Si un historietista de nuestra época ha devenido clásico y se ha nutrido él mismo de la labor de los maestros pasados (no solo en lo que tiene que ver con las historietas, también con la literatura en general), ese es Chris Ware, el padre de Jimmy Corrigan, the Smartest Kid on Earth, lo suficientemente ambicioso y consciente de las posibilidades de su medio para tomar de Tolstoi la voluntad de convertir la ficción en un reflejo de la vida, de Nabokov el entrelazamiento de palabras e imágenes que sostiene todas sus obras y de James Joyce la atención a la subjetividad y la conciencia de sus personajes, que asume el reto de trasladar al terreno visual. Hablando de estética, sus fuentes de influencia son Françoise Mouly y Art Spiegelman.
Ahora las creaciones de Ware, con el sello común de desplegar una visión empática hacia todos sus personajes, incluso a los más susceptibles de generar rechazo, son objeto de una extensa muestra en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, que ya llevó a cabo una fructífera incursión expositiva en el cómic con el proyecto “Constelación gráfica“, hace dos años. Reivindica esta propuesta la dimensión humana de su trabajo, -mucho más honda que la política, por más que sus portadas para The New Yorker hayan retratado la polarización reciente de la sociedad estadounidense, los males sociales generados por la pandemia o las fracturas relacionales derivadas del uso masivo de Internet-; también profundiza en la noción, defendida por el americano, de que dibujar es pensar en tanto que permite estructurar ideas, desvelar ritmos y patrones y desarrollar peculiares arquitecturas.
Bajo el comisariado de Jordi Costa, el recorrido recoge piezas originales, objetos, audiovisuales, libros y esculturas que pondrán de relieve cómo, efectivamente, Ware escribe con viñetas y lleva haciéndolo así desde sus primeros cuadernos de dibujo hasta los mencionados diseños para el New Yorker o sus obras consideradas esenciales: la propia Jimmy Corrigan, Building Stories y y Rusty Brown; justamente esta exhibición supone una adaptación ampliada de “Building Chris Ware”, que pudo verse en el Festival de Angulema en 2022 y que después ha itinerado a París, Basilea, Pordenone, Haarlem y Leipzig, antes de recalar en Barcelona.

Se inicia la exposición recordando que hace más de treinta años, en 1993, se publicó el primer número de Acme Novelty Library, en un tiempo en que los autores de cómic norteamericano podían controlar sus cabeceras y experimentar en sus páginas. Los ejemplares de Acme, sin ir más lejos, cambiaban de formato entre sí manteniendo sus raíces en la cultura popular: fue en ellos donde aparecieron los primeros personajes de Ware, formando parte de narrativas cada vez más elaboradas en las que se integraban, no hay que olvidarlo, lomos, texturas o portadas, que se fundían con el mensaje del interior.
Junto a varios de los cómics publicados en esa serie, veremos en el CCCB un dispensador de libros en miniatura a cambio de llaves, un visor en 3D de imágenes publicado como recortable, dibujos originales y muñecos hechos por el propio Ware.
Una segunda sección de la muestra es para Jimmy Corrigan, historia sobre familias difíciles, sobre la soledad y el abandono, que tenía un componente autobiográfico: este autor decía que las horas que requería su lectura eran las que había podido pasar con su padre, que abandonó a la familia. Se editó hace un cuarto de siglo, se desarrolla en el Chicago de la Exposición Universal de 1893 y una ciudad imaginaria de Michigan un siglo posterior y cuenta con recursos narrativos muy ricos en lo que tiene que ver con la representación de los tiempos muertos, las transiciones entre escenas y la gestualidad de los personajes.

Cuenta igualmente con capítulo propio Quimby the Mouse, historietas donde el artista rindió tributo a los cómics pioneros y de formas libres que más le habían inspirado, sobre todo Krazy Kat de George Herriman. Sus obras están protagonizadas por un ratón y una cabeza de gato, y su base es igualmente autobiográfica, esta vez en relación con la nostalgia hacia su adolescencia, que vivió con su abuela; cada imagen ha de ser interpretada como signo, por eso el tratamiento simplificado de las figuras, semejantes a notas musicales o tipografías.

Además de hacedor de cómics virtuosos, Ware ha ejercido como rescatista de creaciones de los orígenes del medio, cuya historia conoce en profundidad. Ha editado trabajos de George Herriman, Frank King y Cliff Sterrett, cuyas soluciones narrativas y formales llegó a adoptar parcialmente: nos referimos al poético surrealismo del primero, el realismo de corte humanista del segundo y los rasgos del arte de vanguardia del tercero.
Interesado por facetas muy diversas de la creación, ha estudiado Ware también la arquitectura: le interesan los edificios viejos, ha criticado el formalismo de nuestra época y ha planteado más de una vez las similitudes entre la construcción de una edificación, el diseño de una página y la articulación de un relato. Empleó diez años en elaborar Building Stories, una caja con catorce objetos editoriales muy distintos y sin un orden de lectura definido: de libros con lomo de tela a puzzles o tableros de juego; el centro temático de todos era un viejo edificio de apartamentos de Chicago con voz y existencia propia.

Fue un proyecto tan sutil como complejo, al igual que la monumental Rusty Brown, tragicomedia humana de la que solo ha visto la luz una primera parte. Consta de cuatro capítulos que comienzan con el primer día de instituto de los hermanos Alison y Chalky; arranca entonces una sucesión de acciones paralelas en las que el propio Ware se deja caer, como profesor de arte, y en las que se habla del descubrimiento de la sexualidad, el manejo de la ciencia ficción, el acoso escolar y la necesidad de la comprensión al diferente. Entre las piezas relativas a esta obra en la exposición, no falta un fragmento analizado.

Disponen, asimismo, de apartado propio sus contribuciones a The New Yorker, que globalmente pueden entenderse como crónica de las transformaciones recientes de la sociedad estadounidense -la escritora Zadie Smith explica en una entrevista su visión de las mismas-; sus cuadernos de dibujos, reverso de su producción editorial, donde organiza primeramente sus observaciones desde una estética mucho más abigarrada y menos nítida que en sus composiciones finales; portadas e historietas ligadas al ragtime, género musical que Ware ama (es intérprete de banjo y piano); y los materiales didácticos que ha diseñado como profesor de la asignatura Medios Impresos en el Art Institute of Chicago.
En suma, nos ofrece el CCCB múltiples vías para sumergirnos en el lenguaje propio de un autor central en el cómic de fines del siglo XX y principios de nuestro siglo, que lo es por la vía de la emoción.

“Chris Ware. Dibujar es pensar”
CENTRE DE CULTURA CONTEMPORÀNIA. CCCB
C/ Montalegre, 5
Barcelona
Del 3 de abril al 9 de noviembre de 2025
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