El rebobinador

Pieter de Hooch contra el ojo vago

Uno de los pintores holandeses que con mayor virtuosismo desplegó interiores domésticos -no sólo por lo cercanos, sino por haberlos estudiado minuciosamente a partir de sus conocimientos de proyección arquitectónica y de la perspectiva, y quizá por su utilización puntual de la cámara oscura y la caja de perspectiva -fue Pieter de Hooch.

Miembro, como Vermeer, de la Escuela de Delft, sabemos gracias a documentación que se encontraba en esta ciudad en 1652, pero no conocemos exactamente dónde había residido antes (pudo ser Harlem o Rotterdam, para los historiadores) ni en qué fecha llegó. En ese periodo Delft vivía un tiempo de auge y habían recalado allí un buen número de artistas, entre ellos Emmanuel de Witte, Jan Steen, Paulus Potter o Carel Fabritius, uno de los discípulos más adelantados de Rembrandt.

La presencia de todos ellos en Delft permitió el afloramiento de la pintura de género, especialmente de interiores de iglesia, de vistas de la ciudad y de paisajes, pero hay que recordar que, en paralelo, éste también era un centro importante en el desarrollo de la óptica, gracias a científicos como Antoni van Leeuwenhoek.

Tres años después de que tengamos noticia de De Hooch en este enclave, en 1655, ya formaba parte de la Cofradía de San Lucas, a la que también pertenecía el mencionado Vermeer. No tenemos pruebas de su posible relación, pero dado que compartían organización, que en ese momento Delft tenía 30.000 habitantes y que su producción guarda evidentes lazos, es muy probable que mantuvieran contacto.

En este lugar permaneció De Hooch hasta 1660, cuando se trasladó a Ámsterdam, donde continuó realizando el mismo tipo de composiciones, pero avanzando en su estilo. Logró una clientela más rica y sofisticada que la de Delft, y tuvo que adaptar su gusto a ella: los ambientes sencillos de su primera etapa devinieron interiores más recargados y palaciegos, con individuos vestidos a la moda que muestran ricas telas, sedas y crepés.

Su éxito no fue largo por una crisis económica generalizada, y al final de su vida De Hooch recibió ingresos escasos. Desconocemos cuándo murió con exactitud: la última noticia suya documentada es el ingreso de uno de sus hijos en una institución caritativa, en 1679.

Pieter de Hooch. El armario de la ropa blanca, 1663. Museo Nacional, Ámsterdam
Pieter de Hooch. El armario de la ropa blanca, 1663. Museo Nacional, Ámsterdam
Pieter de Hooch. La sala del concejo del ayuntamiento de Ámsterdam, 1663-1665. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Pieter de Hooch. La sala del concejo del ayuntamiento de Ámsterdam, 1663-1665. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Aunque no trabajó, como dijimos, sólo en interiores, éstos sí constituyen la vertiente más difundida de su legado; en ellos es usual que aparezcan la dueña y sus hijos o alguna sirvienta, o bien caballeros militares que visitan a una o dos damas en escenas galantes alrededor de una mesa en la que se bebe, juega o interpreta música.

Se trata de interiores semejantes entre sí, pero también distintos: con elementos limitados generaba un número elevadísimo de combinaciones que, en todo caso, ponía al servicio de la representación de las tenidas por virtudes domésticas. Son estancias siempre en orden y sin mácula, en las que apreciamos muchas veces madres cuidando o amamantando a sus hijos, buscando sus piojos o dándoles de comer… Nos referimos a exaltaciones de la educación y de la ternura, del rol del ama de casa en el hogar y de la vida familiar que se emplazan en espacios siempre concretos y singulares, cuyos habitantes se afanan en ellos.

Muebles, objetos y elementos arquitectónicos, en unos y otros lienzos, se asocian, disocian y combinan, transmitiendo una impresión de verosimilitud y naturalismo evidentes.

Pieter de Hooch. Mujer con una niña en la despensa, 1658. Museo Nacional, Ámsterdam
Pieter de Hooch. Mujer con una niña en la despensa, 1658. Museo Nacional, Ámsterdam
Pieter de Hooch. Retrato de una familia tocando música, 1663. Cleveland Museum of Art
Pieter de Hooch. Retrato de una familia tocando música, 1663. Cleveland Museum of Art

Algunos expertos creen que tanto De Hooch como Vermeer podrían haber hecho uso de la cámara oscura, y de ahí que algunas figuras parezcan superpuestas en el espacio, como si hubieran sido recortadas y pegadas sobre el plano de la pintura, y la teatralidad y el encorsetamiento de ciertas composiciones. Sin embargo, en el caso de nuestro pintor, éstos son rasgos muy puntuales: sus interiores están dominados por la naturalidad y, en la mayoría de ellos, la evidente complejidad espacial remitiría a su buen dominio de la perspectiva, no requiriendo más ingenios ópticos.

Obliga De Hooch a nuestra mirada a encaminarse por diferentes habitaciones, a cruzar puertas, umbrales y ventanas. Raramente los suyos son espacios cerrados, juega el artista con la idea de la vista a través, con sucesivos personajes en planos secundarios.

Los matices de luz acompañan a la mirada en ese camino, porque las sombras de las primeras estancias, muchas veces iluminadas por una ventana lateral, dan paso más tarde a otras más luminosas. A veces son las intermedias las más iluminadas y, otras, la luz procede del fondo, rompiendo con esa tradicional regla pictórica de iluminar el primer plano, en el que se sitúan las figuras, y reducir el resto a penumbras.

En unas obras y otras, nuestro ojo ha de adaptarse a esos matices, no caer en la pasividad, de ahí que Marcel Proust, en Por el camino de Swann, comparase el transcurso de una composición musical con el modo en que nos adentramos en una pieza de De Hooch: Como en esos cuadros de Pieter de Hooch que adquieren profundidad por el estrecho marco de una puerta entreabierta, a lo lejos, con un color distinto, en la suavidad aterciopelada de una luz interpuesta, aparecía la frasecilla, bailarina, pastoral, intercalada, episódica, perteneciente a otro mundo.

Algunas veces, las puertas entreabiertas no nos conducen a interiores, sino a exteriores: calles, canales, torres de iglesia y, sobre todo, patios cerrados por paredes de ladrillo rojo. De Hooch, de hecho, dedicó al menos una docena de composiciones a esos espacios a medio camino entre la calle y la privacidad; probablemente no fueran copias fieles, pero sugieren realismo. Dos de ellos comparten una inscripción tallada en piedra, que se ha encontrado en una lápida procedente de un convento previamente demolido y que se conserva en el Museo Prinsenhof de Delft: Esto es en el valle del convento de San Jerónimo, hay que entregarse a la paciencia y a la resignación, pues tenemos que descender antes de ser elevados. Año 1614.

Como los interiores, estos patios destacan por su limpieza y su orden y cobijan estampas de dulzura; las figuras se emplean en tareas sencillas: desde untar mantequilla a rezar antes de ir a la escuela. Siempre en actitud de concentración: el mundo se detiene en cada tarea.

Pieter de Hooch. Señora y sirvienta con un cubo, 1660. Museo del Hermitage, San Petersburgo
Pieter de Hooch. Señora y sirvienta con un cubo, 1660. Museo del Hermitage, San Petersburgo
Pieter de Hooch. Bebedores junto al arco, 1658. National Gallery of Scotland
Pieter de Hooch. Bebedores junto al arco, 1658. National Gallery of Scotland

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Vermeer and the Delft school. Metropolitan Museum of Art, 2001

Charo Crego. Dentro. La intimidad en el arte. Abada Editores, 2023

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