El caso Fritz Bauer o la perseverancia

28/04/2016

El caso Fritz BauerA veces seguramente se nos olvida, por ese afán clasificatorio que nos lleva a dividir la historia en etapas como cajones estancos, o al arte en una sucesión de movimientos autónomos, pero no hay cambios sin transiciones; y en el caso de la etapa a la que se refiere El caso Fritz Bauer, la de los años cincuenta y sesenta en Alemania, no podemos pensar que el régimen nazi previo a la guerra dejara de tener adeptos de un plumazo tras la II Guerra Mundial, veneradores de la locura que no cambiaron de ideas inmediatamente una vez instaurada la nueva democracia.

Ellos fueron solo uno de los “inconvenientes” a los que se enfrentó Fritz Bauer en aquellas décadas en su misión de detener y llevar a juicio a los responsables del Holocausto, entre ellos a Adolf Eichmann, quien fuera responsable del traslado de judíos a los campos de concentración. A la figura de este fiscal, y a todas las complicaciones que padeció a la hora de encontrar a Eichmann, se dedica la película de Lars Kraume que este viernes llega a cines, un thriller político y humano de sabor clásico en el que se subrayan las debilidades de los héroes, Bauer y su colaborador Phoenix –al que podemos entender como trasunto joven del protagonista-, debilidades convertidas a la larga en fortalezas. También se hacen patentes las fortalezas de los verdugos (en la práctica, en forma de protección por parte de quienes debían delatarlos).

Tan difícil se lo ponen a Fritz Bauer, amenazado y rodeado de intrigas, que finalmente tuvo que recurrir al Mosad israelí, cometiendo una ilegalidad y arriesgándose de ser acusado de traición, para lograr detener a Eichmann. Este miembro de las SS, por cierto, no llegó a ser juzgado en Alemania, como pretendía Bauer, sino ahorcado en Israel por crímenes contra la humanidad.

El otro gran enemigo del fiscal, junto a quienes arropaban a los criminales, es su propia soledad: era ateo pero de origen judío, y probablemente homosexual cuando las leyes aún discriminaban esta condición; rasgos que, unidos a su labor como “voz de la conciencia” de la sociedad alemana, a la que trataba de inculcar que la democracia era algo por lo que había que luchar cada día, le convertían en una figura incómoda, esas que formulan sensateces que cuesta escuchar y a las que siempre hay quien busca desacreditar, en su caso echando mano a sus circunstancias personales.

La película propone un debate interesante, de vigencia casi perenne: la conveniencia de depurar responsabilidades de uno de los peores horrores de la historia, o la de pasar página y no remover susceptibilidades en una parte de la población o generar conflictos nuevos. En el caso alemán de la posguerra, Fritz Bauer, que durante el conflicto se exilió en Suecia, luchó por la primera opción corriendo con las consecuencias.

Su figura está siendo recuperada en los últimos años como referente de coherencia y responsabilidad moral, y el retrato que la película de Kraume plantea del personaje, entre lo humano y lo épico, explora con elegancia muchos detalles de su personalidad y ofrece reflexiones éticas mientras nos mantiene en vilo con una trama que atrapa.

El caso Fritz Bauer

 

Comentarios