Epistolario (antes secreto) con la pintora Breza Cecchini

Por Susana Blas

 

“Déjame en el bosque, déjame en el risco, déjame vivir en mi libertad.”
Rubén Darío, “Los motivos del lobo” (1913)

Descubrí la pintura de Breza Cecchini Ríu (Oviedo, 1976) en el Museo Barjola de Gijón. De la mano de la comisaria Natalia García Fernández, visité “clandestinamente” “Por ventura un no sé qué” (2017), la muestra que, inspirada en los poemas de San Juan de la Cruz, habían presentado días antes. “Tienes que ver esto. Te va a llegar” –me repetía, Natalia, mientras ascendíamos las escaleras–. Hay que aclarar que esa tarde teníamos el tiempo limitado porque justo yo inauguraba en la capilla del museo un proyecto con Marina Núñez y el público esperaba.

Hoy, solo puedo celebrar que decidiera escaparme esos minutos. Mi encuentro con las pinturas de Breza fue transformador. Aquellas pinturas de rara belleza inmortal, antiguas e inquietantes, en las que los animales armonizaban con mujeres, niñas y seres alados, me hicieron viajar a un tiempo que no siendo mío, sentí que me pertenecía.

Tras la visita, felicité a la comisaria por el sutil relato que desplegó en la muestra y escribí a Breza para iniciar una correspondencia. Natalia García había definido las pinturas de Cecchini como “intensos apuntes emocionales” y estaba en lo cierto. Breza anota versos a pinceladas, y descubrí, cuando empezamos a escribirnos, que, con su manera de expresarse, trenza estrofas. No en vano, en un momento dado me escribe: “a veces vivo en versos, otras: soy cuento”.

El texto que ahora compartimos es una síntesis de nuestra correspondencia. Para cada pregunta Breza propuso una obra concreta. Aviso que está redactado con cierto tono amargo, por escribirse durante el momento de pérdida de un ser querido. (El diálogo es fragmentario. Pertenece a días y estados de ánimo diferentes de una conversación inacabada. Empezamos el 11 de mayo y se terminó el 14 de agosto).

SUSANA: Breza, contemplé tus cuadros en el Museo Barjola y sentí que ya te conocía. Cuando esto acontece, no deja de inquietar. Súbitamente “recuerdas” algo dormido. En particular, lo percibí delante del cuadro grande de los lobos en círculo. Esa pintura me transportó a otro plano… Diría que tus obras son “pulsadores”, capaces de despertar emociones ocultas.

BREZA: Pinto lo que soy, y cómo estoy. Las menos veces sigo un itinerario de viaje. Me salen al paso los caminos que son mi vida sincera. Emociones… Como un volcán, como una balsa y como los infinitos matices en medio.

Breza Cecchini. Sueño, 2017

SUSANA: ¿Desde qué estado de ánimo me escribes hoy?

BREZA: Emocionada por contestarte. Ahora, por primera vez, mi padre “fue” en vez de “es”. De otra manera no sé muy bien cómo estoy. Me vive la vida. Tal vez estoy mejor que nunca. Lloro y río. No deseo, no tengo miedo. Soy un corazón en un cuerpo que llega rendido al descanso todas las noches, que toca la tierra, ve el despertar de un niño y disfruta intercambiando pareceres con seres afines. Soy ganas de pintar y sueño.

SUSANA: Lamento mucho la pérdida de tu padre. Conozco bien el viaje del duelo. Es un largo camino que en gran parte se hace absolutamente sola, y que siempre trae una transformación interior.

FAMILIA Y FORMACIÓN

SUSANA: ¿Dibujabas de niña? ¿Cuál fue tu primer acercamiento a la creación? ¿Había interés en tu familia por las artes? ¿Conservas alguna obra o recuerdo de aquella época?

BREZA: Mi primer acercamiento al arte fue un premio de pintura que ganó mi hermano. Le dieron setenta y cinco ceras Manley de colores infinitos. Si bien no es mi primer acercamiento, si es mi primer recuerdo de fascinación. De niña pintaba y hacía muchas más cosas: tejía con agujas y telares. Estaba rodeada de talleres… Cambiaba los muebles de sitio en mis estancias una y otra vez y me gustaba cantar.

SUSANA: Tus padres son también artistas.

BREZA: Soy hija de un escultor y de una artesana y escritora. Un hermano de mi tatarabuelo fue el pintor José Uría, con obra en el Museo del Prado. Por parte de mi padre, también hay un escultor italiano, padre de mi bisabuelo, que vino para casarse con una asturiana. Desde tiempos antiguos hay mucho interés, respeto y admiración por las artes en la familia. La casa materna se quemó hace once años. Por ventura tengo hecho de niña un dibujo de esa casa.


