El rebobinador

Cuando la belleza era objetiva y nació la teoría del arte. Las ideas estéticas de los pitagóricos, Demócrito, los sofistas y Sócrates

Praxíteles. Apolo sauróctonos, ss I-II. Musée du LouvreJunto al gran arte clásico griego, en los siglos V y IV a.C. se desarrolló una incipiente teoría del arte en cuya creación participaron también los artistas. Sus tratados transmitían conocimientos técnicos, experiencias prácticas y reflexiones generales sobre las reglas de la simetría (symmetria), los cánones y los principios estéticos.

Del legado de Sileno, Ictinos, Polícleto, Parrasio o Nicias podemos deducir que en el periodo clásico las obras se sometían a los cánones, se atenían a las proporciones matemáticas (aunque se produjera algún desvío) y abandonaron las tradicionales formas esquemáticas anteriores en favor de las orgánicas.

La suya era una estética de formas canónicas basada en la convicción de que existe una belleza objetiva y unas proporciones perfectas. Esa belleza objetiva consistía en números y medidas, pero la interpretación individual del artista contaba con su margen de libertad y las proporciones y escala humana fueron la mayor fuente de inspiración (el canon de Policleto expresa en números formas orgánicas).

La belleza del arte clásico deriva de la de la naturaleza y la clásica es una estética estática que prioriza el equilibrio y el reposo y atribuye más valor a la simplicidad que a la riqueza. Por eso nos referimos a la belleza clásica como espiritual y física, de forma y contenido, de unidad-alma cuerpo.

Hemos hablado ya de las ideas estéticas de Platón y Aristóteles, y esta vez vamos a referirnos a las de los pitagóricos, que formaban una comunidad de carácter moral y religioso, aunque realizaban también investigaciones científicas, sobre todo matemáticas. Surgieron en las colonias griegas de Italia y ese doble carácter científico y religioso de su actividad influyó en su pensamiento estético.

Concibieron la belleza como armonía y a esta como propiedad del cosmos. Según Filolao, se define como unión de dos cosas formadas por varias sustancias mezcladas, es decir, por un consenso de lo que disiente, la unidad entre diferentes; no es cualidad de una cosa particular y depende de medidas y proporciones, de números. Por eso consideraban la armonía de los sonidos como expresión del orden interno en la estructura de las cosas.

Según Filolao, la armonía se define como unión de dos cosas formadas por varias sustancias mezcladas, es decir, por un consenso de lo disidente

Busto de Pitágoras. Museo Capitolino, RomaEl cosmos (orden) lo entienden como el universo armónicamente construido. Cada uno de sus movimientos regulares emite un sonido armonioso, por lo que creen los pitagóricos en una consonancia general de todo el universo que estaría continuamente produciendo una “música de las esferas” que somos incapaces de percibir precisamente por su carácter permanente. Entendían los pitagóricos que la forma del mundo debía ser esférica, por ser la más regular y armoniosa.

La música seguía siendo para ellos el arte expresivo de la triúnica choreia (poesía, música y danza), pero observan que la danza y el canto afectan, no solo a quien las practica, también al espectador y al oyente. Comprendieron que, para sentir emociones intensas, no había necesariamente que participar en ellas, podía bastar con verlas.

La música -creían- puede actuar sobre el alma para mejorarla o corromperla. La vinculaban a la psicagogia (guía de las almas), concediéndole el poder de conducir a la psique al ethos o al pathos según se tratase de buena o mala música. Le atribuyen además un poder órfico de purificación de las almas y un valor catártico, ético y religioso que no concedían a ningún otro arte. El objetivo de la música, para Pitágoras y sus seguidores, no era únicamente proporcionar placer, sino sobre todo formar el carácter.

Otro concepto estético fundamental para los pitagóricos fue el de contemplación, que el mismo Pitágoras opuso al de actividad. La actitud del espectador era la contraria a una actitud activa. Según Diógenes Laercio, para Pitágoras la vida era como el juego: unos participan, otros comercian y otros solo miran. Esta última actitud era la que el filósofo consideraba más noble, pues no aspira a fama ni ganancias, solo al conocimiento.

La actitud contemplativa era la que Pitágoras consideraba más noble, pues no aspira a fama ni ganancias, solo al conocimiento

Consideran comprensible solo lo calculable, regular y claro. Solo lo comprensible es razonable y solo lo razonable podía ser bueno y bello. Lo irregular e ilimitado (el caos) era incomprensible e irracional y no podía ser ni bueno ni bello.

Platón sostuvo en Atenas la doctrina pitagórica, pero los representantes de la cultura jonia también asumieron la idea pitagórica de armonía. Heráclito, miembro de la primera escuela filosófica griega, observó en el mundo sobre todo la diversidad, mutabilidad y los contrastes (él dijo aquello de que nunca vemos el mismo agua en un río), pero también supo apreciar la unidad y armonía.

Precisamente dijo que la armonía más hermosa era la que procedía de la diversidad de sonidos, o de fuerzas opuestas. Puso como ejemplo el arco y la lira: disparan y suenan mejor cuanto mayores son sus tensiones y más divergentes las fuerzas que actúan en su interior.

A Demócrito, de la escuela atomista, no lo conocemos a raíz de sus escritos, porque se han perdido, sino a través de títulos o pequeños fragmentos que indican que teorizó sobre las artes plásticas y la poesía.

Manifestó la dependencia del arte de la naturaleza; hablando de la imitación de la segunda por el primero con el término “mímesis” (remedar a la naturaleza en sus modos de obrar). Sobre la influencia ejercida por el arte, decía que los grandes placeres nacen de contemplar las cosas hermosas, ligando los conceptos de contemplación, belleza y alegría. Como hedonista, valoraba el arte y la belleza desde el placer o júbilo que proporcionan.

