El nuevo nuevo mundo de Wifredo Lam

Gmurzynska abre espacio en Nueva York con una retrospectiva del artista

Nueva York,

Picasso no dudó en calificar a Wifredo Lam como uno de los grandes. Y teniendo en cuenta su nada menguada autoestima le hizo un enorme cumplido al decirle: Nunca me he equivocado contigo. Eres un pintor. La primera vez que nos conocimos dije que me recordabas a alguien: yo.

El pintor cubano manejó una noción de la pintura social y casi humanista (Con respecto a la vida, la pintura moderna es una actividad revolucionaria. La necesitamos para transformar el mundo en un lugar más humano donde la humanidad pueda vivir en libertad… Debemos aceptar estas cosas con pasión. Debemos vivir imaginativamente) y ahora repasa su producción la nueva sede de la Galerie Gmurzynska en la Madison Avenue de Nueva York, espacio que se suma a los otros tres con los que ya cuenta esta sala, fundada en 1965 en Colonia: dos en Zúrich y uno en Zug.

Wifredo Lam. Sin título, 1945
Wifredo Lam. Sin título, 1945
Wifredo Lam. La Réunion, Groupe, 1942
Wifredo Lam. La Réunion, Groupe, 1942

La retrospectiva de Lam, abierta hasta el próximo 31 de este mes, ha sido organizada en colaboración con la familia del artista y explora su evolución durante cinco décadas contando con obras rara vez expuestas de los treinta y los cuarenta y con otras firmadas en los sesenta y setenta. La muestra incidirá en la presencia en su producción del legado multicultural que el pintor recibió de sus antepasados (chinos, españoles y africanos), en esa vertiente híbrida y cosmopolita de su obra que sedujo a Picasso y a André Breton; también en los ecos en ella del contexto político, social y cultural tumultuoso que este autor conoció y de la situación de Cuba tras la independencia de España.

Su pintura, que muchos bautizan como mestiza, supo conjugar rasgos del modernismo occidental con símbolos caribeños y africanos, porque los intereses de Lam se desarrollaban en esas dos dimensiones que nunca quiso contraponer: la atención a las vanguardias que le eran contemporáneas y su amistad con algunos de sus artífices, en España y Francia, y su compromiso con los problemas del mundo. Autor comprometido y atento a la diversidad cultural, que él mismo llevaba en su sangre, se sirvió de disciplinas muy diversas (dibujo, pintura, cerámica, grabado) para hacer suya la causa que persiguiera su amigo Aimé Césaire: pintar el drama de su país, la causa y el espíritu de los Negros.

Desde su juventud temprana, fue consciente de la problemática racial y de sus consecuencias sociopolíticas, primero en Cuba y en Europa, después también en Estados Unidos, pero esquivó caer en etiquetas identitarias impuestas desde fuera y trabajó para forjar un lenguaje propio con el que defender la libertad, de individuos y colectivos.

En los años veinte y treinta coincidió Lam en nuestro país con el desarrollo de una primera vanguardia independiente, la alumbrada en la Exposición de Artistas Ibéricos de 1925, y como Benjamín Palencia dio sus primeros pasos a la sombra de un surrealismo incipiente, rumbo que consolidaría durante su estancia en París, donde se vinculó con el grupo de Breton y conoció, como decíamos, a Picasso. Buena parte de sus pinturas de entonces tuvieron la maternidad como tema y lo esquemático como lenguaje; el cambio llegó en los cuarenta, cuando regresó a Cuba e insertó en su trabajo elementos de origen africano que pervivían en la cultura cubana y que terminarían por convertir su producción en un cosmos en el que convivían lo primitivo y lo moderno y el Caribe era eje y punto de vista desde el que contemplar el mundo.

En lo formal, continuó dejándose influir por el malagueño o por Matisse, también por la geometría sintética de origen africano, pero su iconografía se abrió a novedades: a un imaginario místico de resonancias atávicas, un bestiario muy personal. En 1952 se instaló definitivamente en París, donde fallecería treinta años después y consolidaría la unión en su pintura de las vanguardias europeas y la inspiración afrocubana, echando por tierra jerarquías caducas entre centro y periferia.

Esta antología de Gmurzynska se suma a las completas individuales que en los últimos años han dedicado a Lam el Centro Pompidou, el Museo Reina Sofía o la Tate Modern y supone también el regreso a Nueva York de un autor que en vida adquirió allí un reconocimiento no menor: en 1939, las Perls Galleries mostraron sus gouaches junto a dibujos de Picasso, en la que fue su primera exhibición en Estados Unidos; en la década de los cuarenta presentó tres individuales en la galería de Pierre Matisse y también participó en varias colectivas, en las que pudo mostrar su obra junto a la de Miró, Chagall o Léger.

En 1942, el MoMA, entonces bajo la dirección de Alfred H. Barr, comenzó a coleccionar su obra y ese mismo año Breton incluyó algunos de sus trabajos en papel en la mayor exposición dedicada hasta entonces al surrealismo en Norteamérica: “First Papers of Surrealism”, que pudo verse en la Whitelaw Reid Mansion de Manhattan y que también incluyó piezas de Max Ernst, el citado Léger e Yves Tanguy. Tras aquellas individuales en Pierre Matisse, la Fundación Graham le concedió una beca para realizar estudios avanzados en Bellas Artes en 1958, seis años antes de que la Fundación Guggenheim lo seleccionara para su Guggenheim International Award of merit.

Wifredo Lam. Femme Cheval, 1948
Wifredo Lam. Femme Cheval, 1948

 

 

“Wifredo Lam: Nouveau Nouveau Monde”

GALERIE GMURZYNSKA

39 East 78th Street

Nueva York

Del 17 de diciembre de 2018 al 31 de enero de 2019

 

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