Juan Muñoz no es lo que parece

Elvira González muestra esculturas de su etapa de madurez

Madrid,

Regresó a la figura humana a mediados de los ochenta, cuando la escultura la había dejado a un lado, y a partir de obras que provocan una confrontación con los espacios y que se insertaban en diferentes esquemas narrativos nos invitó a cuestionarnos la existencia de miradas únicas e interpretaciones unidireccionales en nuestra contemplación del entorno. También propuso nuevos mecanismos de relación entre el espectador y la obra de arte, que esta vez lo interpela utilizando a veces los recursos teatrales del Barroco, apelando a lo teatral para desarmarnos: a menudo disponía grupos de figuras en actitud de interacción, componiendo escenas que podían crear espacios de índole psicológica al ser completadas por la mirada del público.

Juan Muñoz. Sin título, 2001
Juan Muñoz. Sin título, 2001

Cuando Juan Muñoz murió, en el año 2001, el artista se encontraba inmerso en una etapa creativa muy fecunda y preparando exposiciones importantes: trabajaba en su propuesta para la Sala de Turbinas de la Tate Modern y en la retrospectiva que itineraría por varios museos estadounidenses, desde Washington a Los Ángeles.

A ese periodo fecundo en la trayectoria de Juan Muñoz se dedica la muestra con la que abre el año la Galería Elvira González: hasta el próximo 30 de marzo podemos contemplar allí piezas realizadas en resina de poliéster y en bronce fechadas desde comienzos de la década de los noventa hasta los primeros años 2000.

Algunas son inéditas para el público español, como Two figures, one laughing at one hanging (2000) y otra datada un año después y compuesta también por dos figuras que se miran a un espejo, y todas enlazan la escultura clásica con la de vanguardia, por sus formas y por remitir a preocupaciones existenciales, como la incomunicación, la utilidad del lenguaje, la soledad o los problemas identitarios. Nada es lo que parece, decía.

Muñoz era radical en los contenidos y clásico en las formas: lo vemos, por ejemplo, en su querencia por los suelos de reminiscencias igualmente barrocas que ofrecen juegos ópticos que enmarcan laberínticamente a las figuras, personajes que parecían hallarse así en una encrucijada de caminos.

En su producción se rozan lo tangible y lo irreal y tienen, no solo cabida sino protagonismo, el ilusionismo y el misterio. El artista entendía que, como toda pieza teatral, la buena obra de arte es la que adquiere sentido en sí misma.

Formado en arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, y más tarde en grabado y escultura en el Reino Unido, tuvo Juan Muñoz como referentes fundamentales en su primera etapa a Richard Serra, a quien conoció en América, y a Naum Gabo, Pevsner, Henry Moore, Robert Smithson o Giorgio de Chirico.

Premio Nacional de Artes Plásticas en 2000, Muñoz es autor también de dibujos (algunos los podemos ver en Elvira González), piezas musicales y literarias.

 

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