Monumental en sus dimensiones, cruda en su traslación de la experiencia humana vulnerable. Son los rasgos básicos de la producción del escultor británico, residente en Los Ángeles, Thomas Houseago, formado en la Central Saint Martins de Londres y en De Ateliers (Ámsterdam) y autor, desde hace tres décadas, de piezas de formas antropomórficas en las que conjuga los materiales tradicionales y la mirada contemporánea.
Su primera muestra en nuestro país puede visitarse desde hoy en los jardines de la Banca March, adyacentes a la Fundación Juan March en la calle Castelló, y ha sido comisariada por Anne Pontégnie. Consta de siete obras representativas de su andadura, fechadas entre 2008 y 2025, dedicadas una vez más a la figura humana y elaboradas con yeso, madera o bronce, componentes habituales en su disciplina con los que trata de manifestar la inclinación inevitable del ser humano hacia la búsqueda de lo esencial y la unión, en su propia naturaleza, de la fragilidad y la fuerza.
Entre las más representativas se encuentran la reciente Janus – Mirror – Figure (2025), que testimonia la combinación entre influencias primitivas y lenguaje contemporáneo que es constante en su carrera; y Large Walking Figure I (Leeds), datada en 2013, una figura de casi cinco metros de altura que podemos interpretar como su particular hombre que camina, motivo escultórico recurrente desde que la arcilla se moldea. No falta tampoco Aluminion Construction Nº 1 (Giant), que nos conduce a los orígenes de nuestra especie.



Su inquietud por la figura humana bebe de su estudio de la escultura griega, pero nunca ha pasado por la mente de Houseago el deseo de acercarse a la perfección formal de los antiguos ni el de generar composiciones de una belleza accesible; su terreno es el de la investigación, cruda y carente de anécdotas, del cuerpo y sus creaciones transmiten una fisicidad en bruto con la que persigue sugerir la complejidad de la experiencia del hombre desde su misma presencia en la tierra.
En ocasiones, conviven por esa razón con sus habituales materiales sencillos otros de origen industrial, como varillas de hierro y cáñamo, que suman potencia expresiva al tiempo que subrayan el enredo de la vida humana entre la herencia pasada y las imposiciones del presente. Esa intrincación la recalca, igualmente, su voluntad de no esconder sus procesos de trabajo: las huellas del modelado alcanzado con las manos o con instrumentos sencillos, las uniones de fragmentos de materia, las tensiones entre áreas pesadas y livianas.
El artista se hace, así, presente en sus composiciones, que adquieren una dimensión casi performativa: las piezas acabadas son indisociables de las capas de trabajo de las que derivan.
Nos referíamos antes a Large Walking Figure I (Leeds) como su particular hombre que camina; efectivamente, Giacometti y Rodin se cuentan entre sus referentes, además de los mencionados escultores antiguos, de otras figuras de vanguardia como Picasso o Brancusi y de iconos de la música y la ficción de hoy, como Ziggy Stardust, de David Bowie, o Darth Vader, de George Lucas.
Los frutos de ese cruce de influencias con su propia mirada no pueden ser sino híbridos, un rasgo que, para Houseago como para Donna Haraway, es inherente a nuestros días. Como reza El manifiesto cyborg de la filósofa: A finales del siglo XX, nuestra época, una época mítica, todos somos quimeras, híbridos teóricos y fabricados de máquina y organismo; en resumen, somos cyborgs.



“Thomas Houseago. Esculturas”
C/ Castelló, 75
Madrid
Del 1 de mayo al 31 de octubre de 2026
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