En el mes de marzo del pasado 2025, el Museo Guggenheim Bilbao inició el ciclo de exposiciones In situ, por el que invita a artistas internacionales a crear proyectos nuevos y específicos para exhibirse en este centro, relacionándose con la arquitectura de Gehry. Tras Refik Anadol y Mark Leckey, el tercer autor en sumarse a esta iniciativa es el sudafricano Igshaan Adams, nacido en 1982 en Ciudad del Cabo y muy presente en muestras de instituciones estadounidenses y europeas desde hace cerca de siete años.
Bajo el comisariado de Lekha Hileman, y hasta el próximo noviembre, podemos visitar en Bilbao “Levantando el polvo: El archivo del cuerpo”, un proyecto que consta de piezas en técnicas diversas (escultura, instalación, arte textil) que tienen en común su gestación a partir de materiales sencillos o encontrados, como el alambre, los abalorios o las cuerdas, que evocan formas muy concretas de sensorialidad y también determinadas referencias culturales, memorias o vínculos simbólicos con la religión, la raza o la sexualidad.
Esta propuesta quiere ser a un tiempo íntima e inmersiva y sugiere la posibilidad de conceder una traslación material a conceptos que no lo son, como los recuerdos o la empatía hacia el otro, fundamentalmente a partir del tejer, un acto que históricamente se ha desarrollado tanto de forma individual como colectiva, en uno y otro caso con implicaciones muy concretas.


“Levantando el polvo” guarda relaciones con la biografía de Adams: el artista creció en Bonteheuwel, un barrio periférico de Ciudad del Cabo donde la segregación del apartheid había sido muy patente y eran frecuentes los reasentamientos forzosos. Pudo observar, este autor, cómo la ideología y ese sistema discriminatorio moldeaban tanto las vidas individuales como el urbanismo de ese área; por esa razón, a través de estos trabajos elaborados con elementos ligados estrechamente a su infancia y juventud, que generan desarrollos muy intrincados, ha querido reflejar cómo la memoria del racismo, y también de la homofobia, dejan poso largo en creencias, modos de vida y objetos creados.
Las obras más tempranas de Igshaan Adams estaban basadas en enseres desechados hallados por azar y en los suelos de linóleo estampado habituales de los interiores domésticos de Ciudad del Cabo: sus geometrías, familiares para los sudafricanos, las traduce el artista como abstracciones íntimas. Paulatinamente, su producción se ha ido expandiendo hacia las que él llama líneas de deseo: las trayectorias que marca el movimiento repetido y continuo de los cuerpos en el espacio, a veces en contra de las rutas habituales. Maneja en estas creaciones una noción del movimiento que va más allá de la del rastro que deja: entraña una negociación que es física y, también, colectiva con nuestro modo de relacionarnos con el entorno y de apropiarnos de él.
Más recientemente, Adams ha continuado estudiando el movimiento, pero ahora como proceso y como forma. Colaborando con el colectivo Garage Dance Ensemble en O’okiep, el lugar de origen de parte de su familia, ha ideado piezas nacidas de la convergencia del tejer y el danzar: ha invitado a un grupo de bailarines a desplazarse sobre linóleo pintado imprimiendo las que denomina huellas de danza; se trata de monotipos llenos de capas que registran los gestos del contacto de la piel y el material, el ritmo y la libertad de los participantes. Esos movimientos, para el artista, pueden llegar a ser sanadores de traumas, sobre todo si se dan colectivamente.
Los trabajos que han llegado al Guggenheim son fruto de performances que Adams ha dirigido en Atenas en esa misma senda: se sumaron a ellas bailarines africanos y griegos y las improntas de sus movimientos se han usado como plantillas que se han transferido a una nueva serie de tapices tejidos de gran formato que podemos contemplar en Bilbao, suspendidos para permitir que el público se mueva en torno a ellos.
Algunos cuelgan de soportes curvos, de modo que podamos apreciar sus dos lados; otros, sin embargo, están acompañados de formas más pequeñas, parecidas a nubes, como si fragmentos de color y movimiento se hubiesen desprendido y fluyeran libres.
Así, tanto en las obras como en el espectador, el movimiento se convierte a la vez en un registro de la experiencia y en un medio de transformación, trazando rutas a través de las que revisar o reparar las pasadas historias de división.



“in situ: Igshaan Adams. Levantando el polvo: El archivo del cuerpo”
Avenida Abandoibarra, 2
Bilbao
Del 5 de mayo al 1 de noviembre de 2026
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