Hessie, collages como vestigios de vida

El MUSAC abre cinco nuevas exposiciones

León,

Este pasado fin de semana, el MUSAC de León ha abierto al público cinco nuevas exposiciones que comparten algunas afinidades temáticas: el análisis de lo que implica la pertenencia a la tierra, el desarraigo o la actual noción de patriotismo son algunas de ellas. Podrán visitarse hasta octubre o noviembre; se trata de muestras individuales dedicadas a Hessie, Juan Dávila, Núria Güell y Marta PCampos y de la exhibición colectiva “Refugio contra la tormenta. Miradas al exilio desde la Colección MUSAC”. Hoy comenzamos hablando de la antología de Hessie y en próximos días desgranaremos el resto.

Es muy posible que no hayáis oído hablar de esta artista y que tampoco os suene su nombre real (Carmen Lydia Djuric), porque apenas es conocida en nuestro país y tampoco fuera ha sido su obra suficientemente estudiada. Nació en Cuba en 1936; siendo muy joven, a finales de los cincuenta, se trasladó a Estados Unidos, y desde 1962 y hasta su muerte, el año pasado, residió en Francia, en el molino normando de Hérouval, donde pudo encontrar un refugio muy apto para crear, seguramente la habitación propia de la que habló Virginia Woolf.

Hessie. Slip de Dado, 1970. Cortesí a   de  Galerie  Arnaud  Lefebvre
Hessie. Slip de Dado, 1970. Cortesía de la Galerie Arnaud Lefebvre

Allí residió junto al artista yugoslavo Dado, al que había conocido en Nueva York, y ambos convirtieron el lugar en espacio de reunión de artistas, coleccionistas y comisarios (a uno de ellos, a Daniel Cordier, había pertenecido este molino antes). A finales de la década de los sesenta, Hessie comenzó a trabajar allí en una producción absolutamente personal: utilizaba materiales cotidianos y sencillos (pelo, polvo, telas, hilos, e incluso juguetes) para crear collages y bordados que querían transmitir, sobre todo a las mujeres, un mensaje de supervivencia; ella misma se encargó de bautizar su obra como Survival Art.

Esos trabajos la convirtieron en Francia en una figura señalada del panorama artístico de los setenta; los presentó en exposiciones frecuentes en galerías como Yvon Lambert, Beaudoin Lebon o Iris Clert. Su primera muestra individual tuvo lugar en el A.R.C. y se llamó, precisamente, “Survival Art”. Corría el año 1975, y en el siguiente participó Hessie en una colectiva importante: “Combative Acts, Profiles and Voices”, en la A.I.R. Gallery de Nueva York, y en 1978 presentó nueva monográfica, esta vez en Suecia, en el Konsthall de Lund.

Eran años en que la artista conjugaba su labor creativa con su compromiso con el movimiento feminista en auge entonces, aunque no debamos disociar las dos facetas. Participó en reuniones del Movimiento de Liberación de la Mujer y organizó actos y exposiciones en el estudio con que contaba en París. Pero aquel periodo de lucha social y creativa se diluyó parcialmente en los ochenta y con él decayó también la atención pública que Hessie suscitaba. Su redescubrimiento comenzó a fraguarse en 2009, cuando dos de sus obras (donadas por Daniel Cardier al Pompidou y ahora cedidas a Les Abattoirs – Frac Occitanie Toulouse) formaron parte, en el museo parisino, de la muestra “Elles@centrepompidou”. En 2016 repitió en la Fondation Hermès de Bruselas y la actual muestra que ahora acoge el MUSAC, coproducida por Les Abattoirs, llega un año después de su muerte.

En León podemos ver un centenar de trabajos acompañados de vídeos y documentales y estructurados en once secciones: algunos pertenecen a sus series en tela, papel, bordados y collages de sus inicios y otros los llevó a cabo Hessie poco antes de morir, específicamente para que se expusieran en el MUSAC. Pueden evocar, algunos, la estética del minimalismo, por su simplicidad, o la del Arte Povera, por el tipo de materiales que emplea, e incluso comulgar con los principios del Soft Art, el Process Art o del colectivo Support/Surface, pero obedecen, sobre todo, a un estilo propio: el de una mujer que buscaba que su arte, como ella misma, se sobrepusiera a las destrucciones, que transmitiera, especialmente a las mujeres, un mensaje de resiliencia, y que fuera reflejo de vida: por eso es parcheado cuando es necesario y no se destruye aunque tenga que ser restaurado (en varias obras se aprecian las huellas del incendio de su molino y del agua que lo sofocó).

