Documentos del pasado, censuras del presente, discursos del futuro

Los ganadores del último Inéditos presentan sus proyectos en La Casa Encendida

Madrid,

Diecisiete ediciones después del estreno de Inéditos, medio centenar de comisarios (algunos ya no tan jóvenes) han presentado sus proyectos en La Casa Encendida; hoy la directora de este espacio, Lucía Casani, ha dicho que es emocionante que convocatorias como esta perduren tanto en el tiempo. Recordamos: este certamen se dirige a comisarios residentes en España y menores de 35 años y anualmente se seleccionan tres, que exhiben sus propuestas en La Casa contando cada uno con una partida de 23.500 euros para su desarrollo. Entre los premiados en años anteriores podemos citar a Juan Canela, Ángel Calvo Ulloa, Luisa Espino, Irina Mutt, Emma Brasó o Neme Arranz.

Esta vez, un jurado formado por el director del CAMCO de Ginebra, Andrea Bellini; el comisario y artista Marco Roso y Ane Rodríguez, directora de Tabakalera, ha escogido entre los setenta proyectos que concurrían a Inéditos los de Ali A. Maderuelo y Julia Castelló (formando dúo), Rafael Berber y Lorena Saura Cuenca, y sus ideas se materializan ahora en este centro, en una muestra que se abre al público mañana y podrá visitarse hasta septiembre.

A grandes rasgos, podemos decir que el proyecto de Maderuelo y Castelló, en la Sala A, quiere replantear la definición de lo documental en el arte, en un tiempo actual en el que la avalancha de imágenes puede que haya situado su credibilidad en horas bajas, mientras que el de Barber, en la Sala B, aborda nuestra idea de futuro (no el porvenir en sí, sino nuestras construcciones mentales sobre él) y Saura Cuenca (Sala C) ha elegido rendir homenaje a los artistas que entre los sesenta y los noventa emplearon su propio cuerpo para denunciar censuras y represiones.

Ali A. Maderuelo y Julia Castelló nos presentan “No puede hablar por sí mismo”, una exposición en la que han buscado probar que lo documental en el arte, a día de hoy, no tiene como único hogar la fotografía. Partiendo de la tesis del teórico Thomas Keenan de que, si admitimos que un documento no puede comunicar per se sino a partir de los múltiples debates o interpretaciones que genere (el territorio del mapa), podemos trazar nuevas rutas, otras redes, afirmaciones y políticas; ellos han conducido el género hacia la performance, el sonido, la escenografía, los tejidos o los archivos digitales.

En su sala destaca el tapiz que componen las iconografías que los presos que pasaron por la cárcel Modelo de Valencia desplegaron en sus paredes, contando los días que quedaban para su salida o plasmando signos de su añoranza del exterior. Es obra de Patricia Gómez y María Jesús González, dos artistas que, desde hace más de quince años, trabajan rescatando la memoria de espacios abandonados, registrándola. También Fonemas en conflicto, un proyecto de Lawrence Abu Hamdan que pone de relieve los arbitrarios procedimientos elegidos en ocasiones para determinar los inmigrantes que merecen asilo y los que no. En Utrecht, este autor examinó el caso de doce somalíes a quienes se sometió a un análisis de acento para comprobar, alocados algoritmos mediante, si la nacionalidad que ellos afirmaban tener se correspondía con la que el dispositivo informático establecía.

De “No puede hablar por sí mismo” también forma parte Excrecencias, una grabación que El niño de Elche ha llevado a cabo, específicamente para Inéditos, registrando los materiales que toma como punto de referencia para crear su música; El buscador, de Mario Santamaría, una pieza que geolocaliza fosas franquistas aún no exhumadas a partir de mensajes de Google, y Escucho los grillos, un habitáculo de suelo inestable diseñado por Tamara Kuselman en el que un esquemático cuerpo propone una coreografía para trasladar a la piel memorias personales, relacionadas con vivencias de su madre durante la dictadura militar en Argentina (fue secuestrada en 1977).

A nuestro juicio, la de Maderuelo y Castelló (ambos nacidos en los noventa) es la muestra más original de las tres, y no solo desliga lo documental de técnicas concretas sino que, en la estela de Enwezor, incorpora debates paralelos sobre las ambigüedades y desconfianzas que puede suscitar cualquier representación de lo real que quiera asimilarse a la verdad.

