El taller de restauración del Prado devolverá el esplendor al Calvario de Van der Weyden

 La pieza se conserva desde 1574 en El Escorial

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Madrid, 24/05/2011

El Museo del Prado y Patrimonio Nacional han suscrito un convenio de colaboración para llevar a cabo el estudio técnico y la restauración de El Calvario de Van der Weyden en los talleres de la pinacoteca madrileña.

 

La obra de Rogier Van der Weyden, uno de los artistas más sobresalientes del siglo XV en los Países Bajos, junto a Van Eyck, destaca por sus cuidadas composiciones, la elegancia de las proporciones y de las actitudes de sus figuras y el dramatismo de su gestualidad. El Calvario del Escorial se fecha hacia 1460 y fue realizado por el artista para donarlo a la Cartuja de Scheut, cercana a Bruselas. En 1555 se vendió a un comprador desconocido, aunque hay indicios que hacen pensar que pudiera ser Felipe II o quizás su tía, María de Hungría, y desde 1574 forma parte de las colecciones del Monasterio del San Lorenzo de El Escorial.

No es la primera restauración a la que se somete

A raíz de los cambios de ubicación que esta obra ha sufrido dentro del propio Monasterio y de su traslado a Madrid durante la invasión napoleónica, el estado de conservación  de El Calvario era bastante preocupante. Aunque la pieza ya fue restaurada en el taller del Prado entre 1945 y 1947 por Jerónimo Seisdedos, en aquel momento se trató sólo de una cuestión estética, de eliminar repintes. Ahora, es imprescindible una nueva intervención  que el equipo del Prado llevará a cabo conjuntamente con técnicos de Patrimonio Nacional y que irá precedida de un completo estudio previo. Nicolás Martínez-Fresno, Presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional, ha manifestado su satisfacción por este acuerdo de colaboración y ha señalado que la obra se encomendaba al “mejor taller del mundo de restauración de madera”. Por su parte, Enrique Quintana, jefe del taller de restauración del Prado, ha comentado que es indispensable preservar el soporte pero también la capa pictórica. De la primera parte se encargará José de la Fuente, quien ya se ocupara hace unos meses de la restauración de las tablas de Adán y Eva de Durero, y anteriormente de otras obras maestras como Las tres Gracias de Rubens o el Descendimiento de Van der Weyden. 

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Su principal misión será dar estabilidad a la pieza, de enormes dimensiones y formada por trece paneles de roble horizontales, para lo cual creará un chasis supletorio que le quite rigidez permitiendo el libre juego de la madera. María Antonia López  de Asiain  será la responsable de hacer aflorar el volumen de la pintura, de “devolverle la vida”, como lo ha definido Enrique Quintana.

 

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Los responsables de las instituciones colaboradoras observan la parte trasera de la obra, compuesta por 13 paneles de roble en disposición horizontal

 

Está previsto que estos trabajos (para los que se cuenta con el apoyo económico de la Fundación Iberdrola) se  prolonguen durante aproximadamente dos años y que, una vez finalizados, la obra se exhiba tres meses en el Prado antes de regresar a El Escorial. En la pinacoteca se reunirá con el Descendimiento la otra gran obra del pintor flamenco que se conserva en España.

Los restauradores emplearán en el estudio del estado de las capas pictóricas innovadoras técnicas de laboratorio (macrofotografías, reflectografías infrarrojas, análisis estratigráficos y radiografías). Posteriormente trabajarán sobre el soporte de madera de la pieza y será entonces cuando se inicie la restauración de la obra propiamente dicha, para ponerla en valor y remarcar su prestigio como una de las joyas de nuestro patrimonio. Así lo ha manifestado durante el acto Miguel Zugaza, quien también ha remarcado la importancia intelectual y científica del acto de conservar las obras de arte.

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