a nivel nacional: hay que recordar que está destinada a comisarios españoles o extranjeros que residan en la región y trabajen individualmente o en grupo.

En su última edición, resultaron ganadores Ana Cebrián y Carmen Oviedo (formando dúo) y Alejandro Alonso, y las dos primeras presentan ya, hasta el 17 de marzo en la Sala de Arte Joven, su proyecto premiado: Sororidades Instagramer, que contó con el apoyo del jurado, según ha explicado Antonio J. Sánchez Luengo, subdirector general de Bellas Artes, por entroncar con la línea de atención a las cuestiones de género presente en la programación expositiva y en las actividades de la Comunidad -recordamos su aún abierta muestra de Alicia Framis en Alcalá 31 o sus jornadas Tejiendo pasado– y por promover la búsqueda de nuevos públicos para el arte contemporáneo a través de formatos y herramientas también nuevos: en este caso, Internet e Instagram.

Las artistas que Cebrián y Oviedo han seleccionado para formar parte de esta exposición tienen en común el atender en su obra, desde enfoques diversos, a la visibilización estética y política de lo femenino y también el uso de la red, no solo como medio de difusión de su trabajo, sino como canal en el que presentarlo desde mecanismos distintos a los habituales en las salas de exposiciones y en el que generar redes de apoyo y enriquecimiento con otras creadoras con intereses compartidos. Las comisarias conocían personalmente a algunas de ellas, pero en otros casos ha sido justamente Instagram su medio de contacto.

Atendiendo a la máxima de Avtar Brah de que las prácticas generan poder (las visuales también), han investigado cómo la hiperconectividad entre unas y otras autoras da lugar a nuevas estéticas y han replicado en la Sala de Arte Joven tanto los frutos de esas conexiones como los caminos previos a su materialización: han buscado que la sororidad que da título a la muestra fuese la clave también de su organización y, a través de una proyección, podemos comprobar cómo diversas artistas internacionales conocen sus trabajos y se nutren mutuamente de ellos en Instagram.

Si la invisibilización -entienden- es un ejercicio de poder, su apuesta por sacar a la luz las muchas formas de lo femenino es otro y Cebrián y Oviedo han apostado por vincular esa reivindicación a la dicotomía, que consideran cada vez más profunda, entre la voracidad del consumo y la producción y la vida, planteando que la primera ocupa un lugar central en los espacios comunes y que la segunda ha quedado relegada a la periferia, la naturaleza o el ámbito doméstico; espacios, por esa razón, ajenos a la atención pública (e invisibles). La red de la imagen por excelencia podría ser, paradójicamente y si alejamos de ella narcisismos y presunciones, un camino muy útil para reivindicar esos lugares; dicen las comisarias en el catálogo que para combatir los algoritmos del poder debemos estar hiperconectadas. Y entonces, quien sabe, puede que en esa red social haya más realidad que en otros lugares, al configurarse como espacio en el que cada cual se transmita a sí mismo como quiere y en el que lo marginal pueda convertirse en tendencia, pudiendo promover cambios políticos y estéticos a gran escala.

Nos da la bienvenida a la muestra #yosoysomos, un proyecto de Angelica Dass que tiene forma de instalación fotográfica y objetual y de periódico y que está dedicado a las narrativas, reales y figuradas, en torno a la mujer migrante. Cuenta con imágenes de algunas de ellas, residentes en Madrid: las ponemos nombre propio, como sujetos políticos en ocasiones olvidados que son, pero sus historias resultan intercambiables en los propósitos de este proyecto, porque por sus personalidades y trayectorias todas rompen con los estereotipos y luchan actívamente, a través de distintas asociaciones, contra esos prejuicios.

Dass se sumergió en sus vidas y en sus casas e, invitándonos a nosotros a conocer sus perfiles, prueba que nunca son posibles las historias únicas en torno a ningún colectivo, que ellas también contribuyen a las transformaciones de Madrid y que las estadísticas no dejan vivas las fake news. Junto a fotos y porcentajes, encontraremos vitrinas donde la artista nos enseña fotos propias y de las mujeres de su familia y objetos que lleva con ella, traslado a traslado, desde su salida de Brasil. Porque, opina, los seres humanos somos animales y migrar es parte de lo que somos.

Angelica Dass. #yosoysomos
Angelica Dass. #yosoysomos, 2018

La madrileña Quiela Nuc presenta en la exposición un documental próximo a lo performativo, Desertorxs. Se fijó en la política, la estética y las imágenes generadas por los medios chilenos durante la Transición del país tras la dictadura de Pinochet y en sus relaciones con las propias de nuestra Transición, y su siguiente paso fue articular, a partir de un conjunto de fotografías tomadas de los medios y de Internet en relación con aquella etapa de la historia chilena, un discurso propio sobre la identidad nacional española desde un triple punto de vista: el chileno de aquel momento, el español y el que, desde la fluidez y la hibridación, se construye en Internet.

