El rebobinador

Willy Ronis, gracias a Arlés

El final de la II Guerra Mundial dio lugar a una etapa de prensa abundante, entusiasta y demandada por lectores que en los anteriores cuatro o cinco años apenas habían podido hacerse con un periódico. Proliferan también revistas ilustradas con fotografías que escaparon a la censura y la propaganda; fue entonces cuando los trabajos de Doisneau, Cartier-Bresson, William Klein, Brassäi o el propio Willy Ronis llegaron a ser ampliamente conocidos por el gran público y aquella feliz etapa duró, más o menos, hasta 1950.

Aproximadamente coincidiendo con la nueva década, disminuye la demanda de imágenes para prensa y revistas a raíz, en parte, de la competencia de la televisión. Se realizaron entonces pocas exposiciones y decayó también la actividad editorial, tanto de libros como de diarios.

Willy Ronis. El pequeño parisino, 1952
Willy Ronis. El pequeño parisino, 1952

Como muchos de sus compañeros, Ronis cayó en un cierto olvido hasta la fundación, en 1979, de los Encuentros Internacionales de Fotografía de Arlés, que abrieron una edad dorada: aparecieron publicaciones especializadas como Zoom, Contrejour o Photo, nuevas galerías y también nuevas agencias, entre ellas Gamma, Viva, Sygma o Sipa.

En una de esas primeras reuniones en Arlés participa el elocuente Willy Ronis, que fascina a los jóvenes y que en 1979 recibe el Gran Premio Nacional de Fotografía; en 1980 fue invitado de honor de esos Encuentros y en 1981 publica su primer monográfico: Sur le fil du hasard.

Había nacido en 1910 en París; su padre era también fotógrafo, operador y retocador de negativos; y su padre trabajaba como profesora de piano (la música está muy presente en el conjunto de su obra). Aficionado al dibujo, el joven Ronis acudía a menudo al Louvre.

Cuando cumplió dieciséis, sus padres le regalaron una pequeña cámara Kodak con la que realizó sus primeras fotos por París. Siendo ya estudiante de filosofía,  descubrió en La Pléïade, una librería-galería del Barrio Latino, imágenes de Germaine Krull, Kértesz, Brassaï, Jean Moral, Florence Henri o Pierre Boucher. Parece que lo fascinaron, y que a raíz de contemplar esas imágenes tan modernas comenzó a rechazar los retratos convencionales de gusto pequeñoburgués que realizaba su padre.

Tras realizar el servicio militar, en 1932, precisamente su padre, enfermo, le pidió ayuda, y sin más remedio y en plena depresión, Willy Ronis se ve convertido, de mala gana eso sí, en fotógrafo de barrio, una labor que le aburre y de la que escapa realizando fotos callejeras por París o imágenes en la montaña, durante breves descansos. Precisamente aquellas fotos de paisajes nevados y pistas de esquí las adquiriría después la SNCF, la red de ferrocarriles francesa, y el Ministerio de Turismo.

De todos modos, su empleo como fotógrafo comercial tuvo algo bueno: posibilitó su encuentro con Chim Seymour, que acudió a su estudio para satinar sus fotos. A través de él entablaría contacto después con Robert Capa.

El padre de Willy Ronis muere en 1936, y el fotógrafo dijo de él que, pese al amor y el respeto que le guardaba, rechazaba “la estética fosilizada del estudio, por lo que decidí abandonarlo y embarcarme en la aventura (…) de la fotografía independiente”. Pudo hacerlo gracias a sus ahorros ganados con fotos turísticas, con encargos comerciales y con trabajos en torno a movimientos sociales que se publicaron en prensa de izquierdas como Ce Soir o Regards.

Interesado por las agitaciones del mundo laboral, este fue uno de los principales motivos de su producción, también tras la II Guerra Mundial.

Las fotografías de Willy Ronis nos invitan a descubrir las emociones de otros, aunque no nos resulten familiares

En 1937 compró una Rolleiflez y comenzó a dar cuerpo a su propio archivo a base de imágenes de la industria, paisajes y reportajes, huyendo de la especialización y siguiendo su curiosidad, que él mismo calificó como insaciable.

