Paloma Vianey

De Paloma Vianey, nuestra fichada en este arranque de septiembre, supimos la primavera pasada, a raíz de su exposición en el Mexican Cultural Institute DC de Washington, «Un mismo cielo: entre Washington y Ciudad Juárez», compuesta por ocho dípticos de tonalidades vibrantes en los que buscaba conectar lo local y lo universalmente humano por la vía de la emoción para recordar que, más allá de diferencias, vemos lo mismo sobre nuestras cabezas y podemos compartir sensibilidades. Dedicaba la artista esta muestra a quienes han tenido que dejar sus hogares.

Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Texas en El Paso, Vianey ha obtenido, asimismo, una maestría en Bellas Artes por la Universidad de Cornell y ha recibido becas de la Fundación Elizabeth Greenshields (en 2020, 2021 y 2023), el Institute of Mexicans in the Exterior, el Fondo Nacional de las Artes de México (2020) y la Comisión de Artes y Humanidades del Distrito de Columbia. Asimismo, ha sido galardonada con el Premio Municipal de la Juventud en Ciudad Juárez, el de Posgrado John Hartell de la Universidad de Cornell y el Premio Joven Artista del Premio Trawick y ha desarrollado residencias en la Fundación Antonio Gala de Córdoba, el Instituto Goethe y Hamiltonian Artists (Washington), el Otis Street Arts Project de Maryland o The Studios en Key West, Florida.

Además de en el Mexican Cultural Institute, ha ofrecido exhibiciones individuales desde hace ocho años en el consulado mexicano en El Paso, el Herbert F. Johnson Museum de Nueva York, la Fried Fruit Art Gallery de Wilmington, el Hylton Performing Arts Center de Manassas, el Museum of History and Archeology El Chamizal de Ciudad Juárez y Hillyer, en Washington. Sus colectivas, entretanto, le han llevado a centros como el Rubin Center for the Visual Arts de El Paso, El Paso Museum of Art, Hoffman Donahue y Amos Eno Gallery (Nueva York), Brentwood Arts Exchange (Maryland), la American University de Washington, el citado Goethe Institut y Hamiltonian Artists, el Museo de Arte de Ciudad Juárez, el DC Arts Center de Washington, la Athenaeum Gallery de Alexandria, en Virginia, la MLK Library y, muy pronto, a la Phillips Collection de la capital estadounidense.

Esta autora, que también cuenta con experiencia como docente, se incorpora a nuestros fichados porque queremos saber más de su trabajo sobre el contexto social en torno a la frontera entre Estados Unidos y México, que ella conoce muy bien, y en relación con ciertas prendas y costumbres de su país, como las chamarras o el rebozo, un chal de una sola pieza y usos más que múltiples -desde transportar mercancías a portar bebés-, que ha trascendido función y estética para quedar hoy estrechamente ligado a la identidad de las mujeres mexicanas. En su proyecto para la Fundación Antonio Gala lo llevó a pinturas y esculturas en las que su sentido inicial se alteraba.

 

 

El propio comienzo de su trayectoria está vinculado, nos cuenta Paloma, a la situación difícil de Ciudad Juárez, su ciudad, siendo ella adolescente. Los problemas en las calles la condujeron a tomar los pinceles: Empecé a pintar durante mi adolescencia y mi ciudad natal (Ciudad Juárez, México) fue atacada por una ola de violencia. La pintura se convirtió en una actividad que me daba libertad y catarsis. Mientras que muchos ciudadanos estábamos confinados en casa para evadir la violencia, yo estaba en mi cuarto aprendiendo a pintar.

El pincel se convirtió en mi manera de expresarme y, desde ese entonces, ha sido lo que me ha ayudado a seguir adelante.

En esa misma línea, Vianey ha dedicado su producción a investigar las posibles capacidades curativas de la creación y su propia ciudad ha continuado siendo clave en su trabajo, en las orillas del río Bravo, punto de partida de cada vez más proyectos artísticos -podemos acordarnos de la reciente muestra de Felipe Romero en la Fundación Mapfre-: Mi trabajo se centra en la exploración de la pintura como un acto de sanación, a través de un contexto anecdótico y diversos procesos de experimentación e investigación. Mi propósito es usar la pintura como un lenguaje visual versátil y deconstruir los paisajes urbanos de Ciudad Juárez y nuestra relación con ellos.

Ciudad Juárez, México, está situada en la frontera con Estados Unidos y mi obra intenta desafiar la imagen de violencia estereotípica de la ciudad y retratar su comunidad de 1,7 millones de personas a través de la resiliencia y la vulnerabilidad.

Como artista fronteriza, y alguien que cruzó la frontera todos los días para ir a la universidad (vivía en México, pero estudiaba Historia del Arte en Estados Unidos), también retrato las contradicciones de unidad y división que existen en la frontera.

