NUESTROS LIBROS: Baiôa sin fecha de muerte

Baiôa sin fecha de muerte. Rui Couceiro

Baiôa sin fecha de muerte. Rui Couceiro

Es uno de esos casos que la ciencia no puede explicar de forma cabal, porque, según todos los pronósticos, Chiquinho ya debería estar más que muerto y enterrado.

Este próximo septiembre se cumplirá un año de la publicación en castellano, por Siruela, de Baiôa sin fecha de muerte, la primera novela del escritor portugués Rui Couceiro, aunque no su primera incursión en la literatura: es miembro del Consejo Cultural de la Fundación Eça de Queirós y encargado del sello Contraponto en la editorial Bertrand, asociada a la conocida cadena de librerías.

En su país tuvo un éxito rápido -recibió el Premio Manuel de Boaventura y el Pen Club- y también en España ha sido acogida con estima (aunque nos dedica un pequeño rapapolvo ya en la primera página). Couceiro narra la experiencia de un joven que, sin demasiada preparación y gracias a una absoluta casualidad -el arreglo de su casa familiar por parte de un vecino jubilado y bienintencionado- marcha a vivir a la aldea de donde es oriunda su madre: el pueblo, ficticiamente situado en el Alentejo, que el autor llamó Gorda-e-Feia. Acude sin empleo, así que el protagonista, que narra en primera persona, tiene todo el tiempo del mundo para ayudar a su inesperado benefactor, Joaquim Baiôa, en la restauración de viviendas abandonadas y para conocer a los escasos pero enjundiosos habitantes de este lugar.

El buceo en las vivencias de estos personajes, en el que Couceiro conjuga lo verosímil con una fantasía evidentemente deudora del realismo mágico, y que estructura en capítulos breves o muy breves generando un ritmo bastante particular, es el centro y el mayor atractivo de esta novela, exuberante y generosa en humores y en pesares, en la que vida y muerte se entrelazan continuamente a cuenta de los estudios de un fallecido doctor que, además de analizar a fondo la salud de sus vecinos y preparar un vasto manual de medicina postmoderna, predijo por escrito la fecha de muerte de cada uno de ellos -salvo la de Baiôa, y de ahí el título-.

El forastero en Gorda-e-Feia acude a este pueblo en busca de apaciguamiento y del desapego hacia unas redes sociales de las que se confiesa adicto -su mención puede resultar, a veces, algo cansada- pero acaba encontrando allí bastante más que eso: un encuentro con individuos aparentemente sencillos, que tienen en un bar-barbería su centro social, pero que rascando un poco lo introducen en mundos inesperados por encima y por debajo de lo visible. Frente a la literatura de escenario rural que ha proliferado en los últimos años y que se dirige a idealizar o a desmitificar el campo, Couceiro ha elegido una tercera vía: el recuerdo de que los pueblos, su naturaleza pero sobre todo sus vecinos, pueden ser carne de ficción, reivindicaciones y asuntos sociales al margen. Por más que, finalmente, su obra sí deje constancia del destino de tantas localidades pobladas por quienes viven en sus últimos compases.

Baiôa sin fecha de muerte se crece en el paso de las páginas, sobre todo cuando el urbanita se olvida de sí mismo y atiende a las vidas insólitas de sus cercanos, al paso de las estaciones: a todo lo que ocurre cuando, por necesidad o por olvido, dejó de mirar la pantalla.