Proyectos espaciales, instalaciones, pinturas, dibujos, vídeos, grabados, textiles, animaciones y obras sonoras forman parte de la producción de Carlos Amorales desde los noventa. Figura casi fundacional del arte reciente mexicano, se formó en la Academia Gerrit Rietveld y la Rijksakademie de Ámsterdam y allí, en Holanda, adoptó el nombre por el que lo conocemos, como parte de una investigación sobre las posibles funciones del arte en la vida cotidiana. Prestó, además, su denominación y atributos (Amorales era una figura enmascarada inspirada en deportistas de lucha libre mexicanos) a otros artistas y también a luchadores, amigos o extraños, que participaron llamándose así y tapando su rostro en combates o en performances en instituciones artísticas de Europa (Tate, Centre Pompidou), Estados Unidos y México.
En 2004 dejaría Holanda para regresar a Ciudad de México, y allí estableció su propio estudio, al que llamó The Factory inspirándose en Andy Warhol y en el primer taller de animación que creó Walt Disney. Amorales y su equipo articularían en él un banco de imágenes digitales, llamado Liquid Archive, que contiene miles de siluetas monocromas en formato vectorial y que ha sido la base de la producción, muy diversa, de este autor en las últimas dos décadas. La mayoría de esas imágenes son de código abierto y en ellas apenas existen fronteras entre lo artístico y lo comercial: son susceptibles de utilizarse en los ámbitos de la moda, los videoclips, las portadas de discos o los tatuajes.
La fábrica de Amorales y lo que en ella brota es, en su conjunto, un guiño a la cultura pop, pero también el fruto consciente de nuestro sistema económico, en el que, en palabras del mexicano, la cadena de montaje globalizada se nos ha ido un poco de las manos.
El artista transita con inteligencia, y también sutileza, entre lo estético y lo sociopolítico: pone de relieve, de cara al espectador, multitud de asuntos, desde el papel del artista fuera y dentro del campo de la creación a la experiencia de quienes han de aclimatarse a culturas desconocidas, pasando por la infinita maleabilidad del lenguaje y el torrente de imágenes que inundan Internet.



Comparte trazas de estos rasgos de su trayectoria la instalación Nube negra, que Amorales exhibe ahora en la Fundación Casa de México en Madrid. Nació en 2007, tras visitar a su abuela cuando ésta se encontraba a punto de morir y después de leer la novela Austerlitz, de W.G. Sebald, que contiene referencias a la descripción por Darwin de una bandada de mariposas tan inmensa que casi impedía ver el cielo.
Desde entonces, hace casi veinte años, este trabajo ha viajado por todo el mundo: desde su estudio a Nueva York y más tarde a una escuela francesa, al Palazzo delle Esposizione de Roma o Tegucigalpa; pronto se verán en el interior de un faro noruego. Las dimensiones de esta plaga de polillas bellas se han adaptado a sus diferentes espacios expositivos -se han mostrado tanto en exteriores como en interiores -y, aunque a simple vista sea difícil de percibir, rara vez son iguales entre ellas: elaboradas con técnicas parecidas a las del origami, mediante dobleces, responden a treinta modelos distintos de figuras y a veces incorporan texturas.
Para Amorales, guardan una relación evidente con el género de la vanitas y la despedida de su abuela, y prueban la posibilidad de dibujar el espacio, pero allí donde se han mostrado se han adjudicado a estas mariposas sentidos muy diversos, vinculados a las migraciones, a la contaminación que las ensuciaría, a la mala suerte, a la muerte, a la fuerza de la masa, a las amenazas que oculta lo bello, a la ligereza. El artista ni adopta ninguna de esas lecturas ni reniega de ellas: es importante que los espectadores puedan interpretarlas libremente y ampliar sus significados, como ocurre con aquel Liquid Archive, una de sus mayores fuentes a la hora de elaborar dibujos, diapositivas, vídeos, collages, pinturas, esculturas o instalaciones.
Espeluznantes y necesariamente hermosas, casi escultóricas individualmente, estas cerca de 25.000 polillas tienen algo de emblema de lo ambiguo y logran un alto impacto visual desde procedimientos muy sencillos. Aunque nunca espontáneos: su disposición resulta muy natural, como la que tomaría una plaga cierta, pero deriva del trazado manual de líneas y su progresivo ensanchamiento.
Hablando de trazar, Amorales trabaja actualmente dibujando con ceras y experimentando con la inteligencia artificial, buscando los lazos entre La guerra de los mundos de Herbert George Wells y las relaciones internacionales basadas en postulados colonialistas.



Carlos Amorales. “Nube negra”
FUNDACIÓN CASA DE MÉXICO EN ESPAÑA
C/ Alberto Aguilera, 20
Madrid
Del 21 de mayo al 30 de septiembre de 2026
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