Pérez Siquier: rupturas desde la esquina

Fundación MAPFRE repasa en Barcelona la trayectoria del fotógrafo

Barcelona,

En los últimos años han sido varias las exposiciones dedicadas, sobre todo en Madrid, al grupo AFAL (Agrupación Fotográfica Almeriense, en activo entre 1956 y 1963) y a sus miembros, entre ellos  Masats, Terré, Cualladó, Ontañón, Miserachs, Paco Gómez y Maspons. La más destacada entre las colectivas fue la programada por el Museo Reina Sofía en 2018, tras la donación al centro de 650 imágenes del colectivo por los Autric-Tamayo.

Uno de los fundadores y catalizador de AFAL, y también el miembro del grupo que con el tiempo alcanzaría un uso más expresivo del color en sus imágenes, fue Carlos Pérez Siquier, autor nacido y residente justamente en Almería que planteó renovadoras rupturas con la tradición fotográfica desde los cincuenta sin necesidad de trasladarse a ninguna gran ciudad. Su provincia le proporcionó además un escenario particular para su trabajo: en cierto modo, se mantuvo ajena al desarrollo turístico masivo del resto del litoral mediterráneo, preservando sus peculiaridades y autenticidad, y también un parcial atraso económico.

La producción de Pérez Siquier es ahora objeto de estudio en la sede de la Fundación MAPFRE en Barcelona, la Casa Garriga Nogués (hay que recordar que esta institución ya ha anunciado su voluntad de centrar en la fotografía su actividad expositiva en la capital catalana). Allí, una retrospectiva comisariada por Carlos Gollonet subraya el encaje de su obra en los debates del último medio siglo en España: retrató las periferias sociales, la era del desarrollismo, los choques culturales que supuso la irrupción del turismo en nuestras playas y el progresivo establecimiento de una cultura visual colorista y de índole sensual tras la superación de los traumas de la posguerra. Parte del trabajo de Siquier podemos considerar que conecta con las propuestas más críticas del Pop Art, con la literatura de su tiempo o con el cine de autor de los años sesenta.

Se inició en las proximidades del neorrealismo y avanzó progresivamente hacia la fotografía en color, desde una mirada singular, al principio más cercana a la intuición que al retrato, y la antología de la Fundación MAPFRE rastrea esa evolución a partir de sus series más significativas, datadas entre 1957 y 2018. Veremos asimismo imágenes inéditas y abundante documentación organizada en siete secciones, de recorrido cronológico.

Carlos Pérez Siquier. La Chanca, Almería, 1957.© Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. La Chanca, Almería, 1957. © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. La Chanca, Almería, 1957.© Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. La Chanca, Almería, 1957.© Carlos Pérez Siquier

La primera se dedica a La Chanca, el barrio popular almeriense que también inspiraría un texto de Luis Goytisolo. Esta serie temprana, paradigma de un lugar y de un tiempo, entronca con la novela social contemporánea de Sánchez Ferlosio o Cela y aúna la descripción y la dignificación de modos de vida y de socialización ya perdidos, previos al éxodo rural hacia las ciudades. La Chanca es un espacio ultralocal, pero supera el contexto andaluz: es inevitable que estas imágenes nos evoquen las de los mencionados neorrealistas italianos, en las que actores no profesionales transmiten nuevas verdades justamente por apelarnos desde sus raíces y espontaneidad.

Pérez Siquier fotografiaría este lugar tanto en blanco y negro como en color, subrayando en este último caso la sensualidad cromática del barrio y la personalidad de su arquitectura sencilla. En este artista, la irrupción del cromatismo llegó con el desarrollo industrial, pero se debe sobre todo a su intento de dejar a un lado enfoques miserabilistas que pudieran evocar pasados tremendismos y Españas negras.

