Memoria y deseo: un busto para un tiempo

El Museo Picasso Málaga indaga en las miradas al pasado desde su presente de Picasso y sus coetáneos

Málaga,

Incertidumbre, deseo de placer, incredulidad respecto a la crueldad conocida, temor a presenciar algo similar; asunción del peso del pasado e infinitas dudas respecto al futuro. En tiempo de entreguerras, la sociedad europea, y desde luego también sus artistas, vivían inmersos en un buen número de paradojas, entre la búsqueda de emancipación, y de transformación de las estructuras conocidas, y la consolidación de autoritarismos que alteraron las vidas de todos.

No asumían sin críticas, los creadores de vanguardia, el progreso científico y técnico, el culto a la máquina y al avance lineal de la humanidad, pero sí la revisión de las creencias heredadas en un contexto que, en lo artístico, estaba impregnado por el surrealismo y la atención a los muy individuales subconscientes.

En esa etapa se sumerge la exposición “Picasso Memoria y Deseo”, que hasta abril acoge el Museo Picasso de Málaga y que ha comisariado Eugenio Carmona, experto fundamental en la figura del malagueño. Revisa cómo, en esos años, tanto él como sus coetáneos transitaban, precisamente, entre la evocación de lo conocido y la proyección hacia el futuro, viniendo a afirmar que el presente nunca lo es de forma absoluta, sino un momento en un tiempo que no deja de fluir.

Las creaciones de Picasso en los veinte no pueden interpretarse únicamente desde la voluntad de retorno al orden (y a la belleza canónicamente entendida), o de hacer germinar un clasicismo contemporáneo, nociones que él mismo puso en cuestión, sino como manifestaciones, quizá, de una suma de tiempos reunidos. Y la exposición plantea como símbolo de esta forma particular de presente a caballo entre varios mundos una pieza que, el pasado verano, cumplió justo un siglo: Estudio con cabeza de yeso, que podría entenderse como tela de araña en la que múltiples signos nos sitúan en una época sin identidad acabada.

Vista de una de las salas de la exposición © Museo Picasso Málaga
Vista de una de las salas de la exposición © Museo Picasso Málaga
Pablo Picasso. Estudio con cabeza de yeso, 1925. The Museum of Modern Art, Nueva York © Archivo digital, The Museum of Modern Art, Nueva York/Scala, Florencia
Pablo Picasso. Estudio con cabeza de yeso, 1925. The Museum of Modern Art, Nueva York © Archivo digital, The Museum of Modern Art, Nueva York/Scala, Florencia

Podemos relacionar este estudio con la formación primera de Picasso junto a su padre, profesor de dibujo: esto es, en el marco de un sistema reglado y previsto que podemos asociar con el lugar de la memoria. Evidentemente, ese pasado no se trae al presente sin más, sino resignificado desde una mirada atravesada por los años y, por eso, nos devuelve la imagen perfiles contrapuestos, una sombra enigmática y una mirada peculiar.

Son rasgos que Picasso había trabajado antes y sobre los que volvería más tarde, a lo largo de las décadas, porque ese busto tiene mucho de símbolo y los rostros desdoblados y el perfil en sombra se convertirían en herramientas de juego e investigación. Unos y otro serían recursos para la expresión de pulsiones eróticas y también, aunque ambos estén enlazados, de la afirmación del deseo de vivir (de resistir).

No fueron rasgos formales únicos de Picasso: De Chirico los había utilizado antes y continuaría haciéndolo en esos años veinte, en figuras estáticas que no parecen mirar hacia fuera de sí mismas; también el busto picassiano y sus obras parejas expresan una vida, evidentemente, más interior que exterior. O Léger: el más amante de la máquina y la herramienta de los tres trabajó con bustos en yeso y perfiles en sombras en la misma época.

Este busto se reprodujo en numerosas publicaciones e interesó a más artistas; ese modo de mirar hacia el futuro sin negar el pasado formaba parte de un ambiente general del que todos respiraban. Dalí ofreció nuevas lecturas a los iconos de Picasso al vincular sus bustos con la iconografía cristiana de la decapitación, pero también con su voluntad de autorretratarse. Y García Lorca se valió de esa composición, de la sombra y del desdoblamiento, para aludir a los conflictos de naturaleza individual que genera el amor.

A Cocteau, muy próximo a Picasso, estos motivos le sirvieron para zambullirse en el mito de Orfeo, que encarnó los lazos entre la muerte, el amor y la creación, mientras que Man Ray dio vueltas diversas a la efigie de Venus para subrayar el poder del erotismo en el terreno cultural.

Salvador Dalí. Naturaleza muerta al claro de luna malva, 1926. Fundación Gala-Salvador Dalí
Salvador Dalí. Naturaleza muerta al claro de luna malva, 1926. Fundación Gala-Salvador Dalí
Man Ray. Intento de autorretrato, 1934. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Man Ray. Intento de autorretrato, 1934. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

En el silencioso Felice Casorati y el cubista Jean Metzinger, el busto se hace doméstico; en Magritte, emblema de traumas de cariz femenino; ya en la fotografía, Walker Evans y André Kertész trabajaron con sus propias sombras y Brassaï, Dora Maar y el mismo Kertész encontraron, asimismo, esculturas involuntarias a resignificar en los maniquíes comerciales.

Las disquisiciones en torno al género con un busto como centro también tuvieron cabida, de la mano de Eileen Agar y Claude Cahun; Juan Gris, como su amigo Picasso, sumó bustos antiguos a sus naturalezas muertas, en las que venía a homenajear a las artes, y en este sentido, en el contexto español, la estela es larga: José Moreno Villa, Gregorio Prieto, Joaquín Peinado, Benjamín Palencia,  Enrique Climent…

Componen una constelación, y hablando de constelaciones… Un año antes, en 1924 y en Juan-les-Pins, llevó a cabo Picasso los dibujos que bautizó con ese nombre, compuestos por guitarras y mandolinas trazadas a partir de puntos conectados por líneas. Algunos de ellos ilustraron, junto a aguafuertes en torno al asunto del artista y su modelo, una edición de La obra maestra desconocida de Balzac, y en el Museo Picasso integran una instalación que cuenta con la voz en off del barítono Carlos Álvarez recitando el texto.

Para el comisario, aquel busto pintado de Picasso, llegado del MoMA de Nueva York, tiene, o tenía hasta ahora, algo de obra maestra desconocida: rara vez se ha expuesto, no es ninguna pieza estrella, pero remite a una fase de encrucijada de Picasso entre el clasicismo, el cubismo y el surrealismo. Un tiempo de vanguardia.

Eileen Agar. El ángel de la misericordia, 1934. The Jeffrey Sherwin and Family collection. En depósito permanente en The Hepworth Wakefield
Eileen Agar. El ángel de la misericordia, 1934. The Jeffrey Sherwin and Family collection. En depósito permanente en The Hepworth Wakefield
Vista de una de las salas de la exposición © Museo Picasso Málaga
Vista de una de las salas de la exposición © Museo Picasso Málaga

 

 

“Picasso Memoria y Deseo”

MUSEO PICASSO MÁLAGA

C/ San Agustín, 8

Málaga

Del 14 de noviembre de 2025 al 12 de abril de 2026

 

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