Ribera, el caravaggista atípico

El Museo del Prado muestra medio centenar de sus dibujos

Madrid,
José de Ribera. Cabeza de hombre con balaclava sobre sus ojos. José de Ribera. Finales 1630. Berlín, Staatliche Museen zu Berlin, Kupferstichkabinett
José de Ribera. Cabeza de hombre con balaclava sobre sus ojos. José de Ribera. Finales 1630. Berlín, Staatliche Museen zu Berlin, Kupferstichkabinett

En colaboración con la Fundación Focus y el Meadows Museum de Dallas (donde esta muestra viajará después), el Museo del Prado presenta, desde el 22 de noviembre, la muestra “Ribera. Maestro del dibujo”, que acoge medio centenar de obras representativas de esta faceta de la producción del pintor y que coincide además con la publicación del catálogo razonado de “disegnos” de Il Spagnoletto, cuya elaboración ha dirigido Gabriele Finaldi, comisario también de este proyecto. El catálogo recoge 157 originales, un volumen excepcional de dibujos al tratarse de un artista que, ya en su época, fue reconocido abiertamente como caravaggista, dado que ellos, los seguidores de Caravaggio, apenas dibujaban y se jactaban de pintar directamente del natural.

Miguel Zugaza ha explicado que estas obras hacen de Ribera el gran dibujante español anterior a Goya, por su variedad temática y su perfección técnica. Pese a que, y este aspecto también es llamativo, pocos dibujos del artista de Játiva están relacionados con sus pinturas, una decena de ellas se han incorporado a la muestra del Prado como contrapunto, para subrayar el carácter claramente pictórico de los dibujos y para que los espectadores podamos “entrar y salir” con fluidez entre una y otra vertiente de su obra.

Esta exhibición es la primera monográfica dedicada a los dibujos de Ribera desde 1992 y mucho ha evolucionado desde entonces nuestra consideración de este pintor: Miguel Falomir ha subrayado hoy que su importancia se ha ido acrecentando con los años y con los distintos estudios desarrollados sobre su obra (elaborados, entre otros, por Angulo, Sánchez, Milicua, Portus o el propio Finaldi) hasta ser valorado hoy, por muchos expertos, como el mejor pintor del Barroco italiano después de Caravaggio. El Prado cuenta con una de las colecciones de este artista mejor dotadas del mundo.

Cuando se elaboró la primera monográfica de Ribera solo se le atribuían seis dibujos y hoy el número se ha incrementado hasta los casi 160

Tanto “Ribera. Maestro del dibujo” como el catálogo de sus dibujos son fruto del trabajo de años. Finaldi ha recordado cómo cuando se elaboró la primera monográfica de Ribera solo se le atribuían seis dibujos y hoy el número se ha incrementado hasta los casi 160, una cifra muy elevado para la época y el contexto. Ese espectacular aumento se explica en parte por la dispersión de los originales en diversas colecciones privadas, ya desde el s XVII, pero también por la profundización en la obra de Ribera que los ya autentificados nos han ido permitiendo: los dibujos constituyen la vertiente más íntima de su trabajo, los frutos de sus pensamientos y reflexiones, su autocrítica, su búsqueda de distintas soluciones creativas. Ninguna de estas obras se hizo en España: Ribera abandonó nuestro país siendo muy joven y no volvió, aunque merecidamente lo consideremos una figura fundamental para la pintura española.

José de Ribera. Cabeza de guerrero. Primera mitad 1610s. Madrid, Museo Nacional del Prado
José de Ribera. Cabeza de guerrero. Primera mitad 1610s. Madrid, Museo Nacional del Prado

 

Entre los dibujos ahora expuestos en el Prado, encontraremos algunos de los menos conocidos, como los del Ribera joven, hallados varios recientemente. Son representativos de sus primeros años romanos, previos a su traslado a Nápoles (quizá pudisteis ver algunos en la muestra que el propio Prado los brindó en 2011).

En aquellos ejemplos tempranos, Ribera era ya un dibujante de carácter académico que manejaba la sanguina con seguridad y que cultivaba el dibujo como faceta integral de su producción artística, de ahí que no solo se preocupase por el trabajo de la línea: muchos de estos trabajos resultan muy pictóricos, y en algunos incluso introdujo aguadas (es el caso del San Pedro Penitente de la Fundación Custodia). En alguno de ellos (Eremita atado a un árbol) llegó a incluir firma y fecha, un gesto inusual que nos indica que daba importancia a la pieza y que la consideraba acabada.

