El rebobinador

Platón y los problemas del arte

Busto de Platón, s IV d.C
Busto de Platón, s IV d.C

Platón no se ocupó nunca de la estética como tal, pues la teoría del arte no figuró nunca entre sus investigaciones; pero en La República y Las Leyes sí se refirió muchas veces a los problemas del arte y la belleza. Las cuestiones estéticas se entrelazan en su pensamiento con las metafísicas y éticas, que influyen sobre las primeras. En sus textos, por primera vez, belleza y arte quedaron incluidos en un gran sistema filosófico, idealista, espiritualista y moralista.

LA BELLEZA NO ES SOLO SENSORIAL

En El Banquete se refirió a la BELLEZA y la alabó como algo por lo que merece la pena vivir, pero entendiéndola en el sentido amplio en el que la concebían los griegos y no solo referida a objetos materiales, sino también a materias psíquicas y sociales, caracteres y sistemas políticos, la virtud y la verdad. Es bello todo lo que causa admiración, no solo a los ojos o a los oídos: Platón manejaba un concepto de belleza muy amplio que abarcaba a la vez valores estéticos, cognitivos y morales, la justicia, las buenas costumbres, la ciencia, la virtud…

Si nos fijamos, esta idea de lo bello difiere muy poco del concepto de bien. Platón equipara la belleza a la verdad y la bondad, sin elevarla por encima de ellas.

En un diálogo de Hipias, el filósofo tomó en consideración cinco definiciones de lo bello: lo conveniente, lo útil, lo que sirve para lo bueno, lo que da placer a vista y oídos y la grata utilidad. En resumen, Platón acepta la definición de Sócrates de que lo bello es lo conveniente (lo apto para su fin) pero la somete a dos objeciones: según la primera, lo que es adecuado puede ser un medio para llegar a lo bueno, pero no constituye lo bueno en sí mismo, mientras que lo bello siempre es bueno, y según la segunda, entre los objetos, cuerpos y formas hermosos algunos los apreciamos por su utilidad, pero otros los valoramos en sí mismos, y a estos últimos la definición socrática se les queda corta.

Platón no aceptaba la idea, proveniente de los sofistas, de que lo bello sea lo que produce placer a los sentidos, porque para él dicho placer no puede ser el rasgo que defina la belleza, al existir placeres no vinculados a ella.

El filósofo pretendía alcanzar una interpretación objetiva de lo bello; no se interesaba por lo que se entendía comúnmente por belleza sino por lo que esta es en sí misma. El placer, fugaz, no sirve como prueba de una cualidad permanente como es la belleza, que no se limita a los objetos sensibles sino que es propiedad objetiva de las cosas bellas.

Para Platón, no todo lo que nos gusta es bello de verdad, a veces solo lo aparenta

La prueba de la existencia de la belleza es un innato sentido de lo bello, y no un efímero sentimiento de placer. Para entendernos: no todo lo que nos gusta es bello de verdad, a veces solo lo aparenta. Existe una belleza verdadera contrapuesta a una belleza ilusoria.

Rafael. La Escuela de Atenas, 1511
Rafael. La Escuela de Atenas, 1511

La captación de lo bello es para Platón una particularidad del hombre que manifiesta nuestro parentesco con los dioses.

Asumiendo (aunque ampliándola) la concepción pitagórica de la belleza como orden, proporción y armonía, censuró el arte ateniense de su época por considerar que había perdido la medida y distinguió entre buen arte (el basado, precisamente, en la medida) y mal arte (el apoyado en las reacciones sensoriales y emotivas de los hombres), porque no consideraba las formas bellas superiores al contenido.

Defensor de la existencia de cuerpos y almas, de objetos sensibles y perecederos e Ideas eternas, creía Platón que la belleza no se puede limitar a los cuerpos, pues es propiedad también de almas e Ideas. La belleza espiritual es superior a la corpórea, pero no la más perfecta porque la belleza máxima se halla en la Idea, que es la belleza misma. Si cuerpos y almas son bellos es porque son semejantes a la Idea y el grado de belleza de las cosas depende de su mayor o menor distancia respecto a la Idea de lo bello.

ARTE Y BELLEZA: LA DISTANCIA

Y aquí viene lo mejor: Platón encontraba la mayor belleza en el universo, no en el ARTE, y en muchas de las artes, en realidad, no veía vínculo alguno que las uniera con la belleza. Mantenía la definición griega de arte como todo lo que el hombre produce con habilidad y para algún fin.

Hablando de artes, en La República las clasificó en artes que utilizan los objetos, artes que los fabrican y artes que los imitan. También en El Sofista realizó una división parecida; habló de Ktética como el arte de aprovechar lo que se halla en la naturaleza (pesca, caza) y de Poética como el arte de producir lo que no se encuentra en ella. Dentro de esta última, diferenció entre arte que sirve directamente al hombre, arte que lo sirve indirectamente y arte que imita.

En época de Platón, la escultura y la pintura comenzaban a representar la realidad, así que tenemos que hablar también de MÍMESIS. Surge la cuestión de si esa representación de la realidad por parte del arte se hace conforme a la verdad.

Platón entiende como mímesis la reproducción o repetición del aspecto de las cosas, y cree que el pintor o el escultor, al imitar al hombre, no crean otro hombre parecido, sino su imagen. Esa imagen pertenece a un orden distinto al del hombre real, pese a sus semejanzas. El artista crea una imagen irreal parecida a la realidad.

La característica esencial de las artes imitativas (pintura, escultura, música, poesía) es la creación de obras irreales. Una copia fiel no tiene valor artístico, pues solo es una copia del original, pero una imitación fiel es, aún más, una falsedad. Ya no es una imitación infiel sino una ilusión, un engaño.

Una copia fiel no tiene valor artístico, pues solo es una copia del original, pero una imitación fiel es, aún más, una falsedad

Lejos de ser la mímesis un rasgo esencial del arte, el filósofo creía que este cumplirá su objetivo cuando se libre del Ilusionismo.

Dos eran los objetivos básicos del arte para Platón: la utilidad, entendida en un sentido moral, como medio para formar el carácter, y la justedad: debía atenerse a las leyes que rigen en el mundo. La noción de justedad se refiere a lo oportuno, acertado, conveniente y sin desviaciones hacia los extremos. Cálculo y medida garantizan la justedad, por herencia pitagórica. Consiste en la disposición adecuada de los elementos de una obra, su orden interno, la conveniencia entre las partes y el todo.

¿Por qué condenó Platón el arte de su tiempo? Por aspirar la novedad y la variedad, por sus efectos subjetivos y sus deformaciones de la perspectiva y, ya lo hemos dicho, por su ilusionismo. Creía que representaba la realidad deformándola, proporcionando así una imagen ilusoria (mala mímesis). E incluso cuando no la deformaba (practicando una “buena” mímesis) representaba solo el aspecto superficial de las cosas.

Además –pensaba Platón- corrompía los sentimientos y los estimulaba cuando el hombre debía guiarse solo por la razón.

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