Tamara Kuselman. Escucho los grillos, 2016. Cortesía de la artista
Tamara Kuselman. Escucho los grillos, 2016. Cortesía de la artista

La propuesta de Rafael Barber se titula “Regreso al futuro”, como la película de Zemeckis que se estrenó justo el año en que él nació. El comisario nos sugiere recorrerla trazando un óvalo en la Sala B, para comenzar y finalizar con proyecciones, la primera, de Ibon Aranberri, dedicada al Discurso del Estado de la Unión de Reagan en 1986 -tras el episodio de la explosión  del Challenger- y la última, de Luis López Carrasco, sobre otro discurso: el que unos años antes había pronunciado aquí Felipe González cuando ganó sus primeras elecciones, en 1982.

Maneja Barber la idea de que nuestra visión del futuro está condicionada por el neoliberalismo imperante en lo económico e incide, a su vez, en que ese mañana en el que no necesitaríamos carreteras y con el que nos decían que debíamos comprometernos, abandonando la apatía, es ya presente y es más bien oscuro y polvoriento.

De “Regreso al futuro” forman parte Bodybuilding, un vídeo de Hanna Black que enlaza rascacielos, aviones y cuerpos musculados como promesas de esa manida noción de un futuro mecanizado y artificial y The role of unintended consequences, un sofá inspirado en el modernista de los Eames pero proyectado a futuro, pensado para poder ser desmontado y transportado a cualquier parte, no para ser confortable.

De materias personales se nutre la casa que muestra Ludovica Carbotta en The original is unfaithful to the translation, la reproducción de las estancias donde ha vivido en los últimos dos años construida a partir de sus recuerdos. Esa instalación se completa, o activa, con vídeos que proponen ficciones que podrían tener lugar en esas habitaciones. También de vivencias se nutrió Iván Argote en Redish Blue Memories, un vídeo sobre sus comienzos como activista político que nació de una fotografía y que le sirvió para recordar que Kodak manipuló sus tecnologías para evitar, durante la Guerra Fría, que las imágenes cuando envejecen se vuelvan rojas. La firma consiguió que se hicieran azules.

Eva Fábregas. The role of unintended consequences (Sofa Compact), 2016. Cortesía de la artista
Eva Fábregas. The role of unintended consequences (Sofa Compact), 2016. Cortesía de la artista

Por último, el proyecto de Lorena Saura, titulado “Cuerpo presente. Censura y performatividad”, reúne trabajos de figuras clásicas del arte español que, entre los sesenta y los noventa, durante el franquismo o bien entrada ya la democracia, utilizaron el propio cuerpo para plantear reivindicaciones feministas (Àngels Ribé, Esther Ferrer, Olga L. Pijoan y Fina Miralles), para demandar la visibilización y normalización de la homosexualidad (Nazario, Pérez Ocaña), protestar ante la marginación de los enfermos de sida (Pepe Espaliú) o para, simplemente, reclamar el fin de la censura, impuesta o sobrevenida, en lo relativo al cuerpo y al sexo (Juan Hidalgo, Costus, Gonçal Sobrer).

Se trata en su mayoría de artistas y trabajos bien conocidos, pero su selección para adecuarse a los propósitos de la comisaria (reflexionar sobre la pervivencia de tabúes y sobre una autocensura que entiende como más peligrosa que la censura a secas) es más que correcta, incluso didáctica, y tiene resultados poéticos. Quizá los descubrimientos vengan de la mano de las series fotográficas Vestirse y Lengua de Pijoan, en las que esta artista – cuya trayectoria como tal solo duró cuatro años, a principios de los setenta -reclama el fin de la objetualización del cuerpo femenino y del silenciamiento de la mujer, y el happening Danza del fusilamiento de Sobrer, dedicado a un preso asesinado en Poble Nou que, en sus últimos momentos, tarareó el fragmento de la ópera Tosca en el que Mario Cavaradossi era ejecutado. También podemos escucharlo, junto a las imágenes, en La Casa Encendida.

Olga L. Pijoan. Lengua, 1973. Colección particular, Lleida
Olga L. Pijoan. Lengua, 1973. Colección particular, Lleida

 

 

“Inéditos 2018″

LA CASA ENCENDIDA

Ronda de Valencia, 2

Madrid

Del 8 de junio al 16 de septiembre de 2018

 

 

 

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