NOMBRE: Fernando
APELLIDOS: García Méndez
LUGAR DE NACIMIENTO: Coín, Málaga
FECHA DE NACIMIENTO: 1988
PROFESIÓN: Artista
Si visitasteis, hasta el pasado febrero, la Galería Isabel Hurley de Málaga, pudisteis descubrir las reflexiones sobre la mirada y su capacidad constructiva de nuestro último fichado: Fernando G. Méndez presentó “Un reflejo reverso de un reflejo”, su segunda individual allí, compuesta por esculturas cuya potencia reside en su percepción por el ojo ajeno, en el desplazamiento de este por el conjunto de sus materiales hasta conectar las formas que ve con la literatura contenida en los títulos de las obras.
Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Granada, otras individuales las ha presentado en GAP – Glurns Art Point (Glorenza, Bolzano), La Empírica de Granada y, en esa misma ciudad, en la Sala de Exposiciones de la Facultad de Bellas Artes, el Instituto de América. Centro Damián Bayón (Santa Fé) y el Palacio de los Condes de Gabia; sus colectivas le han llevado a espacios como el Nowy Teatr de Varsovia, la Galeria BWA de Zielona Góra, el MOCAK de Cracovia o el Paradox Fine Art Fórum de Poznan (fue en Polonia donde llevó a cabo su Erasmus); el Centro José Guerrero de Granada, el MUSEION Atelarius de Bolzano, la Universidad Loyola de Sevilla, el CAC y el MUPAM de Málaga, el CAAC de Sevilla o el citado Palacio de los Condes de Gabia. Asimismo, ha recibido las becas Alraso (2012) y Glurns Art Point (2013), ha desarrollado una residencia en el PARADOX Fine Art European Forum de Poznan (2015) y en 2021 participó en el programa A secas. Artistas andaluces de ahora del mencionado Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.
Se suma Méndez a nuestros fichados porque queremos saber más de la relevancia que concede a sus procesos, a sus manos como seres pensantes y a una intuición que, como apuntaba Francisco Villalobos con ocasión de su muestra en la Universidad de Granada en 2018, sitúa más allá de sus ideas conceptuales y del devenir del manejo de los materiales: otorga importancia a la imaginación y las visiones repentinas; de ellas nacen los sentidos últimos que resuenan en sus piezas. También de su tendencia a esquivar para ellas significaciones concretas: el espectador podrá proyectar sobre estas obras sus propias lecturas, de muy diverso cariz, incluso biográfico si experimenta ante ellas una forma de reconocimiento. El sentido llegará, por tanto, en el a posteriori de aquellos procesos que, en su fluidez, también habían de interesarnos.


Hemos mencionado que recibió Méndez una de las becas Alraso; resultaría fundamental, nos cuenta, para su gestación de un lenguaje personal que no buscase epatar, sino responder a una mirada individual hacia signos y símbolos ya existentes: La toma de conciencia de ser artista sucedió mientras estaba en la Beca Alraso en el año 2012; Alraso es una beca de verano para estudiantes de Bellas Artes que se realiza en el Valle de Lecrín durante el mes de julio.
Tenía el estudio en una antigua escuela y me encontré con una pizarra con marco de caña que estaba debajo de capas y capas de pintura; descubrí el marco y, cogiendo todos los lápices que me encontré en esa pequeña escuela de pueblo de menos de mil habitantes, me dispuse a dibujar un infinito todo el tiempo que me dejaron esos lápices abandonados.
Cuando uno es estudiante, piensa que tiene que hacer cosas novedosas y efectistas para llamar la atención. En cambio, lo que me a mí me pasó fue que me di cuenta de que uno llega a ser artista porque utiliza los símbolos como el infinito, el círculo o el triángulo por medio de un acercamiento particular y un entendimiento propio, que son digeridos por lo que hasta el momento uno tiene para ofrecer.
Esa licencia que me otorgaba el uso de elementos del imaginario colectivo podía darle luz a la dirección hacia donde yo quería que se proyectaran; unos destinos que, como artista, podía dar al mundo para que fueran usados.
De pequeño, decía que quería ser cardiólogo para arreglar corazones. La realidad fue otra: la necesidad de trabajar desde los dieciséis años y la posibilidad de comprar spray para pintar grafiti cambió mi rumbo hacia la creatividad, hacia la plástica. Una vez en la carrera, entendí que no me alejaba del propósito de curar corazones, que con el arte también podía intentar al menos arreglarlos.

