Venecia y lo que nos importa de la pintura hoy

El Museo Thyssen revisa las bases del Cinquecento

Madrid,
Palma el Viejo (Jacopo Negretti). Retrato de una mujer joven llamada "La Bella", c. 1518-1520
Palma el Viejo (Jacopo Negretti). Retrato de una mujer joven llamada “La Bella”, c. 1518-1520

Uno de los puntos fuertes de la colección del Museo Thyssen-Bornemisza lo constituyen sus fondos de pintura veneciana, sobre todo del Cinquecento; aunque no sean demasiado extensos, sí son ricos en obras maestras: quizá las más recordadas el Paraíso de Tintoretto y el Joven caballero de Carpaccio.

A partir de esas pinturas y de ideas y conceptos básicos sobre la pintura veneciana de este periodo que permiten subrayar su influencia en el arte contemporáneo ha planteado Fernando Checa la muestra “El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura”, que forma parte del programa conmemorativo del 25º aniversario de la apertura del Thyssen. Esta es, además, la tercera exhibición que Checa comisaría en este centro tras las dedicadas a Tiziano y Rubens en 2002 y a Durero y Cranach en 2007.

De las 89 piezas que forman parte del proyecto – gestado durante cuatro años -, 66 son pinturas (el resto lo componen la escultura grupal de La Anunciación de Sansovino, restaurada recientemente por el equipo del Thyssen, y libros, textos e ilustraciones esenciales para entender la difusión de modelos). Quince de las obras pertenecen a la colección del museo madrileño y el resto han sido cedidas por la Galleria dell´ Accademia veneciana, el Prado, la Fondazione Accademia Carrara de Bérgamo, el Palazzo Pitti, el Louvre, la National Gallery londinense o el Kunsthistorisches vienés.

Los artistas más representados son Tiziano y Veronés; de hecho aunque la muestra no se estructure cronológicamente, del primero podemos ser testigos de su evolución, al estar presentes obras de sus distintas etapas.

Según ha explicado hoy Checa, supuso un desafío plantear una gran exhibición sobre pintura veneciana del s XVI habida cuenta de los exhaustivos fondos que en este ámbito poseen en la acera del frente (el Prado ha prestado una pieza), de ahí que haya optado por desarrollar un planteamiento que, sin contar con ninguna obra contemporánea, sí permita enlazar las revoluciones creativas del s XX con una pintura que valientemente rompió con el disegno que encorsetaba la pintura.

Veronés. Lucrecia, 1580-1583. Kunsthistorisches Museum, Viena
Veronés. Lucrecia, 1580-1583. Kunsthistorisches Museum, Viena

Para Guillermo Solana, frente al cierto complejo que los pintores venecianos padecieron ante la condescendencia con la que se dirigieron a ellos los ideólogos de la tradición florentino-romana, como Vasari, hoy sabemos que de Venecia salió todo lo que nos importa de la pintura hoy y que toda pintura moderna bebe de Venecia en sus procesos, en la improvisación y en la relevancia dada a la dinámica del color. De los pintores venecianos del momento dice Bernard Aikema que su colorido fue el más verdadero y el más vigoroso.

Para entender lo revolucionario de las técnicas de los pintores venecianos en el s XVI merece la pena leer a Vasari: al trabajar directamente sobre la tela sin una esmerada preparación previa, los pintores venecianos descuidaron gravemente el dibujo; su arte, pese a resultar agradable a la vista, no podía aspirar a nada más que a la mera imitación de la naturaleza. Sin embargo, el arte verdadero (toscano-romano) era capaz de corregir las “imperfecciones” de la naturaleza y de crear, gracias al dibujo, una maniera noble e ideal.

Para quien, al menos, sí tuvo buenas palabras el autor de Vidas fue para el último Tiziano, que trabajaba con grandes toques y manchas perfectos de lejos e invisibles de cerca: Esta manera de hacer es juiciosa, bella y estupenda, porque las pinturas parecen vivas y hechas con gran arte, ocultando las fatigas…

Es precisamente en las fases últimas de la carrera del propio Tiziano y también de Tintoretto, Bassano y Veronés donde podemos apreciar la magnitud de esa “destrucción de la pintura” a la que se refiere Checa, en forma de pinceladas más sueltas y abiertas. En su momento aquellas primeras “manchas” no solo cuestionaban el valor del disegno como germen de toda pintura valiosa, también la belleza entendida como idealización de la realidad. La expresividad que concedieron a figuras y paisajes anticiparía la cultivada en el Barroco.

Entre las pinturas más atractivas de la muestra figuran los retratos de joven de Giorgione, Lotti, Cariani y Bernardino Licino y los retratos femeninos del gran Palma el Viejo. Uno de ellos, llegado del Museo de Bellas Artes de Lyon, comparte pared en el Thyssen con otros dos seductores retratos cuyas modelos también miran de reojo: uno de Sebastiano del Piombo y otro atribuido, de nuevo, a Giovanni Cariani. Merecen capítulo aparte las diversas versiones que Tiziano efectuó de una turbadora Magdalena penitente (se han reunido aquí las tres mejores) y también las pinturas de gran formato y tema mitológico de Veronés.

La búsqueda veneciana de lo bello no solo se muestra aplicada en el Thyssen a los retratos de jóvenes y dioses, damas y ninfas, también a la naturaleza, a la ciudad de Venecia (abre la exhibición una vista de la misma de Jacopo de Barbari, datada hacia 1500) y a escenas religiosas que estos artistas no dejaron de cultivar.

El cierre lo pone, precisamente, otro Tiziano: un Cristo crucificado emblemático de la época tardía del pintor y, por eso, de su producción más diluida. Lo coleccionó Felipe II en El Escorial y es, seguramente, uno de sus trabajos menos conocidos para el público general.

Palma el Viejo. Dos ninfas en un paisaje, 1513-1514. Städel Museum, Frankfurt am Main
Palma el Viejo. Dos ninfas en un paisaje, 1513-1514. Städel Museum, Frankfurt am Main

 

 

“El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura”

MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA

Paseo del Prado, 8

28014 Madrid

Del 20 de junio al 24 de septiembre de 2017

 

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Una respuesta a “Venecia y lo que nos importa de la pintura hoy”

  1. Juan | series online gratis

    “El Renacimiento en Venecia” tiene un toque tan fino que hace parecer que las sombras y trazos que le dan ese brillo tan especial, sean una verdadera obra de arte. Estas obras de arte se exponen siempre en los mejores museos de Europa y marcan una verdadera marca del artista.

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