También habló Demócrito de inspiración. Dijo que no podía existir buen poeta sin entusiasmo, sin cierto soplo de locura (furor), entendiendo que la creación poética procedía de un estado especial de la mente, distinto al normal. Estas ideas rompen con la tradición de los poetas que atribuían su creación a la inspiración divina y acabaron concerniendo a todas las artes, música incluida.

Meditó igualmente sobre los colores básicos a los que se podrían reducir todos los colores conocidos: blanco, negro, rojo y amarillo, y consideró que la música no figura entre las actividades primarias del hombre, pues no resulta de la necesidad sino del lujo; no es producto de la naturaleza sino de la invención humana. Esa postura era contraria a la tradición griega (y a tantas opiniones de hoy).

Sí apreció la medida en el arte y la belleza. Consideraba que si alguien sobrepasaba la medida, lo más agradable podía resultar lo más desagradable. Entendía como bella la simplicidad del adorno y reconocía la belleza espiritual tanto como la corporal: es incompleta cuando afecta solo a los sentidos o solo a la razón y no a los sentimientos.

Los sofistas, por su parte, maestros de adultos y filósofos sociales, se ocuparon sobre todo de la ética, el derecho y la religión, pero no renunciaron a abordar también cuestiones artísticas, que trataban de forma empírica, iniciando una corriente relativista y humanista. Ahondaron más en la teoría del arte que en la de la belleza.

Protágoras opuso arte a naturaleza y azar. Lo concibió como producto humano del que la naturaleza existe independientemente. Además, subrayó, no todo producto del hombre es arte: únicamente el intencional y realizado conforme a principios universales, no el casual. Veían más casualidad en la naturaleza que en el arte.

En cuanto a su división, distinguen entre artes útiles y artes que proporcionan placer. La escultura o la poesía nos alegran, pero, según su visión, no nos son útiles.

Y conciben la belleza como lo que produce placer por medio de la vista y el oído, definición que manifiesta su hedonismo y limita el concepto tradicional. Independizaron además la belleza estética de la moral, porque su definición no atañía a esta.

Conceden, en cualquier caso, relatividad al concepto, consecuencia de su convicción de que el hombre es la medida de todas las cosas, tomada de Jenófanes y Epicarmo.

De la diversidad y variedad de la belleza, Protágoras concluyó que esta era relativa, pero Gorgias, retórico próximo a los sofistas, y después Sócrates concluyeron que algo era bello cuando correspondía a su fin, introduciendo la idea de conveniencia. Esta convicción va en contra del anterior universalismo griego sobre la belleza, porque lo que resulta bello para una cosa puede no serlo para otra.

Los sofistas discutieron también qué era más importante, si talento o educación, para un artista. Isócrates opinó que el talento, pero para ello aconsejaba practicarlo. Protágoras creía que ambos eran necesarios: el arte no es nada sin ejercicio y viceversa. También se plantearon si en poesía era más importante forma o contenido.

Busto griego de Sócrates en el Musée du LouvreAdentrándonos ya en Sócrates, hay que decir que nuestra principal fuente sobre sus ideas estéticas son los Recuerdos de Sócrates de Jenofonte. Representa el polo opuesto a los sofistas: era adversario del relativismo en todo lo que no se relacionara con estética. Bien y verdad eran para él valores absolutos, pero sí veía elementos relativos en el arte.

Diferenció ya Sócrates los rasgos que distinguen, en general, las actuales Bellas Artes del resto de actividades humanas, y el suyo fue uno de los primeros intentos clasificatorios en ese sentido. Mientras el resto de artes crean objetos que la naturaleza no produce, pintura y escultura repiten e imitan lo ya existente en la misma; tienen un carácter imitativo y representativo.

Compartió con Parrasio ideas sobre la idealización: al reproducir figuras hermosas, no es fácil encontrar a un hombre en el que todo sea irreprochable. Reuniendo de muchos lo más hermoso de cada uno, se hace que parezcan hermosos los cuerpos enteros. Desde que nació en Grecia la idea de arte como representación, siempre estuvo vinculado a la idealización.

También entendió Sócrates que el arte no representa solo al cuerpo, también al alma. Puede ser seductor, dulce, amable, deseable y encantador (y se hace inevitable pensar entonces en sus contemporáneos Scopas o Praxíteles). Su noción de belleza espiritual se alejaba de la pitagórica: para Sócrates, la belleza no depende solo de la proporción, también de la expresión del alma. La belleza socrática es más próxima al hombre; la pitagórica, al cosmos.

La belleza socrática es más próxima al hombre; la pitagórica, al cosmos

Bello es lo que sirve a su objetivo y se adapta a su fin. Parece una tesis relativista, pero se aleja de los sofistas en que, para Sócrates, un escudo es bello cuando corresponde a su fin; para los sofistas, cuando conviene al gusto del que lo mira.

La belleza de la adaptación al fin Sócrates la llamó armotton (de la misma raíz que armonía) y los griegos posteriores, prepón. Los romanos la tradujeron como decorum o aptum y distinguieron entre dos tipos de belleza: pulchrum (cosas bellas por su forma) y decorum (por su objetivo o utilidad).

Para Sócrates, las buenas proporciones se caracterizaban por la medida y el ritmo; las llamaba eurrítmicas. Este término, junto a los de armonía y simetría, llegó a ser para los griegos básico para designar la belleza en sentido estricto.

 

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