Ya en el piso superior de la Sala de Arte Joven, nos esperan las fotos de Violeta Mayoral. No las hizo a propósito, ni pensando en que se expusieran; de hecho, le cuesta afirmarse como su autora. Nos explicamos: estas imágenes nacen de instantes de juego y confianza entre la autora y su grupo de amigas, que acuden periódicamente a la naturaleza buscando comunicarse con el paisaje y también con lo básico, del medio y de sí mismas.

Sus fotos proponen otras formas de relacionarnos con los demás y con el entorno en las que lo lúdico y la naturalidad tengan cabida, por eso su proyecto se llama Amor Desmadre. Explica esta creadora almeriense que sus experiencias reivindican el cuidado, el amor y el homenaje del grupo a cada una de nosotras y a lo que la vida nos ofrece. Quizá también una forma de resistencia.

Sheherezade Shephard. Altar 2: Consuelo, 2018
Sheherezade Shephard. Altar 2: Consuelo, 2018
Iciar Vega de Seoane. ¿Soy una chica?
Iciar Vega de Seoane. ¿Soy una chica?, 2015-2017

Icíar Vega de Seoane, por su parte, presenta ¿Soy una chica?, una serie que consta de fotos y objetos vintage pero que en un principio concibió como fotolibro. A partir de un intento de agresión de un desconocido que no distinguió su género y de las increpaciones que la artista recibe en la calle a cuenta de su físico ambiguo, comenzó a plantearse por qué le molestaba ser confundida con un hombre y hasta qué punto el género nos condiciona en lo íntimo, lo cotidiano y en nuestra libertad. Sus obras subrayan esa dicotomía entre nuestros modos de percibir lo supuestamente femenino y lo supuestamente masculino, y en cómo esas nociones pueden prácticamente confluir. Ella quería -lo explica en el catálogo- que el resultado no fuera preciosista (femenino), pero se dio cuenta de que no podía sustraerse a esos cánones impuestos.

Lo autobiográfico también deja huella en los cuatro collages expuestos de Roberta Marrero, en los que cuatro mujeres estrechamente ligadas a la cultura popular (Britney Spears, la Dorothy del Mago de Oz, Marlene Dietrich y una santa) se convierten, literalmente de la mano de la artista, en nuevas diosas paganas, en referentes de lo que implica hoy ser mujer. Son arquetipos actualizados para una mirada nueva a lo femenino, en la que lo íntimo y auténtico gana a lo idealizado.

Una de las obras con más peso poético de la muestra es la que presenta la dominicana Sheherezade Shephard: el retrato de su pareja, una mujer negra, lesbiana, en un instante de intimidad y protección. Sobre ella recae una luz casi mística. Según la artista, busca manifestar la propia existencia en un mundo que intenta que te desvanezcas.

Si su respuesta a los prejuicios raciales y sexuales es una imagen sencilla y espiritual, la de la china Xirou Xiao ante quienes le apremian por cumplir ciertas tradiciones asociadas a la mujer en su país (pronta boda, prontos hijos) es: Me importa un pepino. Así se titula el proyecto performativo que ha realizado con otras mujeres chinas residentes en Madrid, tras dialogar sobre sus preocupaciones y vivencias y sobre sus caminos para esquivar (o enfrentarse a) los tópicos.

Xiao ha elegido la performance como medio expresivo porque el cuerpo favorece el entendimiento en mayor medida que la palabra, y espera que su acción colectiva logre también ese fin con quienes quieran acercarse, sin esquemas preconcebidos asociados a su país, a ella y sus compañeras.

Cierra la exposición un dispositivo de Marta García Cano pensado para la pedagogía: un espacio al que puede acceder cualquiera que se sienta capaz de hablar en femenino, de analizar qué imágenes nos rodean y qué identidad de la mujer proyectan y cuáles podemos inventar. La autora ofrece antes algunos consejos al visitante a la hora de establecer el ritual de activación de su pieza, comenzando por descalzarse, respirar y preparar el cuerpo y terminando por tomar conciencia de si la experiencia le ha cambiado en algo.

García Nieto concibe este refugio como un espacio para la sororidad, la investigación y la transformación: el que accede ha de tener claro que una cosa es lo que nos han enseñado y otra lo que podemos crear.

Roberta Marrero. The truth about the icon IV, Errores 1 y 2, Stigmata XIII y Double Marlene. My elvis numer 6, 2010-2013
Roberta Marrero. The truth about the icon IV, Errores 1 y 2, Stigmata XIII y Double Marlene. My elvis numer 6, 2010-2013

 

 

“Sororidades Instagramer”

SALA DE ARTE JOVEN

Avenida de América, 13

Madrid

Del 24 de enero al 17 de marzo de 2019

 

 

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