Hessie. Sin título, 1968-1970. Cortesía de la Galerie Arnold Lefebvre
Hessie. Sin título, 1968-1970. Cortesía de la Galerie Arnold Lefebvre
Hessie. Puntas cosidas, 1973-1976. Cortesí a   de  Galerie  Arnaud  Lefebvre
Hessie. Puntas cosidas, 1973-1976. Cortesía de la Galerie Arnaud Lefebvre

A su llegada a Francia, sabemos que ejerció gran influencia en el trabajo de Hessie el descubrimiento de la Maison Picassiette de Raymond Isidore y el hallazgo de un calcetín blanco zurcido con hilo blanco en el Museo de Artes Decorativas de París. Había pertenecido a un monje y conmovió a la artista hasta tal punto que fue probablemente entonces cuando decidió convertir la costura en la actividad que le permitiera sublimar su vida de mujer establecida lejos de su país y de la ciudad, pareja del gran artista que fue Dado y madre de cinco hijos.

En el MUSAC podemos ver botones de coser cosidos a lienzos que forman prácticamente constelaciones, ojales sobre la tela trazando formas geométricas o letras (no hay que confundir el mensaje de reparación subyacente tras sus incisiones con el de apertura de nuevos espacios que proponía Fontana) o tejidos moteados de puntadas hechas con hilos de colores intensos. Podrían remitir a los senninbari japoneses, que se entregaban a los soldados antes de ir a la guerra como amuleto de protección, un significado que enlaza con el del “Survival Art” de la artista.

También obras textiles tempranas en las que los puntos de zurcido crean formas accidentales de aire orgánico (de ahí el nombre, Bacterias, de una de sus series); después ganarían en complejidad para generar Vegetaciones: rizos, lazos, líneas flotantes ajenas a la gravedad e inspiradas en su cotidianidad y sus vivencias internas.

Ya en estos trabajos se aprecia una dualidad que marcará el conjunto de la producción de Hessie en adelante: la conjunción de lo sistemático y lo aleatorio, el azar y la obsesión. A veces, la repetición de motivos abstractos daba lugar a crípticos alfabetos, como los presentes en la serie Escrituras o en Bâtons pédagogiques. Datan de principios de los setenta; unos años antes había hecho su aparición el colectivo Art & Language y la cubana no se mantenía ajena a los cuestionamientos contemporáneos sobre el rol del acompañamiento teórico del arte contemporáneo, pero ella prefería que su obra no requiriese de él por su fuerza expresiva propia.

Cada una de sus piezas es un cosmos textil individual en el que lo textual, cuando aparece, surge de una necesidad espontánea de lirismo, no de mensajes vertebrados y concretos que dirija al espectador. Decía: La escritura lineal poema de nudos donde la memoria desgrana como un rosario a través del tiempo; eternidad de gestos que abarca los mundos multiplicados por el deseo de sobrevivir – videntes y no videntes se juntan en un llamado a los sentidos táctiles.

Aquel interés por las letras condujo a la autora a abandonar -solo por un tiempo, en 1978- las agujas en favor de la máquina de escribir: sus letras dactilografiadas sobre telas de algodón suponen la unión de dos técnicas vinculadas aún a la mujer, como la textil (en lo artesanal y doméstico) y la dactilográfica (en lo tecnológico y laboral). Mediante signos repetidos, Hessie compone poemas experimentales que recuerdan a los del arte concreto brasileño y que pueden ser vistos y sentidos, pero no escuchados. Letras, puntos y comas trazan sus series Árboles en devenir y Paisajes Máquina.

Hessie. Sin título, 1968-1970. Cortesía de la Galerie Arnold Lefebvre
Hessie. Sin título, 1968-1970. Cortesía de la Galerie Arnold Lefebvre

A continuación, nos enseña el MUSAC sus collages, que comenzó a llevar a cabo a principios de los setenta y que constituyen un inventario, tanto de su cotidianidad, como de sus visiones del mundo. Camisas, trozos de plástico, restos de embalajes de cartón… remiten a tareas y placeres de su vida diaria y a deseos e imaginaciones personales. En algún caso parecen responder a indagaciones estéticas en relación con el espacio, pero lo habitual es que compongan vestigios de vida, porque su día a día era su gran fuente de inspiración.

Una de sus series fundamentales, Rejillas, nació precisamente tras construir Hessie una jaula que albergara unas gallinas que le habían regalado. Las suyas, bordadas, evocan telas de araña o redes pesqueras y cubren superficies a modo de protección o de prisión: son múltiples sus lecturas.

Hessie. Déchets  collages  grillages   (No.  Inv.  144), 1978-1979.
Hessie. Déchets collages grillages (No. Inv. 144), 1978-1979. Cortesía de la Galería Arnaud Lefebvre

 

Hessie. “Survival Art”

MUSAC. MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE CASTILLA Y LEÓN

Avenida de los Reyes Leoneses, 24

León

Del 9 de junio al 14 de octubre de 2018

 

 

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