Algunas de las imágenes que tomó allí, en los sesenta y en color, están dedicadas a las paredes desconchadas de las casas y a los muros de las cuevas: el Ayuntamiento de Almería quiso intervenir en el barrio para mejorar apariencias de cara al turismo y arrasó algunas de las infraviviendas que allí había, dejando al descubierto sus muros. Pérez Siquier descubrió un mundo en esos interiores entonces desvalidos: Me di cuenta de que las paredes, que habían sido pintadas por sus anteriores moradores con cal, con distintos colores, desconchándolas tenían unas texturas muy interesantes. Hice una serie de primeros planos, y con eso monté una exposición. Eran fotos de conceptos, que tuvieron una gran importancia. Aparte de su configuración estética, la tenía social. Era una especie de lectura del paso del tiempo. Una familia había pasado por esa casa, y la mujer la había pintado, por ejemplo, de color amarillo. Pero al cabo de los diez años, había pasado otra familia que la había pintado de otro color. Yo iba y arañaba y salían una especie de estratos, como si fueran tiempos geológicos. Los sedimentos de color que encontró remiten fácilmente al contemporáneo informalismo y también a los muros esgrafiados de Brassaï, que hace no demasiado la Fundación MAPFRE también exhibió.

Carlos Pérez Siquier. La Chanca, 1963.Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. La Chanca, 1963. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. La Chanca, Almería, 1965. © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. La Chanca, Almería, 1965. © Carlos Pérez Siquier

Ya en los setenta, Pérez Siquier fue contratado por el Ministerio de Información y Turismo para obtener imágenes de las costas que pudieran destinarse a promocionar el turismo en carteles y folletos que, contemplados desde el hoy, desprenden el sabor de un tiempo que no volverá. Junto a vistas de una España coloreada hasta entonces inédita, se fijó en la colonización de las playas por visitantes que no escondían su carnalidad y que para muchos supusieron toda una paradoja en el marco de la cultura moral de entonces; es en estos trabajos en los que Siquier se acercó más a la estética del voyeurismo, a la celebración de una nueva visión de la juventud o la feminidad y también al retrato de un incipiente consumismo y un renovado ocio, sin esquivar sus lazos con lo grotesco y sus múltiples contradicciones.

Decía el citado Juan Goytisolo en Campos de Níjar, y el almeriense hace suya esa reflexión: El universo razonable de los periódicos me serenaba y adormecía. Las fotos de la Reina de la Feria de Burgos y de la muchacha escultural, reclamo de Bañadores Jantzen, me recordaban oportunamente que la angustia es mal pasajero, que hay un orden secreto que rige las cosas y que el mundo pertenece y pertenecerá siempre a los optimistas.

En la Casa Garriga se exhibe la serie La playa (1972-1980), que conjuga surrealismo, sentido del humor y vida  cotidiana, en la línea de trabajos no lejanos en el tiempo de Tom Wesselmann, John Kacere o Joan Rabascall (a quien ahora dedica Tabacalera otra retrospectiva) o más contemporáneos de Martin Parr, quien ha reconocido en Pérez Siquier a un predecesor.

Carlos Pérez Siquier. Marbella, 1974. © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. Marbella, 1974. © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. Roquetas de Mar, 1973. © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. Roquetas de Mar, 1973. © Carlos Pérez Siquier

Su interés por las superficies, presente en aquellos trabajos primeros de La Chanca, quedaría patente también en varias series siguientes, como Trampas para incautos (1980-2001): un conjunto de representaciones alternativas de la realidad, de escaparates, maniquíes y publicidades que parecen formar parte de un mundo paralelo en el que habitamos sin ser conscientes, justamente por su ubicuidad. Utilizó colores saturados para incidir en los contrastes entre figuras y fondos y también en una irrealidad que (de nuevo hace entrada la paradoja) lo conecta con el hiperrealismo norteamericano y lo kitsch, con Ghirri o Eggleston. Poco a poco, eso sí, sus obras se harían más despojadas y monocromáticas.

Las dos últimas series de Siquier expuestas en Barcelona son Encuentros (1991-2002), recreación de espacios cotidianos y aparentemente vulgares que retrató de forma directa y sin concesiones, otorgándoles la dignidad de lo duradero, y La Briseña (2015-2017): un repliegue hacia el interior en el que mantiene su interés por las paredes, encaladas, y los objetos teóricamente insignificantes como posibles emblemas de la identidad material de un territorio y también de una intimidad.

Carlos Pérez Siquier. S/T 1965. © Carlos Pérez Siquier
Carlos Pérez Siquier. S/T 1965. © Carlos Pérez Siquier

 

Carlos Pérez Siquier

FUNDACIÓN MAPFRE. CASA GARRIGA NOGUÉS

c/ Diputació, 250

Barcelona

Del 14 de febrero al 17 de mayo de 2020

 

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