Caillebotte, en el lienzo como en el jardín

El Museo Thyssen repasa su evolución

Madrid,
Gustave Caillebotte. Balcón, Boulevard Haussmann, 1880
Gustave Caillebotte. Balcón, Boulevard Haussmann, 1880. Colección privada

Es una de las figuras más interesantes del movimiento impresionista, pero también una de las más desconocidas, quizá debido a que su figura fue antes estudiada en sus facetas de coleccionista y mecenas (de Picasso, Degas, Renoir, Sisley, Monet o Cézanne, cuyos trabajos legaría en 1894 al Estado francés) que en la artística.

Para difundir su figura entre el público español, el Museo Thyssen-Bornemisza presenta, hasta el próximo 30 de octubre y bajo el comisariado de Marina Ferretti, la muestra “Caillebotte, pintor y jardinero”, que ha sido organizada en colaboración con el Musée des impressionnismes Giverny (Ferretti es su directora) y que cuenta con 64 pinturas cedidas por instituciones internacionales que repasan la trayectoria del artista, nacido en París, a través de cuatro secciones: El París de Haussmann, un universo mineral; Vacaciones en Yerres; El Sena y los viajes a Normandía y El jardín de Petit Gennevilliers.

Nacido en el convulso 1848 en el seno de una familia acomodada, recibía ya formación artística cuando se introdujo, a comienzos de los setenta, en el taller de Leon Bonnat y, siguiendo el camino trazado para tantos artistas de su tiempo, realizó en 1872 el preceptivo viaje a Italia, siendo admitido en la École des Beaux Arts solo un año después.

Pese a lo estrictamente académico de su formación, Caillebotte se interesó desde sus comienzos por temas que se alejaban entonces de los cánones, buscando hallar una vía personal para mostrar su interés por la naturaleza y las transformaciones de la ciudad en su tiempo. Esa innovación en las temáticas tuvo también su reflejo en las composiciones, en absoluto clásicas: sus puntos de vista suelen ser altos y también empleó perspectivas oblicuas para generar efectos visuales de tensión.

Quizá la obra de Caillebotte más fácilmente reconocible hoy por el gran público sea Los acuchilladores, representativa de la dureza de las condiciones laborales del tercer estado, un lienzo rechazado en el Salón en 1875 que motivó la entrada del pintor en el llamado bando de los independientes y que probaba también su interés por las temáticas urbanas. Esta obra se expondría en la segunda muestra impresionista, exposición que supuso también el inicio de las compras de Caillebotte a sus colegas de movimiento.

Gustave Caillebotte. Parterre de margaritas, hacia 1892-1893. Musée des impressionnismes Giverny
Gustave Caillebotte. Parterre de margaritas, hacia 1892-1893. Musée des impressionnismes Giverny

DE PARÍS AL VERGEL

En la infancia y primera juventud del artista, París fue objeto de una intensa remodelación urbanística con la que Napoleón III y el barón Haussmann proyectaron diseñar una ciudad más abierta, limpia y accesible. Aunque muchos contemporáneos se fijaron en el auge de sus cafés, boulevares y amplias avenidas, a Caillebotte le interesaron sobre todo sus gentes, protagonistas de la nueva ciudad cuyas formas de vida no cambiaron en tan breve tiempo como ella. El Thyssen nos enseña algunos de sus retratos de burgueses elegantes, obreros y pintores, un friso no continuo de las clases sociales que convivían en las remozadas calles de la capital francesa. Cuando representó la ciudad, en lienzos como El bulevar visto desde arriba o Balcón, Boulevard Haussmann, lo hizo subrayando sus tonalidades grises, transmitiendo su frialdad y la soledad de muchos de sus habitantes.

Aquellas visiones urbanas se contraponen en la muestra madrileña a las que Caillebotte dedicó a los alrededores de su residencia de Yerres, donde veraneó varios años. Su vasto jardín inglés lo representó en muchas ocasiones, y fue seguramente allí donde descubrió los placeres y posibilidades de pintar al aire libre trabajando en el reflejo de los efectos lumínicos sobre los estanques o en el horizonte. Remero por afición, retrató a quienes, como él, navegaban por el río Yerres, empleando un cromatismo vivo que contrastaba con su paleta parisina. Algunos de estos trabajos, veintiocho lienzos pintados en Yerres, los exhibiría en la cuarta exposición impresionista.

Gustave Caillebotte. Camino del jardín y macizos de dalias, Petit Gennevilliers, 1890-1891. Colección privada
Gustave Caillebotte. Camino del jardín y macizos de dalias, Petit Gennevilliers, 1890-1891. Colección privada

Aunque aquella finca familiar se vendió, Caillebotte nunca dejó desde entonces de deleitarse con las representaciones naturales: adquirió una propiedad en Petit Gennevilliers, donde puso en pie un jardín y un huerto a los que se dedicó con verdadera pasión, en una doble faceta de jardinero y pintor. Otra prueba de su laboriosidad e intereses diversos la encontramos en sus diseños de veleros, con los que llegó a ganar bastantes regatas.

Aunque siguió pintando vistas de París, progresivamente ganaron peso en su carrera los paisajes del propio Gennevilliers, los de Colombes y Argenteuil, elaborados desde premisas impresionistas, buscando el dinamismo y el riesgo en las marcadas perspectivas.

En verano viajaba Caillebotte a Normandía, donde pintó el mar desde una absoluta libertad, con pinceladas especialmente sueltas. Movido quizá por su amor por lo natural y por su cierto rechazo de la moderna vida urbana, decidió instalarse definitivamente en Gennevilliers en 1888, dedicándose desde entonces a ampliar y cuidar su huerto y su jardín (creó también un invernadero con calefacción).

Sus obras de entonces, dominadas por flores y jardines en primeros planos y colores potentes, decoraron su hogar, que concibió como prolongación del espacio natural circundante.

Gustave Caillebotte. Piraguas en el río Yerres, 1877. National Gallery of Art, Washington
Gustave Caillebotte. Piraguas en el río Yerres, 1877. National Gallery of Art, Washington

 

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