El rebobinador

Armand Guillaumin, otra puesta de sol

Veis una grandiosa puesta de sol en Ivry, a orillas del Sena. El cielo brilla con tonos rojos anaranjados, que hacia la parte superior devienen azules, pasando por verdes. Esos colores se reflejan también en el agua, formando un contraste fuerte con la hilera negra de árboles que sobresale, a la derecha del cuadro, mucho más allá de la línea del horizonte. También Daubigny y otros artistas de la Escuela de Barbizon pintaron puestas de sol al aire libre y describieron esos colores vibrantes, pero mientras que Daubigny se mantiene estrechamente unido a la naturaleza, Guillaumin, con sus chimeneas humeantes en el horizonte, muestra ya el avance de la gran ciudad.

El radical cambio que experimentaba París en las últimas décadas del siglo XIX, con las nuevas plantas industriales y la construcción de barrios obreros, aparece frecuentemente en los trabajos de este autor, que como uno de sus amigos más íntimos hacia 1870, Cézanne (se habían conocido en la Académie Suisse), no se interesaron por la vida elegante de los bulevares sino por lo que quedaba más allá de ellos.

Armand Guillaumin. Puesta de sol en Ivry, hacia 1873. Musée d´ Orsay
Armand Guillaumin. Puesta de sol en Ivry, hacia 1873. Musée d´ Orsay

Con esta Puesta de sol y dos paisajes más, participaría Guillaumin en la primera exposición de los impresionistas en 1874, y con ellos continuó exhibiendo su producción hasta 1886. Si Pissarro, Sisley o Monet llevaron al lienzo, como de paso, la industrialización de poblaciones a lo largo del Sena, en 1873 Guillaumin presentó sin ninguna idealización varias vistas de los sucios barrios industriales.

La pintura El Sena a su paso por Ivry (1869) muestra la misma vista del río, con la ciudad al fondo y sus chimeneas humeantes y ese óleo, de pequeño tamaño y fijado sobre madera, parece un estudio para el lienzo Puesta de sol en Ivry. El carácter de boceto hace que la tabla de madera se transparente entre campos de nubes gris-marrones o de un sucio blanco, de forma que el cielo parece estar cubierto de puntos ocres.

Armand Guillaumin. El Sena a su paso por Ivry, 1869
Armand Guillaumin. El Sena a su paso por Ivry, 1869

Se trata de un modo similar de trabajar al que empleó Sisley en El estanque de Marly-le-Roi, pero su sombría impresión ha desaparecido en Puesta de sol y en Nieve en Ivry. Ahora las fábricas aparecen tan lejos en el horizonte que se perciben como parte del paisaje fluvial. El Sena a su paso por Ivry (1869) pasó a formar parte de la colección del doctor Gachet, amigo del artista y de otros impresionistas; era el médico que en torno a 1860 había tratado a la madre de Pissarro y, como tenía gran interés por el arte, siguió manteniendo el contacto con este último artista. Poseía una casa de campo en Auvers, donde también vivía Daubigny, y allí invitaba a los artistas, entre otros a Guillaumin, Cézanne y el mismo Pissarro.

Armand Guillaumin. Nieve en Ivry, 1873
Armand Guillaumin. Nieve en Ivry, 1873

Nieve en Ivry es del mismo año y reproduce los edificios negruzcos a orillas del Sena, que sobre la nieve sucia producen una impresión desoladora. El brillo rojizo sobre el cielo cubierto de nubes revela la posición baja del sol. En ningún lugar se aprecia la nieve blanca virgen, con sus sombras azules, que cautiva en La urraca de Monet o Escarcha, la mañana (Nieve en Eragny) de Pissarro. En la obra de Guillaumin no aparece ninguna urraca sobre un cercado y un hombre vestido de oscuro, con sombrero, anda con dificultad debido al frío.

En armonía con los otros impresionistas, este pintor intenta representar las repercusiones del tiempo y de los cambios de la luz, las sombras sobre la nieve o la desaparición de los colores en el paisaje durante la puesta de sol. Solo que él no eligió los lugares del ocio y de las diversiones en zonas verdes, sino los de la industria y del trabajo, temas que ni entonces ni hoy en día se encuentran entre los preferidos del público. También por este motivo, las pinturas de Guillaumin han quedado casi relegadas al olvido.

Desde que se hizo cargo, en 1875, del estudio de Daubigny, que se encontraba en el corazón medieval de París, sí pintó un buen número de vistas de la ciudad desde su entorno más inmediato, pero, como apreciamos en Pont Marie, Quai Sully, no le interesaba ni la pictórica ciudad vieja ni el movimiento nocturno en los cafés, donde otros impresionistas encontraban sus motivos, sino la vida diaria, llena de movimiento, en el puerto y las obras en construcción.

Guillaumin muestra aquí una sección poco espectacular de la vida laboral diaria, dado que la transformación de París en la ciudad más moderna del siglo XIX trajo consigo un cambio imponente: las pequeñas callejuelas dejaron paso a los grandes bulevares.

Armand Guillaumin. Pont Marie, Quai Sully, 1878. Musée du Petit Palais, Ginebra
Armand Guillaumin. Pont Marie, Quai Sully, 1878. Musée du Petit Palais, Ginebra

Las obras del Pont Marie proporcionan una pequeña impresión de cómo se realizaron tales obras inmensas: coches de caballos se encuentran preparados, en hilera y sobre el lecho seco del río, para que les carguen arena. Una grúa amontona la tierra, que los trabajadores echan con la pala en los carros. El lecho seco del río ocupa todo el primer plano del cuadro, mientras que en el margen izquierdo y en el horizonte se alza el mar de casas. Los cribadores de arena, que en esta obra aparecen como figuras pequeñas y esquemáticas, pueden verse una y otra vez en las imágenes tardías de Guillaumin.

Solo pocos años más tarde hizo una serie de dibujos de obreros que criban arena, pasándola por un cedazo. Uno de esos dibujos está cubierto con una retícula, un auxiliar óptico para copiar un dibujo preparatorio al lienzo. En ese modo de proceder se esconde una contradicción respecto de la exigencia del impresionismo de reproducir una impresión inmediata y espontánea; sin embargo, Guillaumin carecía de modelos y los cribadores de arena en las obras no interrumpían su trabajo para posar para un pintor.

En este punto, Guillaumin tuvo que negar la la postura fundamental del impresionismo para conseguir un efecto convincente que vaya más allá de cuestiones referentes a luz y color. A lo largo de su desarrollo artístico, la figura pasó al centro de su atención, pero él se mantuvo fiel a los motivos que eligió en la década de 1870. En 1880 representó unas obras en el Pont Neuf y, en 1883, volvió de nuevo al Pont Marie. En 1885, en su obra El arenal, se dedica exclusivamente a los trabajadores y los fuertes colores de las figuras, sobre todo el azul y el rojo, contrastan enérgicamente con las montañas de arena, de color amarillo y marrón. Al parecer le importaba más representar los efectos de color que el proceso de trabajo.

 

Comentarios