Willy Ronis. Chez Maxe, 1947
Willy Ronis. Chez Maxe, 1947

Tras el inicio de la II Guerra Mundial fue movilizado durante un año, y cuando al siguiente, en 1940, pudo regresar a París, sus orígenes judíos le obligaron a escapar a la zona no ocupada. En Niza se integró en el grupo de Jacques Prévert y trabajó como decorador en los estudios Victorine, como director de escena con Duhamel y como pintor de joyas con la mujer con la que se casaría en 1946.

Tras la liberación, volvió a París y la SNCF le encargó un reportaje sobre los prisioneros de guerra. Poco después, se incorporó a la agencia Rapho, para la que ya trabajaban Brassaï o Doisneau (la abandonó por divergencias morales en 1955), y en 1947 le proponen sumarse a su equipo Garban y Sougez, del Groupe des XV.

En fin, durante el periodo transcurrido entre mediados de los cuarenta y los sesenta, Willy Ronis pudo llevar a cabo algunas de sus fotografías artísticas y editoriales más destacadas, además de reportajes sociales y documentales, trabajos industriales y de fotografía aplicada.

Una de las grandes aficiones de Ronis fue siempre pasear por el barrio humilde parisino de Belleville-Ménimontant, al que dedicó una publicación muy admirada que se editó en 1954. Sus imágenes son bellas sin paliativos, la mayoría transmiten felicidad y luz, otras resultan melancólicas y oscuras. Probablemente a Ronis le pudiera la empatía con sus modelos, conocidos para él.

A Belleville-Ménimontant le siguieron experiencias desagradables con varios editores, así que Ronis no volvió a publicar sus fotos hasta 1981, año en que vio la luz Sur le fil de hasard, y a aquel libro le siguieron veinticinco más.

Premio Kodak en 1947, formó parte en 1953 de la exposición del MoMA “Four French Photographers”, y más tarde de la muestra “Family of man”. Logró las alabanzas de Steichen.

Los últimos compases de la década de los cincuenta no fueron fáciles para Ronis. Aunque colaboró durante un tiempo con Vogue y Le jardín des modes, pronto estas publicaciones prefirieron a artistas de nueva hornada como William Klein, Horvat o Jeanloup Sieff.

Willy Ronis. Pareja de enamorados en la Bastilla, 1957
Willy Ronis. Pareja de enamorados en la Bastilla, 1957

 

Aún realizó algunos reportajes en Londres, Praga, la República Democrática Alemana o Argel y participó en 1965 en una importante exposición en el Museo Nacional de Artes Decorativas, pero la falta de actividad salvo casos puntuales le condujo a una depresión. Pensó en abandonar el oficio, y por abandonar, dejó incluso París. En 1972 se trasladó a Gordes, en Vaucluse, un pequeño pueblo provenzal donde llevó a cabo, por encargo de editores de París, varios reportajes turísticos.

Dio clases en la Escuela de Bellas Artes de Aviñón, impartió cursos en facultades de Marsella y Aix-en-Provence y fue muy apreciado por sus alumnos. Y volviendo al inicio, gracias a los encuentros de Arlés, su fama se acrecienta hasta el punto de recibir, en 1979, el Gran premio Nacional de las Artes y las Letras a la fotografía del Gobierno francés. Se sentía querido, y volvió a París.

En 1983 donó sus archivos al Estado francés, aunque conservando el usufructo de su obra, y en agradecimiento, dos años después, se le brindó una antología en el Palais de Tokyo. Quienes la visitaron se deleitaron con imágenes que combinaban un riguroso estilo clásico con visión sencilla y comprensiva hacia las gentes y las cosas. Las fotografías de Willy Ronis nos invitan a descubrir las emociones de otros, aunque no nos resulten familiares, fundiendo en armonía fondo y forma.

 

Willy Ronis. Partida de petanca, 1947
Willy Ronis. Partida de petanca, 1947

 

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