El cuento de las comadrejas: cuando Norma no estaba sola

25/07/2019

El cuento de las comadrejas. Juan José CampanellaEl cine de Juan José Campanella (El hijo de la novia, El secreto de sus ojos) se espera con devoción y con la certeza de diálogos para recordar; en su última película, el sentimiento queda, a diferencia de en aquellas, algún peldaño por debajo del ingenio y sobre todo del verbo: los guiones obligan al espectador a permanecer más que atento para no dejar pasar constantes tiras y aflojas entre los personajes, sutiles crueldades camufladas con sonrisas tirantes.

El origen de El cuento de las comadrejas se encuentra en un filme argentino de mediados de los setenta (Los muchachos de antes no usaban arsénico, de José A. Martínez Suárez), pero cuenta también con referencias evidentes al cine dedicado a las viejas estrellas necesitadas de reconocimiento en su vejez. Quien padece el espíritu de Norma Desmond esta vez es Mara Ordaz (Graciela Borges), que vive aún en una vieja mansión alejada de Buenos Aires, acompañada, como el personaje de Billy Wilder, por quien más la ha querido (su marido, actor frustrado y artista, Luis Brandoni) y por los dos mejores amigos de este: un escritor cinematográfico igualmente en horas bajas y un cineasta retirado (Óscar Martínez y Marcos Mundstock). Los une, además de la vejez, la mordacidad y un conocimiento mutuo que les permite manejar el sarcasmo sin infligirse daños.

Tejen entre ellos rencillas alimentadas del pasado, pero viven en relativa paz hasta que, de forma aparentemente accidental, se cruza en su camino una joven pareja perdida en la carretera (Nicolás Francella y Clara Lago). Les regalan los oídos, necesitados de halagos, pero director y guionista son los primeros en calibrar sus intenciones: ganar la confianza de Mara Ordaz para hacerse cargo de la venta de su mansión vetusta y lucrarse con ella, obligándoles a ellos a residir en urbanizaciones para jubilados.

Se inicia entonces una guerra entre jóvenes que se creen muy listos y mayores que saben, por experiencia, que lo son; una guerra que empieza siendo verbal, termina convirtiéndose, además, en borgiana y está plagada de negritud, ironía y crítica a nuestros modos de (no) relacionarnos y (no) amarnos hoy.

Campanella construye con talento sus personajes (especialmente logrados y redondos son los ancianos) y nos ofrece un relato con tanta luminosidad como carga explosiva. Lo de menos es que se trate de un remake, lo de más es que El cuento de las comadrejas es una historia plagada de retorcimiento en su argumento pero transparente en sus intenciones.

El cuento de las comadrejas. Juan José Campanella

 

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