Pinacoteca soñada

Siempre he creído que el arte fue surreal desde su mismo origen.

La mayor parte de la extensa obra de Rafael Argullol -poemas, ensayos y novelas- puede consultarse ya en la editorial Acantilado, que emprendió la labor de publicar todos sus textos y, además, el año pasado editó, en homenaje al escritor y también a modo de guía para orientarse por esa producción a priori difícil de abarcar, el volumen Rafael Argullol: caminar, pensar, escribir, en el que sus propios amigos daban cuenta de sus temas predilectos y de cómo sus lecturas pueden ofrecer posibilidades de vivir de una forma más consciente o creativa.

El último de los volúmenes que Acantilado le dedica es Pinacoteca soñada y recoge los artículos que este filósofo ha publicado durante tres años, de 2014 a 2017, en prensa -sobre todo en el periódico Ara-, teniendo siempre como eje el arte y la estética, como avanza ya el título. Se trata de casi ciento setenta columnas breves que aparecen en las páginas de este libro en el mismo orden en el que pudieron leerse semanalmente en el quiosco, es decir, sin atender a cronologías ni agruparse tampoco en torno a asuntos concretos.

Y si libre, aleatoria, es la estructura de esta recopilación, libres son también esos mismos escritos: sus reflexiones personales a partir de obras concretas, diversas y sólo unidas por su calidad, seleccionadas con el objetivo único de alumbrar un museo particular, sin muros e imposible. Esa ausencia de esqueleto, y de pretensiones académicas, forma parte del atractivo de esta pinacoteca imaginada: Argullol no ha tenido en cuenta cuotas de ningún tipo a la hora de optar por unas y otras piezas y autores, la mayoría de ellos europeos y no estrictamente contemporáneos. El criterio personal y las propias sensaciones son claves tanto en las elecciones -de La balsa de la medusa de Géricault al San Juan Bautista en el desierto de Domenico Veneziano– como en sus comentarios: Argullol instruye sin remedio, pero no es el didactismo, evidentemente, su objetivo.

Predominan la sugerencia y las impresiones individuales frente a los datos fríos: ante La balsa, Argullol no se fija tanto en la desesperación de los náufragos, tan analizada, como en la importancia que el francés concedía a la luz que simbolizaba la esperanza; frente a Max Ernst recuerda que Europa no puede olvidar el peligro de las guerras -cuando aún no las teníamos a las puertas-; a partir de El niño del chaleco rojo de Cézanne sitúa la melancolía como germen del poder de la pintura moderna; y en Metrópolis de Grosz halla un lado visionario sobre nuestra sociedad de hoy.

En La expulsión de Adán y Eva del paraíso por Masaccio encontró, además de dos de las primeras criaturas verdaderamente dolientes de la pintura, el origen del erotismo; Friedrich le da la ocasión de pensar que el arte expande las posibilidades de la naturaleza; en el Doctor Tulp de La lección de anatomía de Rembrandt imagina un alter ego del artista; Malevich le lleva a concluir que la pintura puede ser contrapunto de la astronomía; y la Crucifixión de Tintoretto le hizo reflexionar sobre la inmovilidad poderosa de esas figuras estáticas en torno a las que todo gira.

La Escuela de Atenas y El nacimiento de Venus, Rafael y Botticelli, pintaron un mundo que se preparaba para ser mejor y feliz; La tempestad de Giorgione es, para él, la más misteriosa de las telas; La fragua de Vulcano es su punto de arranque para ahondar en los celos muy humanos de los dioses; considera a Vermeer el gran pintor de la intimidad de la mano de El arte de la pintura; un Lucian Freud desnudo le sugiere la demanda de una desnudez en la mirada del espectador; y en Patinir y su laguna estigia halla consuelo: si este azul es el color que vamos a contemplar, tiene más sentido morir.

Resulta imposible aburrirse ante un libro que aporta las palabras justas para expresar mucho sin apabullar, y que sobre todo desgrana miradas propias y originales -ya raras- sobre imágenes de las que alguien podría creer que se ha dicho todo. Si fueron y son tan contundentes, es porque sus lecturas no han, ni de lejos, terminado. Así, Impresión, sol naciente, es la derrota de la pintura frente a la luz.

 

TÍTULO: Pinacoteca soñada

AUTOR: Rafael Argullol

EDITORIAL: Acantilado

IDIOMA: Castellano

PÁGINAS: 357 pp

PRECIO: 30 euros