El rebobinador

El paraíso en la ladera: así es Madinat-al-Zahra

Vista general de Madinat-al-ZahraLa ciudad de Madinat-al-Zahra, que desde el pasado 1 de julio es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue levantada en las proximidades de Córdoba, en 936, por el califa Abd-al-Rahman III, que buscaba acrecentar su prestigio personal tras haberse autoproclamado como tal en 929: hay que recordar que, en el mundo islámico, eran atributos del califa la creación de una nueva ciudad y la acuñación de moneda de oro. En esa voluntad propagandística, Abd-al-Rahman III se dirigía sobre todo a África: buscaba mostrar su paridad respecto al gran poder de los califas fatimíes sobre los bereberes.

A Madinat-al-Zahara trasladó su aparato administrativo, económico, militar y artesanal: hubo aquí ceca y talleres de telas, de marfil o cerámica que contaban con protección real.

Pero la nueva ciudad fue derruida cuando aún no estaba terminada: en 1010, debido a una guerra civil. De ella quedaron los restos que conocemos y los estudios sobre este lugar se apoyan en fuentes documentales escasas, a veces contradictorias y de difícil relación con los hallazgos arqueológicos.

El término Zahra se ha interpretado como brillante, aunque hay quien cree que puede ser el nombre de una venus. La leyenda dice que así se llamaba una concubina del califa fundador.

Y Madinat, ya sabéis, quiere decir ciudad: para la fundación de esta se necesitó una estructura inicial de caminos, puentes y acueductos; obras de las que poco se ha conservado. Lo que sí sabemos es que este fue un enclave riquísimo donde proliferaban las pilas de agua, el mármol, las piezas traídas de muchos lugares. Se sitúa en la ladera de una montaña, aprovechando su inclinación, y se dividió en tres terrazas horizontales que implicaban una articulación jerárquica en función de la altura: en la parte superior quedaban los edificios más importantes, como la vivienda del monarca, salones y espacios de representación; en la zona media se situaron jardines y en la baja quedó el espacio destinado al pueblo. Pueblo que llegó de Córdoba: Abd-al-Rahman III incentivó a sus habitantes a que se trasladaran allí. En esa terraza inferior se situaba el Gran Pórtico Oriental, formado por quince arcos: catorce escarzanos y el central de herradura. Comunicaría con una Plaza de armas, fue decorado con sencillez y sostuvo una terraza, no conservada, y sobre su arco axial, un pequeño templete para que el monarca pasara revista a la caballería, templete que tampoco nos ha llegado.

No fue Madinat-al-Zahra una ciudad muy grande, pero sí se rodeó de una muralla, con tres puertas principales, doble en la parte inferior y simple en la más alta. Entre sus construcciones  podemos destacar la Casa del Yafar. Para algunos, era la vivienda de Ya´far ibn Abd al-Rahmán, nombrado hayib o primer ministro en 961; para otros, la de un eunuco manumitido que vivía solo, junto al monarca. En ella, el lugar más importante era el mexuar, destinado a la recepción. Constaba de un patio grande y una sala con tres naves a la que se accedía a través de un pórtico con dos columnas y tres arcos.

La casa se organizaba en torno a ese patio, el espacio de desarrollo de la vida diaria.

Madinat-al-Zahra. Casa del Yafar
Madinat-al-Zahra. Casa del Yafar

El Palacio de Dar al Wuzzara (del visir), por su parte, tenía planta basilical, con cinco naves, siendo las dos extremas secundarias. Dan a un pórtico transversal, a medio camino entre la arquitectura interior cerrada y la arquitectura abierta al jardín semiprotegido. Este modelo no se repite en el arte islámico: obedece al esquema de basílica romana o de mezquita perpendicular.

Su patio es enorme y se decoró con mármoles brillantes pulidos, acordes a un salón de recepción de muchedumbres, según las fuentes. A este gran espacio se lo llamó azotea, entendiendo como tal un lugar llano y luminoso, como posible recuerdo del palacio de Salomón. A la zona de recepción se accedía desde una gran estructura de arco con alfiz respaldado por otros más pequeños. Es posible que encima del que fue arco central hubiera una pequeña tribuna desde la que el monarca presidiera algún acto.

El Salón Rico, donde el califa celebró sus grandes recepciones políticas, ha sido completamente reconstruido y se concebiría de forma unitaria junto al jardín aledaño. Presenta cinco naves: las extremas quizá tuvieran cúpulas y fueran lugares de honor y las tres centrales están comunicadas mediante columnas de mármol de dos colores, quedando muy ornamentadas, con motivos vegetales y geométricos, las paredes laterales. Esas naves comunican con el pórtico, probablemente ricamente decorado también. Hay que pensar en el sentido simbólico de la decoración vegetal: en el mundo islámico, la frondosidad es sinónimo de vida y riqueza y se asimila al paraíso, por lo que este Salón Rico quedaría así equiparado a una de las estancias del cielo.

En la parte central, estaría rematado con un muro recto con tres arcos ciegos, el del centro encuadrando el trono. Las fuentes lo llaman mihrab, haciendo un uso antiguo del término.

Los capiteles de las columnas (11 son originales) son del mismo tipo que los de la mezquita de Córdoba: corintizantes y compuestos, muy labrados y perfectamente terminados, por el uso abundante del trépano. Los arcos son enormes, de herradura muy cerrada, y muchas basas se conservaban in situ, así que han dado información sobre la localización de las columnas y sobre la datación del lugar.

El modelo de basa, por cierto, es muy romano, con dos toros y escocia, y se decoran con palmetas, formas acorazonadas, tallos dobles y anchos.

Madinat-al-Zahra. Salón Rico
Madinat-al-Zahra. Salón Rico

La Mezquita Aljama siguió el modelo de Al-Aqsa, con cinco naves perpendiculares, patio y un pequeño alminar. El monarca accedería a ella por una doble qibla tras recorrer un camino establecido y protegido, puede que incluso cubierto con una bóveda de cañón.

Dar al Mulk era su casa, situada en el punto más alto de Madinat-al-Zahra, en la cima de la primera terraza. Tuvo una enorme fachada, expresión de su poder, y contó con un salón principal rectangular con dos pequeñas alcobas en sus bordes. Lo antecedía un pórtico con esa misma distribución espacial, de nuevo con dos pequeñas zonas privadas en los bordes, que estaba abierto al jardín y precedido, a su vez, por dos altas torres.

Tras el salón, habría pequeñas unidades de vivienda en torno a dos patios; las estancias se comunicarían con puertas ornamentadas, siendo quizá esta la decoración más temprana de Madinat-al-Zahra. Se conservan muchos suelos, algunas losas de barro, mármoles e incrustaciones de gran riqueza con motivos de dos tipos: formas acorazonadas y palmetas, y rizos en espiral, derivados estos del corintio.

La Casa de la Alberca, por último, presenta un doble salón con pórtico afrontado en torno a un podio. Puede que los salones laterales tuvieran también sus propias alcobas en los bordes. En su jardín habría una división lineal de los parterres y una pila con escaleras de bajada de cierta profundidad; pudo emplearse para el baño o para la reserva de agua.

El arco rebajado del pórtico pertenece, obviamente, a la época califal del s. X: es estrecho, descentrado y lo rodea un alfiz ancho, doblado como una banda.

El modelo de esta construcción parece importado de Oriente: en el palacio jordano de Vjaydir, de etapa abbasí, datado a mediados del siglo VIII, encontramos un patio central con doble pabellón afrontado y un pórtico que se abre al jardín.

 

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