De la muestra del Prado también forman parte algunas estampas, que Ribera diseñaba siendo consciente de la importancia de difundir su obra a través de ellas.

La mayoría de las piezas presentes en esta muestra son de pequeño tamaño, pero hay dos excepciones significativas, que destacan también por su belleza: Sansón y Dalila y David y Goliat, dibujos ambos muy acabados y pictóricos, quizá con la intención de transmitir al mecenas cómo serían las piezas acabadas, pues ambos temas los desarrollaría Ribera para Felipe IV, según los inventarios del antiguo Alcázar madrileño.

José de Ribera. Sansón y Dalila. Mediados 1620. Córdoba, Museo de Bellas Artes de Córdoba
José de Ribera. Sansón y Dalila. Mediados 1620. Córdoba, Museo de Bellas Artes de Córdoba
José de Ribera. Hombre atado a una estaca. Primera mitad 1640. San Francisco, Fine Arts Museums of San Francisco. Achenbach Foundation for Graphic Arts
José de Ribera. Hombre atado a una estaca. Primera mitad 1640. San Francisco, Fine Arts Museums of San Francisco. Achenbach Foundation for Graphic Arts

 

Otro tema ampliamente cultivado por Ribera y representado en la exposición es el de los santos y los mártires, en el que tampoco abundan los dibujos concebidos estrictamente para preparar pinturas. En este tipo de obras, especulativas, introducía a veces el valenciano una latente violencia, sobre todo en las representaciones de castigos y torturas, común a sus obras de temática contemporánea.

Como cualquier pintor del s XVII, Ribera buscó la excelencia en el dibujo de escenas mitológicas y religiosas, entre ellas la de su interpretación del Laocoonte, con sus complejísimos escorzos, prueba de su brillantez técnica.

Abundan en sus dibujos los desnudos masculinos, no tanto los femeninos (podemos considerar a Ribera un pintor muy casto), aunque con una excepción: la de Ninfa desnuda con un cupido y un sátiro, donde desarrolló su detallismo, que hizo compatible con su lado caravaggista.

Muy concienzudo y trabajador, dio pruebas de su minuciosidad en Aquiles entre las hijas de Licomedes, en tinta y pluma (fijaos en la mesa octogonal).

Le fascinaba la vida urbana, y no necesariamente su lado luminoso: entre sus dibujos más trayentes figuran los de ajusticiados y prisioneros, plasmados en escenas inquisitoriales sin intención crítica (como pintor de corte, Ribera formaba parte de la clase dominante). Por su detallismo casi macabro, y en algún caso por la gran firma, podemos suponer que el artista los vio, que se trata de una suerte de testimonio (Yo estuve allí). Otros parecen nacer de la fantasía, y nos invitan a pensar que Ribera pudo desarrollar cierta curiosidad casi morbosa por el asunto de la violencia física.

La etapa de plenitud dibujística en Ribera se produjo a mediados de los treinta: la elegancia y sutileza de estas obras es tal que los trazos se hacen absolutamente ligeros y los resultados parecen abstractos. De esa etapa data Apolo y Marsias (1637), uno de los pocos dibujos vinculado claramente a una pintura.

Van a gustaros también sus dibujos de cabezas (ojos y manos). De ellas realizó Ribera unos veinticinco ejemplos durante toda su carrera, en técnicas diversas: pluma, sanguina, lápiz negro… En alguna ocasión, y puede verse en el Prado, incorporaba a esas cabezas originales tocados fantasiosos. Y a veces su imaginación no se quedaba en los tocados: ejecutó una suerte de caprichos entre lo humorístico y lo satírico en escenas muy complejas que parecen anticiparse a las goyescas.

José de Ribera.  Escena fantástica: caballero con hombrecillos subiendo por su cuerpo.  Finales 1620. Madrid, Museo Nacional del Prado
José de Ribera. Escena fantástica: caballero con hombrecillos subiendo por su cuerpo. Finales 1620. Madrid, Museo Nacional del Prado

 

“Ribera. Maestro del dibujo”

Museo Nacional del Prado

Paseo del Prado, s/n 28014 Madrid

Del 22 de noviembre de 2016 al 19 de febrero de 2017

 

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Una respuesta a “Ribera, el caravaggista atípico”

  1. CityGas

    AL DIBUJANTE RIBERA, NO LO CONOCÍA, ME PARECE EXTRAORDINARIA SU OBRA

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