NUESTROS LIBROS: Te di ojos y miraste las tinieblas

25/10/2023

Irene Solà. Te di ojos y miraste las tinieblasPor la mañana una mujer ingenua podía creer que la noche ya se acababa. Pero la noche no acababa nunca, esperaba escondida y siempre regresaba.

Más o menos en estas fechas, en 2018, se sumaba a nuestros Fichados Irene Solà; lo hacía por su trayectoria como artista, pero lo cierto es que, en su caso, creación artística y literaria estrechan muchos lazos: el texto está muy presente en sus proyectos visuales, también los dobles sentidos y las metáforas, y en una y otra vertiente de su producción ha mostrado su interés por las relaciones humanas, el trasfondo de nuestros gestos cotidianos y aquello que da forma a nuestra identidad.

En aquel momento había publicado ya Solà el libro de poemas Bèstia y la novela Los diques, donde experimentaba con las opciones de la ficción narrativa y las maneras de contar, y nos avanzaba que se encontraba trabajando en Canto jo, i la muntanya balla (Canto yo y la montaña baila), la novela que el año siguiente publicaría Anagrama y que obtendría varios premios, nacionales y europeos, por poner voz, una muy particular, a los pobladores, no solo humanos, de la alta montaña de los Pirineos, acordándose de certezas y leyendas, de la labor del campo y de la muerte, de las brujas o la guerra.

Venía a novelar el ciclo de la vida y la belleza de la tierra como escenario de lo sublime y lo cruel, de lo que no tiene remedio y lo que puede redimirnos, y en esa senda ha continuado profundizando en su última obra, Te di ojos y miraste las tinieblas, que nos lleva de nuevo a las montañas para comenzar contándonos la agonía de una anciana con tratos con todos los seres, desde la poesía y la visceralidad (A la vieja, que dormía como una fruta podrida caída del árbol, sobre todo la vigilaba. Porque Margarida quería estar ahí cuando Bernadeta se muriera. Quería verlo. Quería ver cómo se le negaban la salvación y la gracia divina por haber andado tantas veces con el diablo). Y continuar adentrándonos en la historia llena de instantes preciosos y oscuros de varias generaciones de una familia a lo largo de los siglos, una historia donde caben la violencia y la piedad, los buenos y los malos instintos, y en la que el protagonismo absoluto se cede a las mujeres, que se aman u odian pero conviven en Mas Clavell, la casa agarrada al suelo como una garrapata a la piel.

Obra sensorial, que no escatima en visiones que abrirían bocas, en olores, sonidos, en la sugerencia de múltiples tactos placenteros u horribles, naturales o demoniacos, nos invita Te di ojos… a sentarnos a la mesa con los espíritus de mujeres muertas que tienen todo que contar y que aparentemente no se ajustan a más canon que el de la fealdad. Atraviesan el amor y su pérdida, conocen la crueldad y la ternura, establecen con los paisajes de su entorno relaciones familiares, y sí, saben también cómo convocar al demonio y hacer con él sus tratos, y cómo buscar alejarse de él si no los cumple.

Dado que, como mujeres que suman ayeres, no acuden a la guerra ni vigilan los campos, ellas hacen de su casa el centro de sus aventuras, no menores; la suya tiene mucho de cuerpo donde todo cabe, donde se puede reír y llorar con estridencia y donde no se teme a lo raro, porque la extrañeza se integra desde el principio en su vida: la saga comienza con Joana, que pacta con el diablo para poder casarse con un hombre entero pero comprueba que no lo está, y que sus hijos quedarán inacabados. Las tinieblas del título (que evoca aquellas fórmulas moralizantes sobre lo bueno que nos es dado y que utilizamos a nuestra manera, haciendo uso del libre albedrío frente a nuestros valores) se dan en esta historia, y no puntualmente, pero no nos suscitan temor, sino cierto acogimiento, incluso se convierten en un espacio de libertad, donde la irreverencia no será expulsada. Todas las leyendas las contienen y conectan con el pasado y el folclore de todos; no hay pueblo sin su demonio, menor o mayor, al que tener algún gramo de ternura.

Estas mujeres, a veces injustamente tenidas por brujas, no son las únicas que parecen esconderse en el bosque sin buscar ni la ejemplaridad ni el rol heroico: lo mismo hacen en la novela carlistas, bandoleros o maquis, convirtiendo esta tierra en lugar donde pulula el que no desea recibir atenciones, el que tiene algo que entender y en otro lugar no puede, el que busca el amor perdido o a alguien a quien vengar.

Será difícil, en la lectura de este libro, sopesar dónde queda en la trama la línea que separa la vida y la magia, quizá porque Solà encuentra esta última en la posibilidad de narrar una historia, puede que en voz alta, consiguiendo subyugar; las suyas se prestan a eso, a ser leídas en compañía, de viva voz y junto a la lumbre.

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