Activos, flexibles y absorbentes: el Banco de España muestra los textiles de su colección

Se trata de cincuenta piezas fechadas a lo largo de cuatro siglos

Madrid,  07/10/2026

Quienes pudieron conocer personalmente a Anni Albers decían que la artista alemana mantenía con los materiales -muy diversos- que utilizaba una relación que podría definirse como íntima: inspirándose en el arte precolombino que pudo conocer de primera mano en Hispanoamérica y también en la estética industrial, como tantos en la Bauhaus, exploró constantemente la capacidad del tejido para generar motivos propios y cumplir nuevas funciones. Sin dejar de conjugar su labor creativa con la pedagógica y la teórica, pudo exponer en vida sus colgaduras y textiles pictóricos en varios museos estadounidenses, entre ellos el MoMA –corrían los primeros años de los cincuenta–, hasta que en los grabados encontró el método ideal para plantear patrones compositivos susceptibles de múltiples variaciones –predominan triángulos y rombos o líneas curvas laberínticas que entroncan con sus tapices previos–.

Su ensayo The Pliable Plane, datado precisamente en 1957, da título a la exposición con la que el Banco de España presenta, hasta el próximo marzo, las piezas urdidas que forman parte de sus fondos, y también algunas de otras colecciones públicas y particulares. En aquel texto, esta pionera en aunar las prácticas creativas tradicionales y el lenguaje gráfico moderno definía los tejidos en el arte como una superficie activa y flexible que podía modificar los espacios, filtrar la luz, absorber el sonido y transformar nuestra experiencia de la arquitectura.

En esta exhibición, que comisaría Yolanda Romero, conservadora de esta institución, no se aborda ese soporte textil como elemento ornamental, sino como dispositivo multifuncional, capaz de proteger a quienes habitan espacios, delimitar áreas, contar historias o representar determinadas visiones del poder. Los que ocupan el centro del recorrido, pertenecientes justamente al Banco, fueron concebidos para integrarse en la arquitectura de la sede de esta entidad, sirviendo a fines jerárquicos y representativos y potenciando la solemnidad de las estancias.

En torno a estas piezas, saldrán a nuestro paso trabajos contemporáneos que en las últimas décadas han renovado y ampliado las posibilidades de esta disciplina, mientras, a un tiempo, recuerdan que ésta sigue siendo una técnica válida y vigente a la hora de transmitir conocimientos y memorias o reflexionar sobre el valor de las connotaciones artesanales de estas composiciones o sobre su peso a la hora de relacionarnos con los espacios y la misma arquitectura; ésa que, según la misma Albers, es nuestra tercera piel, siendo el tejido, desde esa perspectiva, el mediador entre el cuerpo humano y su entorno.

Fábrica Nacional de Tapices. Alfombra, 1934. Colección Banco de España

Fábrica Nacional de Tapices. Alfombra, 1934. Colección Banco de España

«El plano flexible» consta, así, de tapices, alfombras, pinturas, fotografías, vídeos, documentos y monedas, datados entre los siglos XVII y XXI, que se estructuran en cuatro secciones temáticas dedicadas al acto de coser, a las muchas crisis que acechan a los oficios artesanales y sus estrategias de supervivencia, al rol de estas obras en los interiores -su hábitat más habitual- y, por último, a su relación con la creación de valor en el contexto del espacio en que nos encontramos.

Comienza la exhibición reivindicando que la aguja puede ser a las tres dimensiones lo que el lápiz a las dos, y sus puntadas suponer trazos: la costura dibuja, escribe y construye y, más allá del ámbito doméstico, forma parte de historias, identidades, formas de trabajo y usos del poder. De este apartado forman parte composiciones de artistas contemporáneas que han asociado el enhebrar a las reivindicaciones históricas de derechos para las mujeres (Elo Vega), al trabajo doméstico en el franquismo (Isabel Oliver), a la memoria de las empleadas de la industria textil (Victoria Gil) o a lo que la costura tiene de reclamación de lentitud en épocas de aceleración y consumo (Carole Frances Lung).