Al terminar la carrera, me mudé a Estados Unidos para buscar mi vida de artista y he estado en este país por ocho años. Mi obra también habla mucho de la migración, la nostalgia y las dificultades de adaptarse en otro país.

Su lenguaje principal fue y es el pictórico, pero paulatinamente se acerca más a disciplinas como la escultura al incorporar a sus piezas más que pigmentos: Aunque mi técnica principal es el óleo, dependo mucho de la experimentación y de añadir otros materiales a la pintura. Usualmente agrego tela, cremalleras o uso el lienzo de manera escultórica. Siempre trabajo a través de series y trato de descubrir distintas maneras de pintar.

Empecé a pintar al óleo cuando era una adolescente y he aprendido a desarrollar mi propio lenguaje pictórico. Aunque seguido estoy buscando diferentes procesos, siempre siento una gran comodidad con el pincel y la pintura al óleo.

Entre sus referentes se encuentran artistas internacionales que han dado espacio en su obra a heridas colectivas, pero sobre todo su propia localidad, Ciudad Juárez, que nos invita a contemplar sin prejuicios y prestando atención a la fortaleza de sus habitantes: Mi ciudad natal sigue siendo mi mayor influencia en la pintura. Aunque ya no vivo ahí, la visito dos o tres veces al año para pasar tiempo con mi familia y reconectar con ella. Cada visita me paseo por los distintos vecindarios y tomo fotos del paisaje urbano.

A través de los años, he documentado y fotografiado el paisaje urbano juarense, retratando su cultura, sus espacios vulnerables y su arquitectura, que han sido testimonio de los buenos momentos, así como de los malos. A través de estas referencias fotográficas, mi meta es pintar la ciudad con honestidad y vulnerabilidad. En la cinematografía, en la literatura y en el periodismo, Ciudad Juárez comúnmente se retrata como una villana. Mi meta es reivindicarla como una víctima más de los descuidos y la violencia. A pesar de las adversidades, los ciudadanos han persistido y los edificios son testimonio y patrimonio de la tenacidad juarense.

En cuanto a referentes, hay muchos artistas que son una influencia importante en mi obra: Etel Adnan, Teresita Fernández, Adriana Varejao, Aliza Nisenbaum, etc.

 

 

Entre sus proyectos más importantes hasta la fecha, menciona Paloma dos series de sus composiciones: Mis pinturas de chamarra (la palabra comúnmente usada en México para decir chaqueta) componen una de mis series más grandes hasta el momento.

Al ponerles una chamarra a estas pinturas, intento antropomorfizar estos espacios y embarnizarlos con dignidad. Cada chamarra es cocida a mano, y cada obra es creada a través de la veladura, una técnica de pintura al óleo que requiere de mucho tiempo y consiste en pintar a través de capas. Esta técnica, muy prominente en las pinturas del Renacimiento, era usada para pintar escenas sagradas y distinguidas.

Pintar el paisaje juarense con delicadeza es mi manera de darle a Ciudad Juárez la importancia que se merece. Las imágenes de estas pinturas retratan la diversidad del paisaje urbano: negocios familiares (por ejemplo, tortillerías, dulcerías, etc.), hogares, espacios de entretenimiento, parques y espacios simbólicos de la comunidad juarense. Las pinturas son de distintas dimensiones y también son cromáticamente diversas. Expuestas en conjunto, mi deseo es otorgar al espectador un retrato íntimo de Ciudad Juárez.

 

Mis pinturas de nudo las comencé cuando estaba cursando mi máster y han sido muy importantes en el desarrollo de mis pinturas escultóricas. Estas obras son hechas al crear nudos con la tela del lienzo y luego tensarlas al bastidor. Después se prepara el lienzo y, al pintar la imagen, ésta es interrumpida por los relieves del bastidor. Mis pinturas al nudo, también haciendo referencia a imágenes de Ciudad Juárez, tienen el propósito de retratar tensión.

Muy pronto Vianey mostrará su trabajo de nuevo en Washington: Hace unos meses se inauguró mi exposición más grande en el Instituto Cultural Mexicano, el cual es parte de la Embajada de México en Estados Unidos. «Un mismo cielo: entre Washington y Ciudad Juárez», a través de ocho dípticos, retrataba -hasta el pasado agosto- paisajes paralelos de Ciudad Juárez y Washington D.C. desde un contexto migratorio. Cada pintura al óleo es abrazada con un rebozo, que es pintado a mano y tiene estampados que diseñé con plantas endémicas de Ciudad Juárez y nativas de Washington D.C. Esta muestra trata de narrar la adaptabilidad de la migración y está dedicada a todos aquellos que dejaron su país en busca de un sueño o una mejor vida. 

En unas semanas, se inaugura una exposición colectiva en The Phillips Collection, «Tomorrow the Sun Will Rise», donde estarán dos de mis pinturas de chamarra. The Phillips Collection se conoce por ser el primer museo de arte moderno en Estados Unidos.

Conoced mejor a Paloma en www.palomavianey.com