Carl Andre, la escultura como lugar

El Museo Reina Sofía abre su primera retrospectiva en España

Carl Andre: Escultura como lugar, 1958-2010

PALACIO DE VELÁZQUEZ

Parque del Retiro

Madrid

Del 5 de mayo al 12 de octubre de 2015, en el Palacio de VelázquezDel 6 de mayo al 28 de septiembre de 2015, en el Edificio Sabatini, planta 3

Madrid,

Tras su paso por el Dia:Beacon de Nueva York y antes de una extensa itinerancia que la llevará a Berlín, París y Los Ángeles, el Museo Reina Sofía abre esta semana una extensa retrospectiva del artista minimalista Carl Andre que puede visitarse tanto en el Palacio de Velázquez del Parque del Retiro (a partir de mañana) como en la tercera planta del Edificio Sabatini (desde el día 6).

Andre, estadounidense del 35, pertenece a la generación de artistas que se propusieron transformar, desde fines de los cincuenta y sobre todo en la década de los sesenta, las habituales relaciones entre espacio y obra de arte. Con ese fin diseñaron piezas de gran tamaño creadas para determinados tipos de espacio (esquinas, paredes) o para modificar la percepción de ese entorno en el que iban a mostrarse o su habitabilidad. Dado el gran formato de estos trabajos, comenzaron de forma natural a exponerse en lugares abiertos de paredes blancas que llamaban la atención del espectador por su acentuada neutralidad o por el contraste que se establecía entre esos espacios y las piezas. En concreto, en los proyectos de Andre es frecuente que el entorno sea fondo evidente y buscado de los mismos.

Está claro que toda obra de arte implica una transformación mayor o menor en la percepción del espacio circundante, pero en el caso de las obras minimalistas esa modificación es intencionada y forma parte fundamental de su planteamiento. Como podréis comprobar en la muestra del Reina Sofía, la conexión entre obra y espacio es propiciada por el tamaño o la colocación del objeto, aquí el Palacio de Velázquez, y la planta 3 del Sabatini, son lugares donde se produce el encuentro entre sujeto y objeto y la experiencia de la obra.

Carl Andre: Escultura como lugar, 1958-2010

“Carl Andre: Escultura como lugar, 1958-2010” consta de cuatrocientas piezas, fundamentalmente esculturas pero también series de poesía concreta y visual (el artista defendió el establecimiento de modos de creación nuevos y heterodoxos). Bajo el comisariado de Philippe Vergne y Yasmil Raymond, nos permitirá trazar un recorrido cronológico por las innovaciones que Andre fue introduciendo en su escultura a lo largo de medio siglo, sobre todo en relación a materiales y espacio y a su brillante concepción de la composición a partir de mínimas unidades, y presentará, por vez primera en veinte años, el grupo de objetos Dada Forgeries, relacionados con los ready-made de Duchamp, autor que fue, junto a Brancusi, una de sus grandes influencias.

La antología se articula en tres secciones: una primera dedicada a su escultura que podrá visitarse en el Palacio de Velázquez y otras dos, ya situadas en el propio Reina Sofía, centradas en su poesía visual (muy conectada con el resto de su obra, y a la vez eclipsada por ella) y en sus llamadas creaciones inclasificables: postales, objetos efímeros y los citados Dada Forgeries.

Carl Andre: Escultura como lugar, 1958-2010
Carl Andre: Escultura como lugar, 1958-2010

Paradójicamente, el Palacio de Velázquez, un edificio decimonónico y concebido para usos tan lejanos a exhibir piezas del cariz de las de Andre como ser sede de un Exposición Nacional de Minería, se ha convertido esta ocasión, gracias al montaje de la muestra y a las paredes blancas  instaladas en el Palacio cuando comenzó a albergar exposiciones del Reina Sofía, en lugar idóneo para que podamos apreciar el renovador concepto de composición del estadounidense, un método basado en el empleo de unidades muy pequeñas de materiales y en la concienzuda exploración del espacio.

Como el resto de creadores minimalistas, abordó también la estandarización de los materiales industriales, utilizó formas geométricas puras, trabajó a fondo la noción de site-specific y trató de eliminar al máximo la huella de la subjetividad del artista en las obras. Rompió además los principios en los que se basó la escultura anterior (unidad de volumen en un material modelado y elevado en un pedestal) para desarrollar trabajos a partir de unidades de materiales industriales sueltas e idénticas entre ellas susceptibles de ser ampliadas o recombinadas.

En ese sentido destacan sus “pirámides”, torres de madera ensamblada, en su mayoría perdidas. En el Palacio de Velázquez podrá verse una, elaborada inicialmente en 1959 y rehecha por el artista en 1970, Pyramid (Square Plan).

Dejando a un lado los principios de autonomía en el espacio y verticalidad, Andre quiso conferir a su producción una doble condición, como lugar y como incisión en el espacio capaz de sintetizar la evolución de la escultura en tres etapas: escultura como forma, escultura como estructura y escultura como lugar. En la muestra del Reina podréis pasear sobre sus squares and plains, áreas compuestas por losas metálicas a ras de suelo: no se trata tanto de objetos visibles como de escenarios, no son esculturas visibles sino puntos de observación. La experiencia del visitante es esencial.

Por su dominio del espacio, podemos considerar que obras como éstas no son ya autónomas por entablar diálogos con entornos arquitectónicos y por evocar en el espectador el contexto original donde se crearon: ocurre explícitamente en Neubrückwerk, que lleva el nombre de la calle de Düsseldorf donde fue primero exhibida, o de Breda, que, a través de sus cruces de caliza azul, remite al sitio de esa ciudad.

Uncarved blocks consta de una secuencia combinatoria de maderas sin alterar basada en las progresiones matemáticas, la geometría y el aprovechamiento del espacio y Lament for the Children se compone de un centenar de bloques de cemento colocados a modo de rejilla; es un ejemplo de cómo Andre utilizó cada vez una mayor diversidad de materiales (aluminio, grafito, hormigón…con conexiones medioambientales, políticas y económicas) en grandes superficies pero sin caer por ello en la monumentalidad.

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