SUSANA: ¿Tienes formación académica? ¿Han sido importantes en tu aprendizaje otros artistas amigos o conocidos?

BREZA: Estudié grabado y escultura en la Escuela de Arte de Oviedo, con disfrutadas horas de dibujo con modelo. La pintura la aprendí de un profesor un tiempo breve, y en cursos (como por ejemplo el de Albarracín al que fui un par de veranos) organizados por profesores de la Complutense, entre otros. En todo caso, el tiempo pintando a solas supera con mucho a las horas con docente. Compañeros, artistas amigos y conocidos fueron fundamentales en mi formación y también fueron importantes los cuadros que teníamos en casa. Tengo la suerte de conocer gente que admiro mucho que me mostraron sus formas de hacer, me dieron clases y me presentaron a la primera galerista con la que trabajé. El temperamento artístico es algo inevitable.

Hay profesores maravillosos y otros que hay que oírlos como quien oye llover. Me figuro que si te influye mucho lo que piensen de ti… te pueden dejar seco.

La naturaleza es la mejor maestra, belleza, belleza.

SUSANA: ¿Miras por tu ventana de casa y qué ves?

BREZA: Una naturaleza espléndida, las ruinas de un palacio como los de los cuentos… y caballos.

Breza Cecchini. En el jardín, 2017

INFANCIA, MATERNIDAD Y ANIMALES

SUSANA: ¿Qué es la infancia para ti?

BREZA: La infancia para mí es… ¡más larga que la vida!, dijo Ana María Matute, con la que estoy muy de acuerdo. Allí estoy también siempre.

SUSANA: ¿Y ser madre?

BREZA: ¿Ser madre? Tengo un niño que cumplió dos años en febrero. Casi sólo soy su madre de todo lo que era, seré y soy… Aún no sé qué es ser madre, en plena presencia.

SUSANA: Es obligado preguntarte por tus caballos y tus animales…

BREZA: ¡Oh, los caballos! Nací en una cultura de caballos y siempre estuve cerca de ellos. En casa, en la mesa, el argot suele ser ecuestre y la vida la explicamos también con los caballos de ejemplo. Mi abuelo y los hermanos de mi madre fueron jinetes profesionales. Aún me maravilla ver a mi tío Dado montando una potra preciosa a sus 78 años. No es extraña su presencia en mis obras, estando rodeada de quienes mirando a las nubes siempre ven caballos.

SUSANA: Y los lobos también tendrían un capítulo aparte. Ocupan un lugar destacado en tus pinturas. Diría que propones una identificación con ellos.

BREZA: El lobo estaba antes de tener yo uso de razón, recitando a Rubén Darío con mi abuelo. “El cordero… el cordero”. “¡El jardín puebla el triunfo de los pavos reales!”

Más mito que historia, a veces vivo en versos, otras soy cuento… También son personas en concreto. La mayoría de las veces tienen un significado en ese “estar”, de muerta de miedo a libre, estallidos que cuando se dejan pintar hacen que yo respire hondo. Mis animales humanizados, creo que podrán perdonarme.

LA PINTURA COMO MILAGRO, SER PINTORA

SUSANA: En este punto quizá ya podemos intentar contestar qué es la pintura.

BREZA: La pintura es un milagro. Lo que no es, es; y lo que es, no es. Todo puede pasar con la pintura. Es magia, sabe más de mí que yo. Es más yo que yo. Verdad. De las mayores verdades de mi vida.

Breza Cecchini, Autorretrato, 2001
Autorretrato, 2001

SUSANA. ¿Qué se espera de una artista, de una pintora?

BREZA: ¡Si supiera que contestar a esa pregunta…! El sistema artístico espera que seamos deportistas de alto rendimiento, coherencia, esfuerzo, orden y una carrera temprana… un montón de cosas que puede que no me interesen del todo. ¿Qué espera quién? ¿La sociedad? El arte escoge a uno, en mi caso sucedió solo, como encadenado con naturalidad en mi aplicación e interés. La imaginación fue más fuerte que el conocimiento y la esperanza triunfó sobre la experiencia. Soy un desastre con los dosieres y sufrí mucho por eso. Por no tener a veces más que una foto de móvil de algún cuadro que ya no está conmigo. Ahora ya no sufro por eso, apenas deseo, buena o mala suerte… nunca se sabe.