Es complicado dilucidar temáticas en torno a las que vertebrar su obra; estas pasarían por su propio modo de ver y sus transiciones, por la autonomía comunicativa de cada trabajo en sí y su relación con el resto, por la posibilidad del hallazgo en lo cercano: Lo que más me interesa es generar una mirada propia. Una mirada evolutiva, cambiante y contradictoria de la que se puedan sacar conclusiones nuevas de las piezas cada vez que ocurran acercamientos a ellas. Hacer, de cada pieza en sí, un oráculo dirigido hacia un matiz particular, atravesado por varios focos a la vez.
Veo mi obra como un todo completo, un teatro de la memoria en el que cada pieza tiene un lugar concreto, autonomía de expresión y, si se apoya en otra, dispara los referentes. Este modo de ver es un motor de acción que se nutre con el día a día, con frases que se me cruzan, como “el campo es la vida”, piezas que surgen de materiales que salen del bar en el que trabajaba, materiales de construcción que están en la huerta familiar. También intento siempre implicar a amigos y familiares que apoyan mi trabajo, tanto del mundo del arte como de fuera de él, para que de alguna forma u otra me ayuden en el proceso de creación. Creo que hoy en día el apoyo mutuo y lo micro, esa comunidad cercana, es el sostén entre tanto revuelo.
También la biblioteca creciente que atesoro es clave en mi proceso. Aquí, más que autores concretos, veo importantes las editoriales. Estoy muy agradecido a sellos como Atalanta, Sans Soleil, Trotta, Cactus, Amorrortu, Adriana Hidalgo, Siruela o Caniche, entre otras. Manantiales que sostienen y contienen una sabiduría a la que puedo llegar cada vez que me salta la curiosidad.
El tema fundamental en mi obra está en la imaginación activa, el campo que se abre entre los límites del lenguaje y la representación simbólica. Que también implica la perversión de lo simbólico y el juego que se plantea con ella, receta procesual en la creación de toda obra de arte. Contemplar cada parte del acto creativo de manera capital. Cada parte es tan importante como el todo. Tanto a nivel material como conceptual.
El tema fundamental en mi obra está en la imaginación activa, el campo que se abre entre los límites del lenguaje y la representación simbólica.

Las técnicas y materiales en las que viene llevando a cabo sus proyectos son diversos; tienen que ver con sus impulsos creativos, con las que podríamos llamar demandas de su mirada, y de nuevo con los hallazgos: Las técnicas a veces vienen dadas por la idea; otras veces, el material es el que genera la idea. Así me permito no cerrar mi práctica hacia una estética concreta. Esto me posibilita trabajar con metal, madera u objetos encontrados, los cuales trato, cuando ocurre el hallazgo, como si fuesen una pella de barro.
Apuesto por que lo reconocible en mi obra sea la manera de pensar, el modo de ver, el cuidado en lo que se muestra y lo que no. La óptica u ópticas y no tanto la referencia explícita a la autoría de ciertas estéticas. Se trata más de abrir visión, vislumbrar caminos. Ortodoxos o no.

A la hora de hablarnos de sus principales proyectos hasta la fecha, comienza Fernando por uno colaborativo: Trn. Lo puso en marcha junto a Antonio Collados Alcaide, primero en la Casa de la Palmera de Granada y después en formas mutantes, cuando cursaba tercero de carrera, en 2011-2012; lo definieron como laboratorio artístico transfronterizo, un espacio híbrido en el que habrían de caber la experimentación, la difusión y el debate sobre las prácticas artísticas recientes. Se proponía a agentes culturales de Granada la realización de proyectos artísticos específicos para ese lugar que se realizaban en fechas y horarios puntuales, procurando la colaboración entre ellos para hacer frente a la escasez de espacios para la creación en esa ciudad.
Trn expuso a Pablo Capitán del Rio o Valeriano López y colaboró con Marta Beltrán o Ángeles Agrela.
Mencionábamos antes las exhibiciones polacas de Méndez: Después de darme cuenta de que era artista y tomar la determinación de apostar por ello, realicé mi Erasmus en Varsovia en el curso 2012-2013. Allí recibí clases de Miroslav Balka, en el departamento de New Media. Tras pasar la entrevista, cursé un año en su estudio y como resultado realicé tres exposiciones.
En aquel país se aproximó al arte de trasfondo político: una de las piezas en las que allí trabajó fue Fallen Star (2015), tras encontrar un supermercado en ruinas de la cadena Biedronka en Poznań, cuyo nombre procedía del término polaco Bieda, que significa pobreza. Con la madera de sus letras elaboró una estrella rota que aludía a algunos de los escombros sobre los que asentaría Europa (con su bandera de doce estrellas), como comunidad muy heterogénea en la que es posible atisbar patrones sociales diferentes, sobre los que llamaba nuestra atención, asimismo, en Discontinuo (disidencias) (2016).
Allí también nació Revolution (2013), una pieza mural e instalativa derivada de sus investigaciones sobre la palabra “revolución”, tan resignificada en distintos contextos, a menudo interesadamente. Convierte el concepto en un cúmulo de graffitis borrosos sobre una pared, tan difusos como la barrera entre la lucha y el peligro, con los que además aludía a los modos de comunicación elementales de esa noción (pintadas, posters, panfletos) y a su eficacia.

