László Moholy-Nagy lo hizo todo

El Art Institute of Chicago le dedica su mayor retrospectiva

Chicago,
ászló Moholy-Nagy. Photograph (Self-Portrait with Hand), 1925/29
ászló Moholy-Nagy. Photograph (Self-Portrait with Hand), 1925/29

Nació en Hungría en 1895, pero los estadounidenses lo consideran propio, y no solo porque adquiriera su nacionalidad: tras ejercer como profesor en la Escuela Bauhaus alemana entre 1923 y 1928, Moholy-Nagy  fundó en 1937 en Chicago la llamada New Bauhaus, germen del actual Instituto de Diseño del  Illinois Institute of Technology.

A esa ciudad regresa ahora el artista, extraordinariamente polifacético y adelantado a su tiempo: cultivó la pintura, la fotografía, el cine, la escultura, la publicidad, el diseño y la escenografía teatral. El Art Institute of Chicago acoge, hasta el 3 de enero de 2017, la retrospectiva más completa que se le dedica en Estados Unidos desde hace medio siglo. Ha sido organizada en colaboración con el Guggenheim neoyorquino, donde pudo contemplarse hasta el mes pasado, y con el LACMA de Los Ángeles, a donde viajará en 2017, y consta de tres centenares de trabajos.

Pionero de la abstracción, Moholy-Nagy  defendió con pasión la idea de que el arte debía desarrollarse a partir de los materiales propios de su tiempo, y predicó con el ejemplo: trabajó con grabaciones sonoras, fotografías, plásticos sintéticos e incluso hizo incursiones en el cine. Demostró que en la naciente época de la reproductibilidad técnica las obras de arte ganaban frescura cuando implicaban nuevos usos de la luz y sus efectos. En su opinión, todo ciudadano podía ser creativo educando a sus sentidos precisamente a partir de juegos lumínicos, de transparencias y de movimiento y utilizando materiales cotidianos.

Con solo veintiocho años, en 1923, relevó a Johannes Itten como director del curso preliminar de la Bauhaus y asumió también la dirección de su taller de metales. Siendo pintor de formación, podemos considerar que se convirtió en el primer artista multimedia moderno y sus creaciones fueron reflejo de su visión social. Podríamos decir que su espíritu comunicativo dotó al concepto de escultura de movimiento y apertura, redefiniendo la relación entre espacio, tiempo, material y luz y convirtiendo el objeto mecánico en objeto artístico. Experimentador infatigable, Moholy investigó muy a fondo las posibilidades de la luz y la transparencia en el medio óptico usando fotografamas y, desde el inicio de los años veinte, mediante esculturas brillantes de piedra, vidrio, acero y aleaciones de zinc y níquel.

László Moholy-Nagy. LIS, 1922. Kunsthaus Zürich
László Moholy-Nagy. LIS, 1922. Kunsthaus Zürich

Ocho años de indagaciones están detrás de su Modulador de espacio y luz, que expuso en París en 1930. Se trata de un aparato de algo más de un metro de altura fabricado a base de discos perforados y traslúcidos, barras y espirales de vidrio. Proyectaba sobre la pared la luz de 140 bombillas y cinco focos, creando un despliegue abstracto y teatral de claroscuros que daban lugar a una obra en tres actos y con tres ritmos: movimiento pausado, retardado y contrario.

Precisamente la clave de la obra total de Moholy-Nagy quedó recogida en el título de su publicación Visión en movimiento. En los horizontes de los decorados que creó para la película de Korda La ciudad del futuro y en los de sus diseños de ferias comerciales aparecían fuentes de luz y movimiento eléctrico, utilizadas como “entretenimiento en las fiestas populares y para resaltar los momentos de tensión en teatro”. Así que el húngaro –de origen- fue, además de pionero de la fotocinética, precursor de la difuminación de las fronteras entre lo serio y lo ligero, la alta y la baja cultura.

En 1928, la ideología izquierdista del nuevo director de la Bauhaus, Hannes Meyer, conllevó el cese del artista, que antes de a América emigró a Londres, donde creó los primeros Moduladores espaciales consistentes en láminas de plexiglás dobladas cuyos puntos de cambio indican la desviación de la curvatura espacial. Fue tras 1940, residiendo en Chicago, cuando Moholy-Nagy optó por modelar plexiglás, construyendo estructuras de tubos interconectados, suspendidos y transparentes, con un aura de luz deslizante, construyendo así el polo opuesto al mundo tecnoide de sus obras creadas veinte años antes.

La antología abierta en el AIC lleva por título “Present Future” y repasa la producción del artista desde que se trasladó a Alemania en 1920 hasta que falleció en 1946, en el mismo Chicago. Una de las salas exhibe 38 fotomontajes que hasta la fecha no habían podido verse unidos y en los que Moholy desarrolló casi todas las técnicas conocidas en este formato; en otra pueden verse tres de sus telephone paintings, composiciones abstractas que el artista ordenó en tres tamaños, y no faltan sus seis vistas de la torre de radio de Berlín ni la recreación multimedia de su Room of the Present, que el creador concibió en 1930 pero no pudo terminar, una suerte de habitación propia.

El grueso de la muestra lo constituyen obras que Moholy-Nagy llevó a cabo en Estados Unidos, donde su arte dio un giro desde la abstracción pictórica plana hasta sus artefactos híbridos en tres dimensiones, a medio camino entre la pintura y la escultura. Nunca antes habíamos podido ver unidas tal conjunto de sus piezas en plexiglás montadas a la pared, suspendidas en el aire o exentas, en el suelo. A partir de muchas de ellas dio clase en la New Bauhaus, y por eso la muestra también incluye trabajos de sus alumnos, así como una suerte de “pared pedagógica” donde conocer sus ideas sobre la enseñanza.

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