Olga y Picasso: la otra revolución de 1917

El Museo Picasso reinterpreta su papel en la obra del artista

Málaga,

El Museo Picasso malagueño inicia hoy su programa expositivo de este año: abre al público “Olga Picasso”, una muestra que examina la historia personal de Olga Khokhlova y que también ofrece una relectura de su papel en la carrera del artista y en la historia del arte del siglo XX. Llega a Málaga tras su paso por el Musée National Picasso de París y el Museo Pushkin ruso, viajará después a CaixaForum Madrid y cuenta con más de tres centenares de pinturas, obras sobre papel, fotografías, objetos, cartas y filmes que nos permitirán ahondar en la vida y el carácter de la que fuera bailarina de los Ballets Rusos en su etapa de mayor apogeo: los años diez, cuando se encontraban bajo la dirección de Diaghilev.

Émile Delétang Retrato de Olga Khokhlova con abanico sentada en un sillón en el taller de Montrouge , 1918. Musée national Picasso-Paris. Donación de Succession Picasso, 1992 © Galerie Leiris © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019
Émile Delétang. Retrato de Olga Khokhlova con abanico sentada en un sillón en el taller de Montrouge, 1918. Musée national Picasso-Paris. Donación de Succession Picasso, 1992 © Galerie Leiris © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

Sabemos que Kokhlova y Picasso se conocieron en 1917 en Roma, mientras el artista trabajaba en los decorados y el vestuario de Parade; se casarían algo más de un año después, el 12 de julio de 1918; tres más tarde tendrían al que fue su único hijo, Paulo y se separaron en 1935. Pero fue una separación solo física: en lo oficial, se mantuvieron casados hasta la muerte de ella en Cannes, en 1955.

Era mucho lo que los mantuvo unidos antes y después de aquella ruptura, pero el único bien personal que Olga conservó de su relación con Picasso fue un baúl de viaje (heredado por su hijo y ahora propiedad de la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte) en el que guardó cartas e imágenes que nos han permitido reconstruir parte de la historia personal y artística que mantuvieron en común, detalles sobre sus viajes, sobre los talleres de Picasso o sobre cómo incidió en su relación el clima de la Europa de entreguerras. En la misma maleta -que forma parte de la exposición del Museo Picasso, dada su importancia- se encontraron enseres personales de Khoklova: tutús, zapatillas, una biblia ortodoxa en ruso o un crucifijo.

Desde finales de los años diez y a principios de los veinte, la bailarina se convirtió en la modelo más representada por el artista, quien dejaba entonces el cubismo a un lado para iniciar su periodo clásico, más próximo, además, al gusto de Olga. Sus retratos, de aire nostálgico y belleza suave, muestran a la joven poco después de separarse definitivamente de su familia rusa, en 1915: no pudo volver a verla tras la revolución de 1917, la abdicación del zar y la guerra civil.

Pablo Picasso. Retrato de Olga en un sillón, 1918. Musée national Picasso-Paris. Dación Pablo Picasso, 1979 © RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris)/Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019
Pablo Picasso. Retrato de Olga en un sillón, 1918. Musée national Picasso-Paris. Dación Pablo Picasso, 1979 © RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris)/Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

Picasso trabajaba entonces bajo la influencia de Ingres y sus líneas suaves y elegantes; presentaba a su esposa normalmente sentada en un ambiente cotidiano, frecuentemente leyendo o escribiendo: sí mantenía correspondencia abundante con Rusia, pudo conservarla entre 1919 y 1933. En aquellos años convulsos para Olga creció tanto el reconocimiento a la figura de Picasso como la presencia social de la pareja y su riqueza; comenzaron a pasar temporadas en la Costa Azul recibiendo a numerosos amigos.

