El rebobinador

Minimalismo: por qué la simplicidad de la forma no equivale a la de la experiencia

El movimiento minimalista transformó en los sesenta la concepción de la relación de la obra de arte con el espacio presupuesta por la escultura de la vanguardia clásica. Se producen cambios en los espacios expositivos, en los que ahora predominan paredes blancas desnudas y grandes salas, dado el gran tamaño de los objetos minimal.

MINIMALISMO Y ESPACIO

Estos objetos, o bien estaban realizados para un tipo de espacio determinado (esquina, pared) o bien intervenían en la percepción del espacio en que se inscribían. Pueden determinar, además de la experiencia visual del espacio, su habitabilidad.

A veces el espacio de la exposición llama la atención sobre sí mismo, por su extrema neutralidad o por el contraste que establece con las obras; otras veces es fondo evidente y buscado de las piezas, como ocurre en el caso de Carl Andre. En otras ocasiones, el espacio forma parte de la obra y es traído a la conciencia perceptiva por ella. Podemos decir que toda obra de arte modifica más o menos la percepción del espacio circundante, pero las minimal lo hacen intencionadamente como parte de su contenido. La conexión entre obra y espacio es propiciada por el tamaño o la colocación del objeto. En definitiva, el espacio es en el Minimalismo el lugar en el que se produce el encuentro entre sujeto y objeto y la experiencia de la obra.

Minimalismo. Obras en la exposición de Carl Andre en el Palacio de Velázquez: "La escultura como lugar". Museo Reina Sofía
Exposición de Carl Andre en el Palacio de Velázquez: “La escultura como lugar”. Museo Reina Sofía

 

LAS FORMAS MINIMALISTAS

La mayoría de las obras minimal son poliedros regulares, aislados o en serie, de apariencia pobre o industrial, colores brillantes o apagados, materiales opacos o transparentes, o incluso construidas con ladrillos, neones o contrachapado; en definitiva, se trata de objetos geométricos simples elaborados con toda clase de materiales que carecen de la llamada “verdad del material” y de la neutralidad de los medios artísticos subordinados a los procesos creativos del artista. No poseen una forma significante que los separe del resto de objetos del mundo y los convierta en artísticos.

Podríamos decir que la única propiedad pertinente a la hora de hablar de los objetos minimalistas es la objetualidad: la experiencia de una obra de arte es la de un objeto físico y su tamaño, forma y orientación en el espacio. El objetualismo minimal se manifiesta como afirmación de la escultura y de los materiales, propiedades y procedimientos que le son propios y como antipictorialismo o anti-ilusionismo.

Tanto la escultura minimalista como la vanguardista tienen en común su reivindicación de las convenciones de la escultura, pero difieren en el mayor e indirecto protagonismo dado al espectador en las obras minimal debido a su objetualidad; en la incidencia de la unidad y completud de la experiencia receptiva en las obras seriales, en la incidencia en la objetualidad por las acciones que la obra en suya (apoyar, contener, poner al lado) y en la mayor conciencia del espectador respecto a su lugar como perceptor: se requiere de él una actitud diferente.

A diferencia de la pintura o la escultura abstracta contemporánea, los objetos que se clasifican dento del minimalismo pueden ocupar cualquier lugar y su ubicación contribuye a su contenido, lo que erosiona en parte la autonomía de la obra de arte.

El Minimalismo influyó en el primer land art de Robert Smithson, Walter de Maria y Robert Morris y también en el primer arte público y site-specific de Richard Serra.

OBRAS FUNDAMENTALES

Minimalismo. Tony Smith. Die, 1962
Tony Smith. Die, 1962

Tony Smith. Die, 1962. Se trata de un cubo de acero negro y opaco, mudo y estático, que transmite inescrutabilidad y misterio. Su título, que significa a la vez dado y muerto, evoca la regularidad del primero y el silencio de lo segundo: la experiencia del objeto como tal no implica ausencia de representación. Color, material, tamaño y forma aluden a ese contenido en concreto: al ofrecernos un cubo impenetrable, frío y oscuro, Smith nos invita a considerar el carácter extraño de las cosas, también de las cotidianas, y nos muestra una visión de la muerte.

La simplicidad de las formas no equivale a la simplicidad de la experiencia: si el artista no comunicase nada personal a través de la obra, tampoco contribuiría a su significado y se perjudicaría la primordial objetualidad.

Robert Morris. L-Bearns, 1965. Consta de tres vigas en forma de L aparentemente iguales. Su distinta colocación hace que tengamos imágenes distintas de cada viga desde un punto de vista único. La experiencia de la obra minimal exige percibir la diferencia que provoca la perspectiva y la igualdad de la forma.

Robert Morris. Cubos aplastados, 1965. La buena forma se hace presente en el alejamiento de ella: percibimos la forma real de los objetos y somos conscientes de su desviación respecto al cubo regular. Se pone de relieve la relación corporal del espectador con el espacio y el carácter envolvente de este. Toda la obra de Morris está guiada por la idea de acción, del movimiento intencional humano sobre los objetos y la producción de significado.

Obras de arte minimalista. Robert Morris. L-Bearns, 1965
Robert Morris. L-Bearns, 1965

 

Para Donald Judd, el objeto y no sus cualidades formales conforman el contenido de la experiencia estética, que consiste fundamentalmente en la percepción global de aquel. El objeto, como obra de arte, no ocupa un lugar neutro sino un lugar percibido por un sujeto y amueblado por objetos que, junto a él, determinan la experiencia.

Obras y autores minimalistas. Donald Judd. Untitled, 1980
Donald Judd. Untitled, 1980

Judd subrayó la indivisibilidad del objeto y sus cualidades, sin que éstas tengan que ser mínimas o neutras, y afirmó la objetualidad del arte haciendo difícil separar las propiedades del soporte y sus cualidades. Dio importancia al color, el brillo o la textura y concibió el espacio como un material más de la escultura, del que quiso hacer consciente al espectador.

Construyó su obra con materiales que llamó “específicos”, como aluminio, cuero o plexiglás, no identificables a priori con lo artístico y que permitían la total integración de color, materia y textura. Utilizó formas sencillas que posibilitaban la rápida identificación del contorno del objeto y la forma de la obra.

La pared no forma parte de sus trabajos ni es su fondo, sino que sirve a la obra como soporte y señala un espacio. Se elimina el ilusionismo: las cualidades que se perciben no engañan sobre las reales.

Las obras de Judd se perciben con una sola mirada, en ese sentido y solo en ese son más pictóricas que las de sus compañeros minimalistas. No predominan unos elementos sobre otros: la experiencia es lo que da unidad a la obra, no la articulación de elementos dentro de ella.

Al contrario que en las obras de Morris, el espectador de Judd no se hace consciente de su presencia corporal en el mismo espacio de la obra y permanece como puro observador.

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