La brillantez del Rafael inmediato

El Ashmolean de Oxford exhibe 120 de sus dibujos

Oxford,
Rafael Sanzio. Cabeza de musa, 1508-1511
Rafael Sanzio. Cabeza de musa, 1508-1511

La historia del Ashmolean Museum de Oxford, a la que hace un tiempo dedicamos un rebobinador, nos ofrece uno de los casos más tempranos de colaboración popular para adquisiciones de obra: la colección del pintor Sir Thomas Lawrence, que llegó a atesorar una colección inigualable de dibujos de viejos maestros, se dispersó a mediados del s. XIX y el museo hizo un llamamiento público para tratar de sumar algunos a sus fondos.

Ese es el origen del medio centenar de trabajos sobre papel de Rafael que atesora el Ashmolean desde 1845, y el centro los exhibe ahora, junto a otras setenta piezas de colecciones internacionales, en una muestra que será difícil que vuelva a repetirse. Por su importancia, habrá itinerancia: en otoño la exposición viajará a la Albertina, museo vienés que aporta veinticinco obras al conjunto.

Hace treinta y cuatro años que no se exhibía al público una selección tan amplia de dibujos del artista, representativos de todas sus etapas, desde sus inicios en Umbría hasta el apogeo romano, pasando por sus años radicalmente creativos en Venecia. La exposición pretende transformar nuestra visión de Rafael reivindicando la inmediatez y la expresividad de su dibujo y dejándonos claro que el papel fue su campo de pruebas para estudiar las posibilidades de su pintura e indagar en sus propósitos compositivos de largo alcance.

Rafael Sanzio. Estudio para Caridad, hacia 1519
Rafael Sanzio. Estudio para Caridad, hacia 1519

 

Las expresiones de los rostros y los gestos articulados de las manos nos acercan a ese desafío logrado del “habla visible”

En estas obras Sanzio refinó sus ideas, manejó con enorme sutilidad los materiales, se deleitó -y es visible- en los procesos y se embarcó en desafíos más aventurados, en ocasiones, de los que llegó a mostrar en sus pinturas: así ocurre en su matizado Retrato de un santo juvenil (1505-1507), que destaca por su carácter enigmático y su evocación de formas escultóricas.

Fijaos también en los pliegues elaborados con tiza rojiza que rodean a la Virgen en sus Estudios para la Madonna de Francisco I (hacia 1518), detalles que no se materializarían en la obra pictórica acabada pero que permitían a Rafael reflexionar profundamente sobre el tema en el que trabajaba y desplegar su fuerza inventiva con más libertad.

Rafael Sanzio. Estudio de cabezas y manos de dos Apóstoles, 1515-1520
Rafael Sanzio. Estudio de cabezas y manos de dos Apóstoles, 1515-1520

Seguramente uno de los dibujos que más miradas logrará será su Cabeza de musa, perteneciente a una colección privada. Por su belleza y porque en 2009 rompió registros al subastarse en Christie´s: se vendió por 48 millones de dólares, cifra que dobló las estimaciones.

Otra de las obras fundamentales ahora mostradas al público es el sublime Estudio de cabezas y manos de dos Apóstoles (1515-1520), ligado a su retablo de La Transfiguración y considerado por algunos expertos el dibujo más importante del de Urbino. Ejecutado en tiza negra, ejemplifica la “elocuencia muda” que los artistas renacentistas aspiraban a lograr haciendo competencia a poetas y oradores: las expresiones de los rostros y los gestos articulados de las manos nos acercan a ese desafío logrado del “habla visible”. Podemos pensar que, a través del dibujo, Rafael descubrió un camino de acceso imaginativo a los sentimientos de los protagonistas sagrados de sus obras cuando responden a hechos perturbadores y son tocados por la luz divina.

Contemplando unos y otros trabajos reunidos en Oxford, podemos percibir hasta qué punto fue consciente Rafael del potencial expresivo del carbón, la tinta, las tizas terrosas… Su inteligencia creativa queda manifestada en la simplicidad, y su experimentación, en la combinación de trazos rápidos y pausados que nos hacen pensar que estas obras nacieron tanto de su memoria como de la reflexión instantánea.

Incluso cuando se encontraba en el momento cumbre de su carrera, siendo arquitecto papal y supervisor de excavaciones arqueológicas, no dejó Rafael a un lado sus dibujos, cada vez más refinados. Algunos, los más acabados, se los ofreció como regalo a mecenas de prestigio, entre ellos Alfonso d’Este, que supo comprender el valor autónomo de estas piezas. Sabemos que otro de sus dibujos, el poderoso Tres hombres de pie (1515), lo sometió al escrutinio de otro enorme dibujante, Alberto Durero, defensor de “la mano libre”, de dar su espacio a la habilidad y la creatividad.

 

 

“Raphael: The drawings”

ASHMOLEAN MUSEUM OXFORD

Beaumont St

Oxford

OX1 2PH

Del 1 de junio al 3 de septiembre de 2017

 

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