Oscar Muñoz, el instante y la memoria

El artista presenta en la Fundació Sorigué sus mejores trabajos

Lérida,
Desmaterializacioes. Exposición de Oscar Muñoz en la Fundación Sorigué
Oscar Muñoz. Re/trato, 2004

Podríamos decir que esta exposición es el fruto de un flechazo, el que sintió Ana Vallés, directora de la Fundació Sorigué, cuando conoció la obra de Oscar Muñoz. Tras la adquisición de El coleccionista, en la última edición de ARCO, el siguiente paso era organizar una exposición con la que poder hacernos a todos partícipes de la impactante originalidad del trabajo de Muñoz, así como de su proceso creativo. Con este fin acaba de abrir sus puertas “des/materializaciones”, la muestra que hasta diciembre de 2018 podemos visitar en la sede de la fundación en Lérida, para la que se han  reunido catorce trabajos emblemáticos de su trayectoria. Esta es la primera vez que su obra se exhibe en un espacio museístico en Cataluña y cuenta con la particularidad de que ha sido el propio artista quien se ha encargado, junto a Ana Vallés, del comisariado y la selección de las piezas.

Como podemos apreciar en el recorrido por la exposición, en la obra de Oscar Muñoz (Popayán, Colombia, 1951) hay dibujo, poesía, técnica (y técnicas), innovación, diversidad de materiales y mucho de él mismo, a quien incluso vemos representado en varias ocasiones, algunas de ellas de manera casi irreconocible, ya sea por la fragmentación a la que somete su propio autorretrato en obras como Juego de las probabilidades (2007) o por situarse de espaldas al espectador, como sucede en El coleccionista (2014-2016).

La muestra nos recibe con Re/trato (2004), una de sus obras más conocidas y también más representativas del intento de situarse en ese preciso instante entre la materialización y el desvanecimiento. En ella vemos al artista intentando terminar un autorretrato en el que utiliza el agua como tinta, mientras que una losa de cemento al sol actúa como soporte. El retrato nunca se termina de hacer y en cada trazo es distinto, un claro ejemplo en el que se hace visible la idea de huella, memoria y desmemoria tan presente en su creación. En esta primera planta también encontramos otras piezas significativas como las de la serie Aliento (1995), retratos impresos en foto-serigrafía sobre espejos metálicos, cuya impresión se revela al respirar sobre ellos (y os invitamos a experimentarlo) introduciendo el autor un juego, tan fugaz como poético, por el que la imagen reflejada es remplazada por la que surge en el espejo, la de alguien ya desaparecido (pues son fotografías tomadas de obituarios) que retorna al presente gracias al soplo de vida del espectador.  Narcisos (1995-2009), un conjunto de seis retratos realizados con polvo de carbón y papel sobre agua y plexiglás, es otra de sus piezas emblemáticas y una especialmente importante para él, pues resume algunas de las preocupaciones que tienen que ver con la idea de fijación y de transformación en el tiempo. De ella, Muñoz dice: “los tres momentos del proceso de Narcisos –cuando el polvo toca el agua y se convierte en imagen; los cambios y transformaciones que sufren durante la evaporación; y cuando, finalmente, el polvo se adhiere al fondo– aluden para mi a tres momentos definitivos: la creación, la vida y la muerte”. Narcisos comparte sala con Juego de las probabilidades (2007), Píxeles (1999-2000) y Cortinas de baño (1985-1986).

Una pequeña sala adyacente nos ayuda a comprender mejor los procesos a través de bocetos, grabados, pruebas y material diverso que le ha servido para poner en práctica sus teorías. Significativa en su trabajo es también la manera en la que los elementos se encuentran. Agua, luz y fuego funcionan a la vez como metáfora, medio y soporte de la imagen, que le ayudan en su experimentación sobre la fugacidad y la  desmaterialización.

Desmaterializacioes. Exposición de Oscar Muñoz en la Fundación Sorigué
Oscar Muñoz. El coleccionista, 2014-2016

 

“He intentado con mi trabajo acercarme a ese instante crítico y decisivo de salvación o destrucción de la imagen; donde se fija o no, para formar parte del pasado”.

Las obras más impactantes se dan cita en la planta inferior. Nada más bajar las escaleras nos recibe El coleccionista, una proyección en cinco canales de vídeo, en la que vemos a un hombre (el artista) de espaldas, que reorganiza permanentemente una estantería con retratos que va colocando sobre papeles en blanco y que configura, de algún modo, su identidad. Son pequeñas historias, recuerdos personales, su propio universo de imágenes. La idea y lo que hace especialmente interesante esta pieza es que las imágenes están flotando, no tienen materialidad, son pura ilusión de luz. A pesar de que él las pone y las quita, no existen, no forman parte de un archivo documental sino de la memoria.

Con esta misma idea de inmaterialidad y memoria, encontramos Editor solitario (2011), Sedimentaciones (2011) y Biografías (2002), todas ellas muy llamativas. En el caso de esta última, las fotografías de personajes anónimos de la ciudad, procedentes de un archivo fotográfico adquirido por el artista, aparecen impresas en agua, igual que la serie de Narcisos, y les crea un proceso del tiempo por el que la imagen se va diluyendo hasta desaparecer por el desagüe y vuelve a aparecer cuando se llena de nuevo.

Exposición de Oscar Muñoz en la Fundación Sorigué
Oscar Muñoz. Biografías, 2002

 

La muestra se cierra con Fundido a blanco (2010), un vídeo de siete minutos en el que Muñoz propone un retrato que se desarrolla en el tiempo. Quizás una de sus obras más personales e íntimas.

El artista, todo un referente dentro del arte colombiano, cuestiona permanentemente la imagen fotográfica y su planteamiento. Como indica el Catedrático de Estética José Jiménez, gran conocedor de la obra de Muñoz, este interroga a la imagen, desarrollando un proceso de construcción y perdida de la misma. Mira al pasado y al futuro y se pregunta cómo podemos dar pervivencia a la imagen. Y en todo ese proceso hay un denominador común que es la huella.

Os recordamos que además de esta exposición, la Fundació Sorigué inauguró el pasado mes de octubre “Double Bind”, la instalación que Juan Muñoz realizó en 2001 para la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres y que ahora puede visitarse en PLANTA, el último gran proyecto del grupo Sorigué, que se completará en el futuro con la creación de un edificio diseñado por Ábalos + Sentkiewiczy para albergar la colección Sorigué de arte contemporáneo.

 

“Oscar  Muñoz. des/materializaciones”

FUNDACIÓ SORIGUE

Avda. del Alcaldé Pujol, 2

Lérida

Del 14 de diciembre de 2017 a diciembre de 2018

 

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