20 años de arte contemporáneo en la Isla de la Cartuja

Por Ignacio Araújo



Con motivo de la EXPO’92 la ciudad de Sevilla se convirtió durante seis meses en uno de los centros mundiales de la cultura. Allí se pudieron contemplar obras de artistas de primer nivel que hoy se encuentran en un grave estado de deterioro. Acabamos de celebrar el 20 aniversario de aquel magno evento, pero ahora, el arte que se creó para la ocasión tiene incluso peor aspecto que las joyas barrocas que atesora la ciudad hispalense.

La torre zigurat creada por el célebre Anish Kapoor ha sido demolida, en Londres o Chicago aclaman su obra pero en nuestro país parece que sobra. El artista anglo-indio ha expuesto en el Guggenheim de Bilbao y en el Cacmálaga, su director, Fernando Francés, estima el valor de la torre en unos 100 millones de euros, pero ahora ya está todo perdido, no se podrá visitar ni vender.

El vandalismo y un carril bici se cobró el mural creado por Roberto Matta, Premio Príncipe de Asturias y protagonista reciente en una de las muestras organizadas por el Museo Thyssen-Bornemisza, afortunadamente esta obra ha sido restaurada tras el error reconocido por el Ayuntamiento de Sevilla. Otro mural, en este caso del artista Ilya Kabakov, no ha corrido la misma suerte, durante años ha estado siendo utilizado como portería de fútbol por los niños y hoy es parte del almacén de un bar, por lo que presenta un aspecto verdaderamente lamentable.

Una de las piezas desaparecidas por robo es la escultura de 2,40 metros de altura creada por el artista alemán Stephan Balkenhol, cuyas obras se subastan en Christie’s por cantidades que superan los 100.000 euros. La creación del parque de atracciones Isla Mágica tampoco ayudó mucho en su voluntad de incorporar algunas de las piezas, ya que su extensión impide que las medidas de seguridad sean las deseables para un museo al aire libre, allí permanece una de las obras creadas por Eva Lootz.

Iniciativa triste pero ejemplar fue el desmantelamiento de la obra de Jesús Soto, maestro del arte cinético, para dejar paso a la construcción de la Torre Pelli. Esta pieza se vendió a la Fundación Museo de Arte Moderno Jesús Soto de París, al menos allí sabrán apreciarla y se obtuvo un beneficio económico, por lo que la pérdida no fue total.

Todos estos artistas están hoy representados en los mejores museos de las principales ciudades del mundo como el MoMA y el Guggenheim de Nueva York, Pompidou de París, Tate de Londres y demás. Quizás es el momento de que el Museo Reina Sofía y/o el Centro Andaluz de Arte Contemporáno se conviertan en receptores de estas obras de arte, donde se pondrían en valor y serían visitadas por más personas.

Como dijo Rosa María Subirana, directora del programa de artes plásticas de la Expo, “Nuestra intención fue integrar estas actuaciones artísticas a los espacios de máxima circulación”. Después de 20 años es hora de recuperarlas, aunque parece que uno de los pocos que sobrevivirá el paso de los años será aquel cactus de 1.500 años, traído desde Méjico y que todavía aguanta en la Isla de la Cartuja, símbolo del Descubrimiento.

Sólo espero que ninguna de estas magníficas obras de arte público terminen en ‘The Gallery of Lost Art’ de la Tate.

Ignacio Araújo


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