Se refiere también Fernando a su mencionada exhibición en la Facultad de Bellas Artes de Granada en 2018, llamada “Tan lejos del talento”: Con la distancia veo que fue una expo de ensayo y error, el primer ensayo de obra. Y la presentación de mi proyecto artístico.
Comenzaba a enseñarnos el artista que podíamos concebir el conjunto de sus proyectos como una cartografía personal en la que poder reconocerse -él y quizá nosotros-, carente de filtros, directa e imbricada en el presente; y sus procesos, de nuevo en expresión de Villalobos, como una especie de gimnasia que genera huellas, zonas de resonancia, tránsitos, lugares de encuentro, hábitos, juegos… Por más que pudiésemos definir como esculturas los objetos de los que constaba aquella exposición, se daba en ellas una dimensión performativa, al recoger huellas del trabajo corporal del artista.



Cita igualmente Mesa be Mesa ve, una exposición celebrada dentro de FACBA 2021, en el Centro Damián Bayón en Santa Fé, junto a Timsam Harding. Aquí tomé la mesa como elemento que atraviesa toda la universidad, que se encuentra en todas sus instalaciones, un objeto con una funcionalidad diferenciada. A partir de este postulado inicié una investigación poética sobre este objeto que nos acompaña en todo momento.
Remitiendo a dispositivos y técnicas presentes en su infancia y adolescencia, abordaba desde un sentido creativo y lúdico el potencial de materiales de construcción, métodos de ensamblaje, el grafiti o el collage y planteaba ya que los símbolos, y quizá por eso lo sean, se encuentran en construcción continua. En este caso, convertía ese mueble en eje de un estudio casi científico en el que distinguía un potencial artístico: El proyecto comienza con el interés por conocer el uso, la disposición y el diseño de las mesas en la Universidad, como el etnólogo que visita tribus indígenas para conocer el tratamiento que estas hacen del fuego y, a su vez, pasa el filtro de su propia visión. El conocimiento objetivo que adquiere el artista le dirige a la interpretación creativa del archivo que en este caso genera. Desde la superficie de la mesa deseamos encontrar una mitología particular que nos permita vehicular ciertos arquetipos o ideas clave que sobrevuelan los distintos dispositivos. Lo concreto es la mesa en sí; lo concreto es el uso que se le da, determinado por la labor que se ejerce en ella; la mesa es una elevación de una superficie, tiene un punto de apoyo en el suelo y permite desarrollar actividades cómodamente. Le doy una característica de laboratorio al archivo que genero.
El estudio de la mesa, de muchas mesas concretas, y de los objetos que se sostienen sobre ella no tiene la intención de categorizar sus identidades, sino la trascendencia de la funcionalidad del objeto de manera que active el poder creativo que tienen. La investigación se convierte así en una potencia creativa.

De nuevo en Granada, en la Sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia mostró “Reunión de lo disperso”, otra presentación de piezas difíciles de categorizar, de considerar cerradas, definidas e irrepetibles; más bien responderían, por contra, a un carácter reproducible, modular e incluso portátil: podrían armarse y desarmarse, mutar y moverse, y por tanto expandirse. Javier Montes recordaba a Juan Muñoz al hilo de aquellos trabajos: Construir una mentira, levantar un lugar ficticio. Hacer el mundo más grande de lo que es.




Por último, se refiere Méndez a “Un reflejo reverso de un reflejo”, su muestra en Isabel Hurley de la que empezábamos hablando y la prueba de que sus creaciones pueden ampliar sus significados atendiendo a los distintos contextos en los que nos llegan, por obra y gracia de la combinatoria, el poder de la transformación y la necesidad de novedad del ojo contemporáneo. En ese sentido, podemos considerar sus propuestas como participativas: el ojo del público construye y puede deconstruir.
Conoced mejor a Fernando aquí: https://www.instagram.com/ferggmen/