Pablo Picasso. Olga pensativa, 1923. Musée national Picasso-Paris © RMN-Grand Palais (Musée national PicassoParis)/Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019
Pablo Picasso. Olga pensativa, 1923. Musée national Picasso-Paris © RMN-Grand Palais (Musée national PicassoParis)/Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

Tras el nacimiento de Paulo, en febrero de 1921, aquellos retratos melancólicos se convirtieron en maternidades serenas, de una ternura inédita hasta entonces en la producción del pintor, ahora interesado por la armonía del arte antiguo y renacentista. Parece que el niño recibió todas las atenciones de su madre, afligida por las noticias que le llegaban de su país, y que fue también el orgullo de su padre, que le retrató en solitario y se interesó entonces, más profundamente, por las escenas circenses y de juegos como motivo. En la muestra del Museo Picasso varios filmes dan cuenta de retazos de la vida privada de la familia entonces, en su casa de La Boétie o de vacaciones en Dinard, Cannes, Juan-les-Pins o Boisgeloup. Olga era en aquel momento, aparentemente, una mujer alegre que disfrutaba sonriendo a la cámara.

Pablo Picasso. Paulo vestido de arlequín, 1924. Musée national Picasso-Paris. Dación Pablo Picasso, 1979. © RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris)/Adrien Didierjean © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019
Pablo Picasso. Paulo vestido de arlequín, 1924. Musée national Picasso-Paris. Dación Pablo Picasso, 1979. © RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris)/Adrien Didierjean © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019
Pablo Picasso. Paulo niño, 1922. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, Madrid © FABA Foto: Hugard & Vanoverschelde photography © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019
Pablo Picasso. Paulo niño, 1922. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, Madrid © FABA Foto: Hugard & Vanoverschelde photography © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

Todo comenzó a cambiar en 1924, en tiempos de surrealismo, renovado interés por el arte africano y también por las teorías psicoanalíticas de Freud. El matrimonio se deterioraba progresivamente y la figura de Olga, aún presente en los retratos, acusaba aquella transformación. Después llegarían Marie-Thérèse Walter y la separación; entonces, la metamorfosis de la bailarina fue ya absoluta: su anterior dulzura devino en violencia, en el doliente ser del Gran desnudo en sillón rojo (1929), mientras de Walter resaltaba su juventud y erotismo.

Los celos, el sufrimiento y la separación, que llegó, como decíamos, en 1935, el mismo año en que nació Maya, se trasladaron a escenas mitológicas en las que Picasso se autorrepresentaba como minotauro cuyo cuerpo híbrido simbolizaba la ambigüedad en sus relaciones con las mujeres. Fue también en los treinta cuando comenzaron a hacerse recurrentes en su obra las imágenes de corridas de toros y crucifixiones, trasposiciones de luchas y dolores.

Con el paso del tiempo, Olga fue diluyéndose en los retratos para dar paso a Marie-Thérèse Walter y luego a Dora Maar o Françoise Gilot, pero el matrimonio no dejó de serlo y ella continuó escribiendo cartas al que consideraba, aún, su marido. Los sentimientos también forman parte de esta exposición, por vías familiares: uno de sus comisarios es Bernard Ruiz-Picasso, nieto del pintor, hijo de Paulo y uno de los impulsores del museo malagueño. Ha contado cómo, en su infancia, un retrato picassiano de Olga presidía el salón de su casa y cómo su padre aún recordaba pasos de ballet que ella le enseñó, pero siempre rodeó a su abuela un halo misterioso: apenas se hablaba de ella.

Esta muestra prueba que es tiempo de hacerlo mucho más extensamente. En palabras de Marina Loshak, directora del Museo Pushkin, durante la presentación de este proyecto en Moscú, el que pasó con Kokhlova fue un periodo muy importante en la vida de Picasso. Extremadamente importante. Se podría llamar el tiempo de Olga.

Pablo Picasso. Figuras a orilla del mar, 1931. Musée national Picasso-Paris. Dación Pablo Picasso, 1979 © RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris)/Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019
Pablo Picasso. Figuras a orilla del mar, 1931. Musée national Picasso-Paris. Dación Pablo Picasso, 1979 © RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris)/Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

 

“Olga Picasso”

MUSEO PICASSO MÁLAGA. MPM

c/ san Agustín, 8

Málaga

Del 26 de febrero al 2 de junio de 2019

 

 

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