Además, veremos trabajos de Narelle Jubelin -una reinterpretación de La Brecha de Víznar, de José Guerrero, en la que la aguja cosería heridas tras la muerte de García Lorca-; de la performer Esther Ferrer, que ha reclamado que el hilo puede levantar sus propias y mínimas arquitecturas; o Elena del Rivero, que una y otra vez se ha valido de materiales frágiles, y también de la costura, para aludir a ausencias, recuerdos y heridas.

Victoria Gil. Los locales trabajan 3. Colección Banco de España

Isabel Oliver. Nº34. Serie La mercantilización del arte, 1975. Colección Banco de España

Isabel Oliver. Nº34. Serie La mercantilización del arte, 1975. Colección Banco de España

El capítulo dedicado al declive y la supervivencia de lo artesanal lleva por título, significativamente, Minorías derrotadas, en referencia a otra alusión de Anni Albers a las tareas manuales perdidas.

Aquí nos esperan esos trabajos destinados a probar que la industrialización galopante no ha conseguido que el textil deje de ser espacio de aprendizaje y le ha sumado un componente de ejercicio de resistencia. Desde sus diferentes generaciones, las catalanas Teresa Lanceta y Aurèlia Muñoz han abordado la transmisión cultural ejercida por las comunidades de tejedoras anónimas y populares; la francesa Yto Barrada ha tomado como punto de partida los procesos tradicionales de tintado y manipulación de fibras de Marruecos para aproximarse, por comparación crítica, al funcionamiento de la industria textil de hoy y sus efectos ecológicos y políticos; y Antonio Pichillá, un autor maya tz’utujil, ha usado fibras y lana para recuperar los caminos indígenas de comprender el tiempo. Unos y otros dan fe de que en el tapiz no cabe sólo la nostalgia.

Aurèlia Muñoz. Manto, 1973. Colección Banco de España

Yto Barrada. Hourglass II, 2023. Colección Banco de España

Si, de nuevo, Albers habló de an indoor existence y recalcó el papel que los tejidos desempeñaban en la organización de espacios interiores, en cuanto a comodidad y amortiguación del sonido y del frío, la tercera sección de la exposición cuenta con obras diseñadas para diferenciar u organizar salas y hacerlas más confortables. Están ligadas a la historia del propio Banco de España, que ha demandado este tipo de creaciones desde sus inicios.

Nos referimos a alfombras encargadas a la Real Fábrica de Tapices en la segunda mitad del siglo XIX o a media docena de tapices flamencos de Geraert Peemans que representan los meses del año y los signos del zodiaco y que Juan de Zavala integró en su proyecto para mejorar la acústica del salón y que deviniesen parte de su misma arquitectura.

Gerard Peemans, según diseño de David Teniers III. Serie Los meses, hacia 1679. Colección Banco de España

Gerard Peemans, según diseño de David Teniers III. Serie Los meses, hacia 1679. Colección Banco de España

Por último, el textil se convierte en centro de intercambios, objeto de valor y medio de contar historias.

El Banco ha encargado a Dora García tapices para su Salón de Cobradores en los que esa artista vincula la creación de valor económico con las relaciones interpersonales, y aquí encontraremos también proyectos de Andreas Maria Fohr, Mercedes Azpilicueta, Patricia Esquivias y Manuel Chavajay. La primera ha utilizado una caja de caudales, una fotografía, una llave de cerámica y varios textiles bordados para aludir a pagarés, es decir, promesas de pago futuro con valor en su presente; y las tres últimas comparten con aquella su voluntad de conectar otros tiempos con éste y de medir y recordar a partir de paños que tejen bastante más que hilos.

Patricia Esquivias. Fiesta de la trashumancia, 2020. Colección Banco de España

Patricia Esquivias. Fiesta de la trashumancia, 2020. Colección Banco de España

 

 

«El plano flexible. La colección de textiles del Banco de España»

SALA BANCO DE ESPAÑA

C/ Alcalá, 48

Madrid

Del 28 de septiembre de 2026 al 28 de marzo de 2027