Cuando alguien cercano dijo: “me gusta” y tuve que contenerme y no decir: “te lo regalo”, supe que la cosa se había puesto seria.

SUSANA: ¿Cómo vives ser artista y mujer en un contexto tan machista como el de la creación?

BREZA: En verdad lo femenino no es obvio, y así nos ha ido y así nos va. A veces sufro más fuerte lo víctima que soy de este sistema y me siento fatal unos días, y ahí, en el cuadro se queda el cordero encima de la mujer con sus dos manos pilladas, de cuya boca brota sangre por no decir… o ella en un campo de corderos, ausente… y muchísimos otros. Así lo sobrevivo que a vivirlo no me atrevo. A esos arquetipos les tengo hecho casi de todo en pintura. Más de pincel en mano ¡Me siento a veces como la canción: “Soldadita de Bolivia”!

Me viene una imagen de un taller con María Moreno que dijo refiriéndose a la modelo que pintábamos: ”Se mueve mucho… sí pintan hombres se está más quieta”.

SUSANA: Qué curioso, sí. Da que pensar.

Breza Cecchini. Camino rojo, 2016-2017

EL AMOR ES MÁS FUERTE QUE LA MUERTE

SUSANA: Cómo gestionas la presencia de entidades “no corpóreas” junto a nosotros: formas fantasmagóricas, espíritus, ensoñaciones vívidas… que aparecen con claridad en tu obra.

BREZA: Creo en todo y sé que el amor es más fuerte que la muerte. Hay muchas presencias de mi firmamento en los sueños, y casualidades que me hacen elevar con fuerza los brazos al cielo. Siempre hay duendes que son los que acaban mis obras.
Por todo ello, me encanta pintar sobre todas las cosas, porque esas magias me miran desde el cuadro; y ellas y yo nos reconocemos.

SUSANA: Podrías elegirme algunos versos… para acompañar a tus cuadros.

BREZA: Por ejemplo, de San Juan De la Cruz, de “La oscura del alma”:
“Cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado”.

De Marina Romero:
“Me escuché.
Tan sola dentro de mí,
que salí fuera a llorar
y no lloré”.

En realidad, este encargo podría ser infinito. De “Las cinco meditaciones sobre la muerte de François Cheng”:
“Seguir al pez, seguir al pájaro. /Si envidias su paso, síguelos / Hasta el final. Seguir su vuelo, seguir/ Su nado, hasta llegar a ser/ Nada. Nada más que el azul de donde un día/ Surgió la ardiente metamorfosis, /El Deseo mismo de nadar, de volar”.

SUSANA: Qué inspiradores versos. Puro zen, simplemente “estar”, dejarse…

BREZA: Cómo me gusta que llueva de repente. ¡Albricias! Me gusta ver el cielo con negros nubarrones. Me llega refrescante, hoy que hay un calor loco por aquí. Perdona si me atasco, entre dar un polo al niño y otras distracciones. Entiendo que doy pie a la confusión.

SUSANA: Piensas mucho en él, imagino.

BREZA: Estoy bien de ánimo. Sueño con él de maneras increíbles. Hoy mismo soñé que no estaba muerto. Me lo creo por momentos.

 

Nota de Susana Blas:
La edición de esta conversación la terminé en un pequeño pueblo de la Republica Checa, en Bohemia del Sur, rodeada de abedules. (Curiosamente, “breza” en checo significa abedul, coincidencia que la artista y yo recibimos como una señal luminosa).

BIOGRAFÍA DE LA ARTISTA
En este link puede consultarse el catálogo de la exposición en el Museo Barjola de 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 respuestas a “Epistolario (antes secreto) con la pintora Breza Cecchini”

  1. Beatriz Del Río

    Gracias a las dos, Breza y Susana por seguir creando con las palabras haciendonos partícipes de tantas pinceladas de vida , puntos , pausas y exclamaciones sugerentes entre notas altas de luz que inspiran cercanía !! Fascinante Tu obra, Breza!!

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  2. Mariano Poyatos Mora

    Una entrevista donde la sinceridad es totalmente compartida sin rencor alguno. Gracias Susana Blas.

    Tendría que ser de culto, en un país donde la demanda para los trabajos plásticos es inexistente, aquí podemos leer en donde muchas artistas mantienen su ritmo y discurso creativo a pesar de los rigores, de ese entorno tan agresivo en los que este siglo les somete.
    Gracias Breza Cecchine por acercarnos a tu humanidad creativa…

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